

Estamos en una de las catedrales del arte contemporáneo. Antoni Tàpies y su esposa Teresa nos reciben en su casa de Barcelona, donde viven desde hace más de cuarenta años. Aunque el grueso del trabajo lo realiza en su estudio del Monseny durante el verano, Tàpies prosigue su tarea artística en la ciudad el resto del año. Varias decenas de cuadros y obras objetuales, muchos aún en proceso de elaboración, adornan el estudio del artista. Somos conscientes de que tenemos el privilegio de asistir al espectëculo de "los inéditos" de Antoni Tàpies.

¿Es Tápies budista? En primer lugar, me siento muy honrado de que ustedes
que son especialistas me hayan llamado para hacer una entrevista. No tengo
la etiqueta de budista, pero comparto muchísimas de las visiones del mundo
de los budistas. Y si hoy día tuviera que afiliarme forzosamente a una sabiduría
o religión escogería el budismo zen. O sea que mi simpatía es sincera. Yo
nunca he practicado meditación, aunque muchas veces mientras pinto estoy realmente
abstraído, absorto en mi trabajo y en lo que siento ante el proceso creativo.

¿Qué representa para usted el ego? Esto deberíamos ligarlo con la idea de identidad, o así lo ve el budismo. El budismo explica que la identidad no es permanente ni una cosa absoluta, la identidad es cambiante. No hay una entidad que sea perpetua. Entonces yo me siento libre y cambiante, no sé si hay un Antoni Tàpies. En última instancia es algo en lo que no he reflexionado mucho, no suelo pensar en mí mismo. Yo pienso en mis cuadros, y deseo de todo corazón que vea mi obra cuanta más gente para poder dejar algo útil.

Ponga en palabras su comprensión del término vacuidad, un importante concepto budista. Tengo un texto donde hago una referencia a la vacuidad, que viene recogido en el volumen "El valor del arte". Es el que lleva por título "Velázquez o la agitación del vacío" y es una reflexión sobre "Las Meninas". Lo hice pensando en las faldas que aparecen en el cuadro, que visto de lejos ves unas sedas y unas cosas muy decorativas, pero si te acercas es que no hay nada ahí, hay pinceladitas así sueltas. Y uno se pregunta maravillado: ¡pero cómo es que este mundo se organiza de esta manera que después se transforma en una falda de una menina! Pero no sé si entiendo el vacío, recuerde usted que yo dudo siempre de todo, no se fíe de mis palabras.
