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La postura de los siete puntos



Por Yeshe Losal Rimpoché

Cuando Marpa (siglo XI) regresó a Tíbet de la India, anunció que había traído consigo una profunda enseñanza, mejor y más eficaz que cualquier otra que hubiera llegado nunca a Tíbet. Se trataba de la Postura de los Siete Puntos. Para meditar es necesario sincronizar cuerpo y mente. La mente puede beneficiarse de las enseñanzas, pero el cuerpo no entiende las palabras. De manera que hay que darle 'una buena postura'. Este es el motivo por el que se enseña y por el que debemos proponernos adoptarla. El Primer Punto consiste en sentarse con las piernas cruzadas en medio loto o en loto completo (la postura vajra).

Cuando yo estaba delgado podía aguantar en vajra completo durante horas. Recientemente hice un retiro e intenté sentarme de ese modo. Al cabo de hora y media no podía deshacer la postura, y me dolía tremendamente. Entonces me di cuenta de que esta postura ya no servía para mí. Antes, era estupenda, pero ahora... ¡demasiado dolor! Tal vez la edad también tenga algo que ver. De manera que si a alguno de vosotros le sucede igual, está bien: que haga lo que pueda. Al principio de nuestro aprendizaje en la meditación, conviene que no suframos demasiado por cuestiones físicas, ya que cuanto más calmada esté nuestra mente, menos problemas experimentaremos.

Si nuestra mente está tensa y tenemos dificultades, no importa cómo nos sentemos, será doloroso de todas formas. Si nuestra mente está en calma, pueden pasar horas sin noticias de nuestro cuerpo. Hay que ver quién es el jefe: ¿la mente o el cuerpo? La recuperación física y la buena salud se basan siempre en conseguir un estado de calma y sosiego, una actitud positiva. Es la mente quien recibe las señales y activa las reacciones físicas. Todo procede de la mente, todo surge de ella. Es preciso no olvidar que ella es 'la jefa'. Hay que intentar no escapar del dolor, sino permanecer estable y calmado. En cierta ocasión me quejé a uno de los más grandes lamas, Kalu Rimpoché, sobre el dolor que había experimentado cuando estuve de retiro en América; y me respondió que el dolor es parte de la meditación. Aunque imagino que esta opinión no debe de resultar muy popular para los europeos, y creo que podemos hacer con ellos alguna pequeña concesión.

Realmente no es necesario sufrir demasiado, si se puede evitar. Especialmente al principio, ante el dolor físico, no debemos intentar sopotarlo a toda costa. Es cuestión de flexibilidad y, por supuesto, a nadie le gusta torturarse aunque sea para bien. Si necesitamos estirar las piernas, lo hacemos, pero despacio, sin perturbar nuestro estado de meditación. A menudo es posible esquivar el dolor haciendo ligeros cambios en nuestra postura. Podemos probar a sentarnos de formas distintas, y a usar visualizaciones y métodos de meditación diferentes. Si nada nos ayuda, si el dolor continúa, tal vez se deba a que no hemos trabajado lo suficiente para encontrar el remedio. Hay que probar. Para quienes sienten mucho dolor en las rodillas cuando se sientan con las piernas cruzadas en el suelo, tal vez la única solución buena sea sentarse en una silla. Yo lo entiendo: los occidentales no están acostumbrados a sentarse en el suelo, han sido educados a hacerlo en sillas. De modo que quien quiera meditar en una silla estirando bien la parte superior del cuerpo, eso simplemente ya será algo muy bueno; y de manera gradual, a medida que la mente se calme, se puede ir adquiriendo la confianza para sentarse con las piernas cruzadas. De ese modo, tal vez llegue algún día en que ya no se sienta dolor.

Si el dolor es en la espalda o en la parte baja de las caderas, entonces es que vuestra postura no es correcta; debéis mejorarla y el dolor disminuirá. Cuando la postura es incorrecta, las vértebras se presionan y rozan entre sí. Estirando la cabeza hacia arriba, el cuerpo entero se endereza, la columna mejora su posición y el estado general es más confortable. El Segundo Punto de la postura es colocar nuestras manos una sobre la otra: la derecha sobre la palma de la izquierda, ambas hacia arriba, con los los pulgares tocándose, aproximadamente cuatro dedos por debajo del ombligo. No hay que ser obsesivamente precisos, basta con que sea más o menos a esa altura. El Tercer Punto es estirar/soltar bien los brazos. Esto hace que mucha gente sienta que los tiene muy largos. Hay unas cuantas formas de 'acortarnos' los brazos, por ejemplo sentándonos en un cojín alto. Nuestro anterior maestro de retiros de Samye Ling acostumbraba pasearse e ir dándoles tirones de los brazos a los practicantes. Suele ser más fácil tener cerca alguien que nos ayude que hacerlo por nosotros mismos. Los hombros deben estar extendidos como si fueran dos alas de águila.

Al estirar los brazos, los hombros se abren de forma natural y somos como un águila desplegando sus alas. Podéis pensar que esta enseñanza es pura tortura física, pero es solo porque vuestro cuerpo ha sido sometido hasta hoy a hábitos incorrectos. Adoptando esta postura estaréis creando un hábito verdaderamente sano para vuestro cuerpo. El Cuarto Punto es curvar el cuello como si fuera un gancho. Estiramos la cabeza y hundimos ligeramente la barbilla. En Tíbet algunos yoguis son un poco más 'fanáticos': anudan sus largos cabellos en un moño y los atan a un gancho que previamente han fijado en el techo. ¡Imposible dormirse! Y si no, hay otros que tienen una vara acabada en forma de horquilla para apoyar la barbilla, y la atan a su cuerpo como un vendaje para no caerse cuando les entra el sueño.

Os recomiendo que no utilicéis este sistema, porque en caso de caeros quién sabe si podríais volver a levantaros. Los meditadores han inventado todo tipo de estratagemas. Incluso algunos se ponen un dorje delante (objeto ritual del tamaño de la mano, hecho de bronce y lleno de aristas), de modo que si se quedan dormidos se golpeen la frente con él. El dolor que puede producir un golpe de este tipo garantiza que luego permanecerán despiertos durante muchas horas.

El Quinto Punto es que nuestra espina dorsal debe estar recta como una flecha. Cosa que es excelente para todo el cuerpo. Si nos acostumbramos a erguir el cuerpo, a la larga la columna vertebral será mucho más fuerte. El Sexto Punto hace referencia al enfoque de nuestros ojos, que debe ser aproximadamente a cuatro dedos delante de nuestra nariz. No se trata, no obstante, de mirarse la punta de la nariz, sino de enfocar (o desenfocar) unos diez centímetros en el espacio que tenemos enfrente. De acuerdo con estas instrucciones, los ojos deben permanecer quietos, sin parpadear. Sin embargo, nuestra vista debe estar relajada, sin tensión. Nuestra mirada reposa en el espacio, ese espacio vacío, vasto y profundo que tenemos delante. El Séptimo Punto es la boca. Los labios no deben estar ni abiertos ni cerrados, es decir, deben reposar en su estado natural. Al mismo tiempo, la lengua toca la parte alta del paladar (justo por encima de los dientes), lo que evita que se produzca demasiada saliva. Y finalmente, el meditador debe sentarse de manera confortable, tranquila y relajada.

Al principio puede parecer una postura innecesariamente incómoda, pero si se practica con regularidad llegará a ser fácil e incluso muy agradable. En los retiros largos (de tres años, en los que se pasa la mayor parte del día, e incluso se duerme, en dicha postura) al principio todo el mundo piensa que le va a resultar imposible, pero luego todos se adaptan. Como curiosidad, el lector puede comparar las similitudes entre este texto, de un lama tibetano, y el texto del maestro Dogen, el introductor del zen en Japón (siglo XIII), titulado "Shobogenzo, Zazen-gi", disponible en la web: www.zendodigital.luzserena.net.

Para más información: Ediciones i publicará próximamente en español "Vivir el camino", donde lama Yeshe explica a fondo, y en el mismo estilo llano del presente artículo, las bases de la práctica de la meditación mahamudra.


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