revista dharma




ÍNDICE

PRINCIPAL

Yoga para la vida y la muerte
Yoga para la realidad



Por Juan Ortíz

Lo primero que tenemos que resaltar al tratar estos temas es la dificultad de poder afrontarlos con claridad por el miedo que subyace en la mayor parte de los seres humanos. Esto sucede sobre todo en nuestra cultura occidental, cuando se plantea la cuestión y el rechazo que suscita, incluso con el simple hecho de pronunciar u oír la palabra muerte.

La muerte es uno de los grandes temas tabúes de nuestro tiempo y ocultamos esta realidad, que forma parte de la propia vida y existencia humana, en pos de una supuesta vivencia de la realidad, olvidando que no hay nada más real y evidente como que todos tenemos que pasar por este proceso de transformación.

En el fondo, el miedo a la muerte no es nada más y nada menos que el miedo a la propia vida: el desconocimiento de las leyes cíclicas que rigen la existencia y el devenir no sólo del ser humano, sino de la naturaleza y el cosmos en su totalidad.

De todas maneras, es necesario, en primer lugar, respetar ese tabú, ese miedo existencial y trabajar para que haya una toma de conciencia progresiva y real (no fantasiosa o imaginativa) sobre todos los niveles de la vida, incluyendo la experiencia de la muerte, pero comprendiéndola en su verdadera dimensión transformadora en el proceso evolutivo y no como el final y la aniquilación de la propia vida. Ya Einstein lo afirmó claramente: “La energía ni se crea ni se destruye, únicamente se trasforma”.

En la eternidad del tiempo y la infinidad del espacio no hay límites; la propia conciencia es ilimitada. ¿Cómo pues podemos pensar que algo es finito en la realidad espacio-temporal? Cambian las formas, pero la esencia que subyace en el fondo de toda manifestación siempre permanece. Y esto es cierto, lo miremos bajo el prisma científico o bajo una mirada mística o espiritual.

Ahora bien, no me atrevo yo a decir exactamente que es lo que ocurre después de la muerte; no soy seguidor de ninguna doctrina o dogma sobre la muerte. Reencarna-ción, trasmigración de las almas, resurrección… son algunas de las teorías que la humanidad ha ofrecido en las diversas culturas, religiones o filosofías intentando explicar el fenómeno y todas ellas son igualmente respetables y, posiblemente, tengan algo de razón. Lo que si está claro es que el ser humano siempre ha intuido en lo más profundo de sí esa eternidad y libertad.

A veces, cuando doy alguna charla o taller, alguien me pregunta si creo en la reencarnación; mi respuesta es que yo creo en la continuidad de la vida, más que creer, sé que la vida es continua, que el Ser no puede ser destruido, ni tocado, ni eliminado nunca; que el vuelo continua incesantemente en pos de las más altas realizaciones y logros que podamos imaginar.



Todo miedo es debido al desconocimiento y la ignorancia y desparece con la sabiduría y la vivencia, no intelectual, sino integral y profunda.

Va siendo el momento de hablar claramente sobre el tema, de adquirir conciencia de la polaridad vida-muerte que es parte de una misma unidad vital, de realizar en sí mismo esa conciencia luminosa y colaborar para que los enfermos terminales, las personas que están pasando ese trance hacia la muerte y los familiares y seres queridos, puedan afrontar con una actitud distinta esa experiencia y podamos lograr como decía el Buda que todo ser viviente que experimente sufrimiento pueda superarlo y alcanzar mayor serenidad, paz y felicidad.

El sistema ‘yoga’ tienen mucho que aportar al respecto entendiendo ‘yoga’ como experiencia profunda de sí mismo y conocimiento de la vida en sus diversas manifestaciones y experiencias y en su propia unidad. La experiencia yóguica lleva al practicante a la conciencia de sí mismo y de la propia realidad existencial y a la realización de la verdad, no de una manera intelectual o teórica, sino vivencial. La experiencia yóguica nos lleva hacia ese contacto profundo con nuestra propia esencia, con el Ser, con la fuente inagotable, con Satchitta-nanda (el océano inagotable de existencia, bienaventuranza y felicidad), donde los pares de opuestos se diluyen, donde el mismo concepto de vida y muerte deja de tener significado y donde se produce la fusión con la verdad eterna y con la luz que hace desaparecer con su resplandor ilimitado todo miedo, angustia vital, ignorancia, oscuridad y la propia muerte que en sí misma no tiene realidad ontológica.

Yoga para la vida y para la muerte, para la transmutación, para el cambio, para la sabiduría, para comprender el sentido de todo lo que acaece en la experiencia del ser humano.

Prácticas de yoga para la vida

1. Encender una vela y colocarla encima de una mesa o soporte. Adoptar una postura de meditación sentados con las piernas cruzadas. El tronco y la columna vertebral erguidos al igual que la cabeza, aunque la barbilla baja un poco en actitud de recogimiento. Los ojos cerrados o semicerrados. Las manos pueden adoptar cualquier gesto que facilite el proceso meditativo. Aunque no es imprescindible, si puede ser de gran ayuda utilizar algún cojín para sentarse encima, especialmente si no se tiene suficiente práctica en meditación. Es muy importante que la columna vertebral permanezca en posición vertical evitando en lo posible la tendencia que tiene a curvarse y a decaer en su posición. Para ello es esencial la atención consciente sobre la postura corporal, los procesos fisiológicos y la experiencia meditativa. Puedes realizar algunos movimientos al principio para construir correctamente la asana meditativa, pero, una vez en la postura adecuada, es muy recomendable quedarse en total quietud física, lo cual facilita la quietud psíquica.

2. Utiliza unos minutos para relajar todo tu cuerpo físico, tus emociones, sentimientos y mente. Toma conciencia de este momento presente y del espacio interior. Toma la firme decisión de mantener la atención en tu centro. Total concentración.

3. Medita y experimenta el instinto de vida y muerte en tu respiración: Lo primero que hicimos cuando salimos del vientre de nuestra madre y se cortó el cordón umbilical no fue llorar como a veces se comenta coloquialmente (de hecho llorar no es obligatorio); lo primero que hiciste fue ¡respirar!; y dentro de la respiración lo primero al nacer fue una inhalación que introdujo en nuestro interior el prana (la energía vital) necesario para nuestra vida.

Lo último que haremos cuando nos vayamos y dejemos esta vida será exhalar, devolver al exterior de donde procede ese prana que ya no necesitamos, una vez cumplida la experiencia en esta vida. Recuerda que una de las maneras de referirse al proceso de la muerte es afirmando que tal persona ha expirado.

Entre esa primera inhalación al nacer y esa última exhalación al morir, nos pasamos nuestra vida respirando continuamente y renovando ese aliento vital sin el cual no sería posible vivir.

Medita y toma conciencia también de lo siguiente: cada vez que inhalas te estás llenando de prana: Experimenta cada inhalación como vida; cada vez que exhalas estás devolviendo algo de ti al exterior y experimentas cada exhalación como muerte.

Las dos: inhalación y exhalación, vida y muerte, constituyen la polaridad imprescindible para que se produzca la tensión necesaria y el juego de los dos polos que hacen posible el ritmo de la propia existencia vital.

Y por último medita en lo siguiente: Ese prana es inagotable. ¿De verdad crees que cuando fallecemos y lo devolvemos al espacio exterior desaparece? Nada desaparece; esa energía es parte de una realidad más amplia de la cual formamos parte y continúa su propio proceso evolutivo en el transcurrir del devenir cósmico.

4. Medita ahora en la siguiente frase de Herman Hesse: "He muerto mil veces y he vuelto a nacer otras mil veces en esta vida".

Date cuenta de cuantas experiencias has vivido que te han producido enfermedad, dolor, depresión, sensación de pérdida. ¿Verdad que en esos momentos has experimentado una especie de muerte?

Y en los momentos de superación, de dicha, alegría y felicidad. ¿No has tenido la sensación de renacer, de vida?

Incluso en los aspectos fisiológicos esto es real: en cada momento hay células de tu cuerpo que están muriendo y otras que están naciendo. De manera que tu cuerpo de ahora no es el mismo que tu cuerpo de hace unos años: se ha transformado totalmente.



Medita de esta manera: la vida y la muerte forman parte de nuestra realidad siempre.

5. Durante un instante identifica tu miedo a la muerte o nuestra ignorancia ante estos temas. Y hazte preguntas claramente como: ¿Quién soy yo? ¿Qué parte de mí tiene miedo? ¿Qué parte de mí no tiene temor alguno? Descubre tu propio ego como inductor de corazas, temores de todo tipo, falsas apariencias, autoengaño, limitaciones existenciales. Es el ego el que teme y el que nos impone falsas creencias.

Pero descubre también que más allá del ego, en lo más profundo de ti existe algo que es verdaderamente puro y luminoso, que no tiene miedos o corazas de ningún tipo, que es invulnerable e indestructible, que se sumerge en la eternidad y que nunca comenzó y nunca terminará. Le puedes llamar de distintas maneras: Ser, Esencia Vital, Naturaleza, Básica, Dios, Fuente Interior, Mente Universal, Purusha, Gran Logos Universal, Tao...

No importa el nombre pero es una certeza que más allá de las limitaciones del tiempo y el espacio, existe el Ser, aquello esencial que siempre ha sido y siempre será más allá de la dualidad, transcendiendo la dualidad vida-muerte.

6. No racionalices, no intelectualices demasiado, quédate en silencio y experimenta aquello que verdaderamente eres, tu verdadero Ser. Está en todo el universo, también dentro de ti cómo parte que eres de ese universo. Conecta y experimenta tu ser y despierta esa luz interior en tu conciencia. Experimenta una plenitud y dicha sin límites, en verdadera y real paz. Permanece el tiempo que desees en este estadio profundo de meditación.

7. Siente lo siguiente: hablamos de luz y oscuridad, pero en realidad tan sólo existe la luz, pues la oscuridad no es nada más que ausencia de luz; en realidad no existe la muerte en sí misma sino como parte de un proceso que la trasciende que es la vida. Siente claramente que pase lo que pase no pasa nada y confía plenamente en el devenir de los procesos cósmicos y de la naturaleza. Y además tienes que decirte a ti: ¡No estoy solo! ¡Nunca lo he estado y nunca lo estaré!

Experimenta la eternidad y la infinitud dentro de ti y ¡sonríe!

8. No tengas prisa en terminar la meditación: respira varias veces honda, suave y profundamente por las fosas nasales; poco a poco ve deshaciendo la postura y estirando las piernas masajeándolas y moviéndolas para que vuelva la circulación a ellas. Así vamos saliendo de esta meditación; pero recuerda que la meditación que no puede tener continuidad en nuestra realidad diaria no tiene mucho valor. Lo más importante es que el estado y la conciencia conseguida permanezca en nuestro interior en todo instante y transforme nuestra realidad. Yoga para la vida y la realidad.

Om shanti. Paz para todos.

Nota: el tiempo de la meditación puedes adaptarlo según te parezca, pero te recomiendo que no sea menos de 15 o 20 minutos.

Para más info:
www.yogadhyana.com




SUBIR






BUDISMO · ECOLOGÍA · VIDA SANA · SOLIDARIDAD · CULTURA