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Urgyen Sangharakshita, fundador de Amigos de la Orden Budista Occidental (AOBO), vivió 20 años en la India, donde fue ordenado y estudió con un gran número de maestros budistas. Desde entonces ha escrito e impartido conferencias en Occidente y Oriente. Basándose en su propia experiencia espiritual y en la erudición moderna, ha intentado resaltar y enfatizar las enseñanzas centrales que subyacen y unifican la tradición budista. En la AOBO ha intentado clarificar los puntos esenciales y proponer modos de práctica llenos de vivacidad espiritual y relevancia para el siglo 21.
(Foto Dharma).


ÍNDICE

PRINCIPAL

BUDISMO
La mente creativa

Sangharakshita

El punto de partida del budismo, la tradición derivada de la vida y la enseñanza de Gautama el Buda, es la mente. Para ilustrar esto podemos aportar unas citas de las dos escuelas que algunos consideran antitéticas dentro del budismo, la theravada y el zen:

“Los estados mentales torpes están precedidos por la mente, dirigidos por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla o actúa con una mente impura, el sufrimiento le persigue… Los estados mentales hábiles son precedidos por la mente, dirigidos por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla o actúa con una mente pura, la felicidad le sigue como su propia sombra”.

El texto zen, perteneciente a un maestro chino de la dinastía T’ang (618-906 de nuestra era) dice:

“(Nuestra transmisión es) una transmisión especial más allá de las escrituras, que no depende de palabras o letras, que señala directamente hacia la mente, y ve dentro de la naturaleza de uno mismo comprendiendo la budeidad”.

Con estas dos representativas citas se hace evidente que el punto de partida del budismo no es nada que esté fuera de nosotros mismos. En el lenguaje del pensamiento occidental, diríamos que no es algo objetivo, sino subjetivo. Repito: el punto de partida es la mente.

Para empezar, la mente tiene dos aspectos. Por un lado está la mente absoluta; y por otro, la mente relativa. Con el término “mente absoluta” nos referimos a lo que solemos llamar el despertar a la realidad o iluminación, el principal objetivo del budismo. La mente absoluta es, pues, la consecución de esa conciencia trascendental bajo cuyo flujo se disuelve la dualidad mental. El término “mente relativa” hace referencia a la conciencia individual, a la mente que funciona dentro de la polaridad sujeto-objeto.

Esta mente o conciencia relativa funciona también de una manera doble: reactiva y creativa. Aunque estas no son expresiones budistas tradicionales, parecen expresar muy bien el significado de la enseñanza del Buda. La diferenciación que representan es de importancia fundamental no sólo en el “sistema” del budismo sino en la vida espiritual en general, y hasta en el esquema total de la evolución humana. La transición de “reactiva” a “creativa” marca el principio de la vida espiritual. Es la conversión en el verdadero sentido de la palabra.

Ahora bien: no debemos imaginar que existen literalmente dos mentes relativas, una reactiva y la otra creativa. Mejor debemos entender que existen dos maneras en que la mente relativa, o la conciencia individual, es capaz de funcionar: de forma reactiva y creativamente. Pero sólo existe una mente relativa.


La mente reactiva representa nuestra mente ordinaria, cotidiana, la mente que la mayoría de personas utiliza más a menudo. O mejor dicho, es la mente que los usa a ellos. En casos extremos, la mente reactiva funciona todo el tiempo, postergando a la mente creativa. Las personas de este tipo nacen, viven y mueren siendo animales; aunque poseen forma humana no son seres humanos. Pasemos de definiciones abstractas hacia su naturaleza examinando algunas de sus verdaderas características.
En primer lugar, la mente reactiva es una mente que re-acciona. No actúa. En lugar de actuar espontáneamente, desde su propia plenitud y abundancia, requiere un estímulo externo para ponerse en acción. Este estímulo suele llegar desde los cinco sentidos. Paseando por la calle vemos un anuncio. Sus colores chillones y letras llamativas nos atrapan. Cuando hacemos lo que ese anuncio nos demanda, cuando nos quedamos con una disposición inconsciente de hacer lo que nos dice, no estamos actuando, sino que hemos sido activados. Hemos re-accionado.

La mente reactiva es, entonces, la mente condicionada. Está condicionada por el objeto (por ejemplo, el anuncio) en el sentido de ser no simplemente dependiente de él, sino determinada por él. La mente reactiva no es libre. Es puramente mecánica.

De esta manera, nuestras ideas casi nunca son nuestras. Muchas veces nos han entrado a través de fuentes externas, de libros, periódicos y conversaciones, y las hemos aceptado, o las hemos recibido, de manera pasiva y sin reflexión. El pensamiento verdaderamente original es extremadamente raro. Aunque “original” no quiere decir necesariamente “diferente”, sino lo que uno crea desde sus propios recursos internos, coincida esto o no con algo creado previamente por otras personas. Es cierto que algunos intentan ser diferentes. Esto también puede ser una forma sutil del condicionamiento, porque al intentar ser diferentes esas personas siguen siendo determinadas por un objeto, en este caso del que (o de lo que) están intentando ser distintos. Siguen re-accionando, en lugar de actuar.

Además de ser condicionada y mecánica, la mente reactiva es repetitiva. Reacciona ante los mismos estímulos de la misma manera, y como una máquina sigue repitiendo la misma operación sin parar. A esta característica de la mente reactiva se debe el hecho de que la vida “humana” se convierta en un hábito fijo o asentado, en un mundo de rutina. Cuando nos hacemos mayores, especialmente, desarrollamos una resistencia pasiva al cambio, y preferimos profundizar los antiguos surcos en lugar de buscar una nueva trayectoria. Hasta nuestra vida religiosa, si no tenemos cuidado, se puede convertir en parte del patrón, parte de la maquinaria de la existencia.

Más que nada, quizás, la mente reactiva es la mente inconsciente. Todo lo que hace lo hace sin tener verdadero conocimiento de lo que está haciendo. Hablando en metáfora, la mente reactiva está durmiendo. Los que son dominados por la mente reactiva duermen mientras transcurre su vida; dormidos comen, beben, hablan, trabajan, juegan, votan, hacen el amor; dormidos hasta leen libros y artículos sobre el budismo e intentan meditar. Cuando nos damos cuenta de nuestra inconsciencia, es entonces cuando comienza nuestra vida espiritual. Es entonces cuando llegamos al segundo tipo de mente relativa, la mente creativa.

Las características de la mente creativa son las opuestas a las de la mente reactiva. La mente creativa no re-acciona. No depende de, o se determina por, los estímulos que la asaltan. Al contrario, es activa por sí misma, funcionando espontáneamente, desde las profundidades de su propia naturaleza intrínseca. Hasta cuando se activa estimulada por algo fuera de sí, rápidamente transciende el punto de partida original y comienza a operar independientemente. Se puede aseverar que la mente creativa responde, en lugar de reaccionar. Por esto se puede decir también que mientras que la mente reactiva es esencialmente pesimista, la mente creativa es profunda y radicalmente optimista. Este optimismo no es el optimismo superficial de la calle, no es una mera reacción ante, o racionalización de, estímulos agradables. En virtud de su propia naturaleza tal reacción sería imposible. Al contrario, el optimismo de la mente creativa persiste ante estimulos desagradables, hasta ante condiciones desfavorables para el optimismo, o hasta cuando no existe ninguna razón para el optimismo. La mente creativa ama cuando no hay motivo para amar, está feliz cuando no hay razón para estar feliz, crea cuando no hay posibilidad de crear, y de esta manera “construye el paraíso en la desesperación del infierno”.

Por eso, podríamos decir que la creatividad consiste en construir algo nuevo, crear algo nuevo. Pero no es eso sólo, porque todo lo que es nuevo no es necesariamente creativo, aunque lo que es creativo es nuevo… digamos que la creatividad no sólo consiste en crear algo nuevo, o algo original. Obviamente la gente hoy día enfatiza mucho ser original, pero no se puede ser original simplemente pensando. Ese tipo de originalidad es falso, es una originalidad artificial. No es real. Sólo se puede ser original, sólo puedes producir algo original si eres original. Eso no quiere decir ser excéntrico, quiere decir de alguna manera ser tú mismo, quiere decir conocerte a ti mismo, saber quién y qué eres; tener o desarrollar perspicacia, visión, tener imaginación. Si puedes ser tú mismo de esa manera, serás creativo en el sentido de producir algo original, algo que comparte la naturaleza de la creatividad.

Pero más allá de los aspectos abstractos de la creatividad, quiero destacar los diferentes campos de la creatividad, sus manifestaciones, o los diversos modos en que podemos ser creativos y manifestarlo.

Primero, claro, tenemos lo más obvio, en las artes, la música, la poesía, la literatura en general, el cine y las artes visuales y plásticas, la pintura, la escultura… estas son, en sus mejores momentos, manifestaciones de creatividad. Son originales en el sentido de que son productos, expresiones, de la visión experimentada, genuina y original de la perspicacia de una persona.

Y luego, algo quizás menos obvio, el segundo campo de la creatividad es la meditación. Algunos pensarán que la meditación es pesada y difícil, pero en realidad la meditación es creatividad. Cuando meditamos estamos siendo creativos. Y os preguntaréis: ¿qué exactamente estoy creando al meditar? Bueno, estáis creando pensamientos de algún modo, estados mentales, eventos mentales. Claro, estados mentales hábiles, kusala, eventos mentales diestros. Los estáis creando directamente. Al principio quizás existía una mezcla de muchos pensamientos alborotados que pasaban por vuestra mente, o al menos pensamientos descontrolados, discursivos, sin concentración; pero cuando meditáis producís una sucesión de pensamientos, estados o eventos mentales útiles o sanos, kusala. Y cuanto más profundizáis en la meditación, ese flujo de eventos mentales positivos que producís se hace más continuo. Así que la meditación es, en este sentido, una actividad altamente creativa. Estáis creando, y ojalá sosteniendo existencialmente, algo positivo, algo servicial y sano, algo hábil. Con la experiencia podéis hacer esto sin interrupción, o al menos sólo con pausas intermitentes.

Cuando digo sin interrupción quiero decir que no lo haces sólo cuando estás sentado en tu cojín de meditación; idealmente lo haces concentrándote en lo que estás haciendo, que tu estado mental, tu secuencia de estados mentales, es hábil, no disparatada. Hagas lo que hagas, estás trayendo a la existencia estos eventos creativos. Por eso considero importante que pensemos en la meditación no sólo de la manera que solemos hacer, sino como una actividad creativa, una de las actividades más creativas que podemos emprender. Esto es meditación como creatividad, o creatividad como meditación.

También podríamos referirnos específicamente a algunas de las prácticas de meditación mahayana y vajrayana, en las cuales utilizamos nuestra imaginación y estamos siendo muy creativos. Por ejemplo, cuando visualizamos la Tierra Pura, o cuando visualizamos las figuras de Avalokitesvara o Manjughosa o Padmasambhava o Tara, etcétera. Esta es una manera más especializada de meditar creativamente, y esto obviamente tiene un alto valor espiritual y emocional para los que emprenden este particular tipo de práctica meditativa o sadhana.

Ahora entramos en la tercera área en la que la creatividad se manifiesta: en la amistad. Quizás no siempre pensamos, o no lo hacemos a menudo, en la amistad como algo creativo, pero cuando dos personas se conocen por primera vez, y cuando dos personas se hacen amigos, y especialmente cuando se convierten en amigos espirituales, ¿qué ocurre? Pues que ejercen influencia uno sobre el otro. Producen algo entre ellos. Producen entre ellos una relación, una experiencia, un estado mental que nosotros llamamos amistad, metta. La palabra occidental es algo floja. Hasta la palabra metta, hasta kalayana metta es quizás una expresión floja para describir la clase de experiencia que se crea entre dos personas que se juntan, y especialmente cuando la comunicación entre ellos es profunda y honrada, sincera e intensa. Mucho puede ocurrir dentro del contexto de la amistad, como todos sabéis. Mientras interactúas con tu amigo con sinceridad y honestidad, las asperezas van desapareciendo, las dificultades se desvanecen. Y, quizás lo más importante, aprendes a hacer por tu amigo lo que igual no harías ni por ti mismo. Y de esta manera la amistad se convierte en lo que yo he llamado una especie de trascendencia mutua del egoísmo. Shantideva habla mucho sobre este tipo de situación en su Bodhicaryavatara. Y, claro, cuando hay un buen número de personas en una relación de amistad mutua, se produce algo grandioso y precioso.

Recuerdo haber leído hace muchos años a Aristóteles –creo que fue en su Ética– que la amistad es algo que sólo es posible entre los virtuosos. Y por virtuosos no se refería a los bonachones. Aristóteles, como los demás griegos, no estaba interesado en este tipo de virtud. No debemos olvidar que la virtud significa algo parecido a la excelencia, y que cuando Aristóteles dijo que la verdadera amistad es posible sólo entre los virtuosos, se refería a que, para ser verdaderos amigos, dos personas necesitan tener algo, algún principio, algún ideal, en que basar esa amistad. En el contexto del budismo, en el contexto del dharma, kalyana mitrata se basa esencialmente en el hecho de que ambas partes implicadas viven y trabajan en el dharma, están comprometidas con el dharma, están dedicadas al dharma, y que esa es la base sobre la que se funda la amistad. De esta manera los amigos, especialmente los amigos espirituales, se están ayudando el uno al otro a profundizar en ese dharma común que ambos comparten. De esta forma surge lo que yo he llamado esa trascendencia mutua del yo, de la separación.

Así, la amistad se convierte en una manifestación de la creatividad. Algo nuevo se produce en el campo de las relaciones humanas. La amistad es algo único. Si tienes una verdadera amistad con alguien, obtienes de esa relación algo que no obtienes de la relación con tus padres o de la relación con tu jefe o la relación, pongamos, con tus hijos, o la relación con tu compañera sexual. Obtienes algo completamente distinto, algo absolutamente nuevo, algo único, que desafortunadamente hoy día muy poca gente en este mundo es capaz de experimentar.

Durante el transcurso de mi vida he tenido bastante suerte. Si se me preguntara y tuviera que ser objetivo y honesto no diría que soy del todo una persona religiosa. No una persona religiosa en el sentido convencional. No creo haber sido nunca una persona piadosa, de hecho no me gustaría ser descrito como una persona religiosa. Parece tener todo tipo de connotaciones equivocadas. ¿Cómo me describiría, reflexionando sobre mi vida? Pues creo que me describiría como una persona creativa. Me gustaría pensar que soy alguien cuya vida ha sido dominada por, o cuya vida ha sido una expresión de, la creatividad, aunque sea de modo relativamente pequeño, como cuando escribo poesía, algo con lo que disfruto mucho. Creo que he sido creativo de esa manera, sea cual sea el valor objetivo de esa particular creación mía.

También he tenido la suerte de entrar en contacto con muy buenos maestros espirituales, amigos espirituales. Y he tenido la oportunidad de practicar la meditación, he tenido experiencia meditativa incluyendo la experiencia de esas sadhanas que he mencionado. En este aspecto también mi vida ha sido una vida creativa, una expresión de la creatividad.

Puedo afirmar que la vida creativa es una vida feliz. Cuando estás siendo creativo, siempre eres feliz sin importar las dificultades. Si estás pintando un cuadro quizás experimentes todo tipo de dificultades técnicas, puedes verte tentado a resignarte, lo mismo que cuando escribes un poema, pero en el fondo estás muy feliz. La creatividad es una experiencia muy positiva. Cuando estás creando eres muy feliz, y también puedo decir que si alguien no está creando, no crea nada o crea de una manera muy limitada, es muy probable que no sea una persona muy feliz.

Y en ese punto pasamos de nuevo a la mente reactiva y la meditación. ¿De qué manera se manifiesta la fuerza anti-creativa? Cuando la meditación se convierte en un mero asunto de técnica. Cuando piensas que si obtienes la técnica adecuada y la practicas con regularidad, hasta con diligencia forzada, estarás seguro de obtener los resultados deseados. Uno puede desarrollar este tipo de actitud hacia cualquier tipo de práctica meditativa. Empiezas a verla como un fin en sí misma, como un tipo de solución mágica para tus problemas si logras seguir haciéndola aunque sea repetitiva y mecánicamente, aunque haya perdido cualquier sentido que pueda haber tenido originalmente. Es muy importante refrescar nuestra práctica meditativa de vez en cuando. Creo que esto es muy importante.

La meditación también puede ser prolífica. Dicen que un buen gesto merece un segundo gesto bueno, pero un buen pensamiento, un pensamiento hábil, produce otro. Así que cuanto más meditas en el sentido que he descrito, más te agradará meditar. Pero no sólo eso: la meditación es prolífica en otro sentido, porque si meditas, si eres creativo de esa manera, eres capaz de enseñar a otros a meditar. Y otras personas pueden aprender a través de ti. Cuando comencé con AOBO (Amigos de la Orden Budista Occidental) estaba enseñando la concentración en la respiración y estaba enseñando metta bhavana. Desde entonces, ya que no estaba meditando a solas, sino que estaba enseñando a otros, cientos, miles de personas han aprendido a meditar, han tenido esa experiencia. Y no sólo dentro de la AOBO: donde sea que la meditación se enseña, existe esa creación y recreación de un estado mental muy positivo. Recuerdo que en los años sesenta teníamos algo llamado Meditación Transcendental. Algunos lo habréis experimentado. Bueno, no creo que hubiese nada de transcendental en ello, pero lo que era muy positivo es que en esos tiempos, y también después, se popularizó la práctica de la meditación. Y eso se lo podemos agradecer al viejo Maharishi Mahesh Yogi.

Para acabar, como he indicado, la mente creativa es, más que nada, la mente consciente. Siendo consciencia, o mejor dicho, siendo la misma Consciencia, la mente creativa también está intensa y radiantemente viva. La persona creativa, en la que se manifiesta la mente creativa, no sólo es más consciente que la persona reactiva, sino que posee mucha más vitalidad. Esta vitalidad no es simplemente un alto espíritu animalístico o exuberancia emocional, y aún menos simple energía intelectual o la urgencia compulsiva de la voluntad egoísta. Uno podría decir que es el mismo Espíritu de la Vida surgiendo como una fuente de las profundidades infinitas de la existencia, y vivificando, a través de la persona creativa, a todo y todos con los que se pone en contacto.


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