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Entrevista:
Los Roerich y el budismo



Por Iñigo Sarriugarte, profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco.

Leonardo Olazábal, fundador del Centro de Meditación “Darjeeling” (1978), director del Museo Bandera de la Paz Nicolas Roerich (2002), presidente Asociación ADA Roerich y profesor de Raja-Agni Yoga.



¿Quién fue Nicolas Roerich?

Nicolas Roerich (1874-1947) fue pintor explorador, arqueólogo, hombre de artes y letras, y humanista, fue junto a su mujer Helena, una de las personalidades más brillantes de su época. Ellos estaban convencidos de que el progreso de la humanidad sería posible a través del entendimiento y de las responsabilidades compartidas. Dedicaron buena parte de su vida a la promoción del ideal de la paz entre los pueblos y a la defensa del patrimonio cultural de la Humanidad. Se puede decir que Nicolas y Helena eran budistas, en cuanto a que eran unos fervientes seguidores del Buda Maitreya. En “Fundamentos del Budismo”, escrito por Helena, dice: “La Enseñanza del Buda debe ser verificada y debería ser ampliamente difundida. Se puede decir que fue el primer intérprete-científico de la Comunidad. Existen diferentes niveles, pero en un futuro aún lejano, no existirá más que una Fraternidad, la Comunidad Universal”.



¿Qué era lo que más atraía del budismo a Helena Roerich?

Helena Roerich (1879-1955) permanecía siempre en un discreto segundo plano, tras su marido Nicolas. Dotada de una gran sensibilidad, de hecho era una notable pianista, y percibía las emanaciones de los seres vivos. Ella solía decir: “Yo no enseño nada más que karma (Karma-Yoga). El hombre tiene una gran responsabilidad. La Verdad debe guiar todas las acciones humanas. Dudar del poder ético de un acto, significa cerrar los ojos ante la evidencia”. Para luego añadir: “Ninguna enseñanza ha previsto el futuro con una precisión tan grande como el budismo”.



¿Quién era George Roerich?
Fue uno de los pioneros occidentales en abordar de una manera profunda y científica el budismo. Estudió sánscrito y palí, y tenía una especial inclinación hacia el estudio de las lenguas clásicas antiguas, como el latín, griego y egipcio, además de las ya mencionadas. De hecho, llegó a hablar 16 lenguas y más de 30 dialectos. En su etapa académica, escribió su primer ensayo sobre budismo, y tomó clases de chino clásico con el profesor Dr. Chao. Después de graduarse en Harvard, George continuó sus estudios en la Escuela de Lenguas Orientales, de la Sorbonne, Universidad de París, donde aprendió el idioma mongol y tibetano. Esto nos da una idea acerca de su capacidad para profundizar en la Filosofía Oriental. En 1923, George recibió su licenciatura en Filología India, en la Universidad de París. Y en el mes de noviembre del mismo año, puso rumbo al Puerto de Bombay. En diciembre de ese mismo año, llegó a los Himalayas, a la ciudad de Darjeeling, y formó una expedición científica a Sikkim. Gracias a su conocimiento del idioma tibetano, hizo numerosos amigos, entre ellos, el Lama L.M. Dorje.

Recogió un vasto material, tanto botánico como de plantas medicinales, y sobre todo, arqueológicos. Estudió el arte tibetano de los Thankas, encontró similitudes con los antiguos iconos rusos.

Vivió entre los nómadas Chor del Tíbet. Halló manuscritos de sabiduría de gran importancia y participó –en una época muy difícil por la inestabilidad política–, en la célebre expedición de sus padres al Asia Central (1925-1928).

Al regreso de la misma, la familia Roerich fundó en la ciudad de Darjeeling, el Instituto Himaláyico de Investigación “Urusvati”, siendo trasladado poco después a Naggar, capital de Kullu, Distrito de Himachal Pradesh.

Su célebre obra “Los Anales Azules” en referencia a los tesoros, historia, leyendas y sabiduría tibetanas del siglo XV, le hicieron conocido en todo el mundo. Fue pionero en este tipo de trabajos y la Sociedad Asiática de Calcuta publicó su obra en 1949 y en 1954.

En 1957, regresó a su Rusia natal, después de pasar 30 años en la India, e hizo un gran trabajo en la edición de la “Biblioteca Búdica” y creó el diccionario inglés-ruso-tibetano con equivalentes sánscritos, entre otros muchos logros.



¿Cómo se ve “la tregua de paz”?

Es difícil mostrar una opinión con palabras simples. Sabemos por las enseñanzas budistas que las palabras surgen de la mente, pero la mente tiene muchos niveles o dimensiones creativas, y la respuesta depende del grado de reflexión alcanzado.

Yo pienso que la definición de paz es: la Vida por la Totalidad. He tenido ocasión de viajar numerosas veces a Oriente, y esto me ha permitido enriquecer mi mente con el pensamiento de numerosas escuelas. Te das cuenta de que el ser humano y con él toda la sociedad, se mueve en forma ondulatoria, con sus avances y retrocesos. Y que las circunstancias del mundo actual, han de avanzar necesariamente hacia la Unidad en la Diversidad, como decía el profesor Nicolas Roerich. Cada uno de nosotros somos como una célula en el cuerpo de la humanidad. Los diferentes países conforman los distintos órganos, y todos han de trabajar para el bien de la totalidad, como he dicho. De algún modo, todos los pensadores saben que estamos abocados, como civilización, a una interdependencia. Y más que enfocarnos en las raíces y en la genética racial, debiéramos de centrarnos en la evolución de la psique o de la propia conciencia. La paz es un signo de manifestación creativa en el mundo, y la síntesis es la meta de la era que comenzamos a vivir. La paz se alcanza con cultura.



¿Esto quiere decir que hagamos lo que hagamos, la sociedad y los grupos políticos, están abocados a entenderse con esta nueva noción de servicio a la Totalidad?

Sí, así es. Cada día se ve más claramente que el instinto de separación y de identificación del yo individual, está siendo equilibrado por una creciente noción de universalidad. Existe una película en formato de video, titulada “Por amor al mañana”, que se puede encontrar en www.fltfilms. org.uk En ella se cuenta una historia sobre la reconciliación, como un acercamiento innovador a la construcción de la paz, que resulta muy interesante. Al igual que las películas “The Cross and the Bodhi Tree”, donde se plantean preguntas con motivo del encuentro entre el Cristianismo y el Budismo. O el film sobre física cuántica titulado “Y tú qué sabes”, que nos muestra la relación existente entre el mundo de la psique del ser humano y su ambiente exterior. Si queremos seguir caminando hacia adelante, debemos de abogar por el uso de la energía de buena voluntad, y de aprender a adaptarnos a las circunstancias de un mundo que cambia continuamente. Y para ello se requiere del esfuerzo de todos: grupos políticos, el comercio mundial, los derechos de las minorías, los derechos humanos, la legislación, la ética en los negocios, en la economía. La agenda local, los grupos de participación de la calle, las ONGs, así como las instituciones artísticas y científicas, todos tienen la obligación de dar la máxima esencia del pensamiento, y de superar y eliminar todo obstáculo en pro de la salud, la educación, y el bienestar del propio planeta. La falta de ética conduce a la degradación, y su reflejo podemos verlo en toda la Tierra. Si degradamos los ríos, el mar se verá afectado; es decir, las pequeñas cosas afectan a las grandes. Y si degradamos el océano, terminaremos por afectar de una u otra manera a nuestros ríos, o lo que es lo mismo: lo grande afecta a lo pequeño.

Desgraciadamente pasamos por alto la Ley de la Acción. Algo que se comprende cada día más en Física Cuántica. Y es que cada acción tiene su reacción, o lo que es lo mismo: cada causa tiene su efecto. Y este efecto, además de ser o no instantáneo, también tiene la capacidad de viajar por el tiempo y el espacio, y volver con su correspondiente efecto, a modo de boomerang. Un efecto desmesurado o grandioso, ya sea para bien o para mal de aquello o de aquél que lo ocasionó.


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