revista dharma
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En la foto, el segundo a la derecha de Thich Nhat Hanh es Adriano de la Rosa, enviado especial de Dharma al retiro de niños en Plum Village.

Adriano de la Rosa
Enviado especial de Dharma

Hace unos meses participé junto a otros niños en un encuentro en Plum Village, en Francia. Estuve con otros niños de diferentes países: alemanes, ingleses, holandeses, franceses y españoles. En los quince días que estuve, hicimos muchas actividades: pintar, hablar, jugar, pasear por el bosque...

En uno de los muchos paseos que dimos por el bosque apareció un ciervo junto a nosotros; hay muchos ciervos en el bosque, y pájaros, y muchos árboles. También hay muchos gatos gordos en Plum Village.

Aunque habían casas, mucha gente vivía en tiendas de campaña. Nuestra habitación se llamaba Manzano. Dormíamos en camas de dos pisos, en literas de dos alturas. Yo dormía arriba cerca del techo. Dentro íbamos sin zapatos. Ni en las casas, ni en la sala, ni en el templo se podía entrar con zapatos, sólo se permitía en el comedor.

A la hora de comer sonaba una campana. Íbamos a recoger la comida al comedor y comíamos allí o donde queríamos. Antes de empezar un monje siempre daba las gracias por la comida. Durante diez minutos estábamos callados, luego ya se podía hablar. La comida era vegetariana, nada de carne: pasta, ensaladas, puré, potaje y patatas cocidas era lo más habitual. Para los niños había comida especial.

A veces, en los juegos, pintábamos libremente lo que queríamos. También jugábamos a la pelota con los monjes.

En el bosque los monjes escondían bolsitas que nosotros teníamos que encontrar; dentro de las bolsitas de suave tela de diferentes colores, habían piedras. Cada una de ellas tenía su propio significado. Eran piedras mágicas, que traían suerte y buenos auspicios, según nos contaban los monjes. Con una piedra en la mano meditábamos sobre el significado de cada piedra.

Un día, el grupo de niños fue a la cabaña de un cazador, aunque yo me dormí y no llegué a tiempo, mi amigo Alex tampoco. Eso de la caza no nos gustaba. Cuando todos volvieron, al anochecer, buscamos leña para hacer una hoguera que nos alumbrara por la noche.

En una sala grande, Thich Nhat Hanh, nos hablaba en francés sobre la paz, aunque los que no lo entendíamos usábamos unos cascos con traducción simultánea. Después de comer conversábamos con el monje hermano Miguel que hablaba español. Miguel hacía tiempo que no comía, sólo bebía.

Otros días íbamos a otros templos para hacer unas prácticas. Durante las prácticas muchas veces se cantaba.

Fuimos paseando con Thich Nhat Hanh a un templo. Pasamos por un monasterio de monjes y llegamos a un pequeño templo con un estanque grande con puentes, islas... En el templo Thich Nhat Hanh hizo unos rezos y nos habló sobre la paz en el mundo.

Fuimos a un parque con un gran lago y árboles gigantes. Nadamos, cruzándonos el lago de parte a parte. Quise alquilar una canoa, pero mis amigos prefirieron ir a pedales en vez de remando, así que alquilamos una barquita a pedales y fuimos a una isla que estaba llena de serpientes, muchos árboles y mucho barro. Habían muchos peces y cangrejos, pero la arena era artificial.

Un día, que fuimos paseando a otro templo fuera de Plum Village, el camino estaba lleno de campos de girasoles. Era un templo gigante; tenía un parque y una sala muy grande. Mi grupo jugó al fútbol con los niños monjes del templo. Al aire libre hablamos con los monjes y cantamos con ellos. Fue muy agradable. Después como me aburría me fui con unos amigos y paseamos por los alrededores. Volvimos a Plum Village y no había nadie.

Unos días después fuimos con una furgoneta al monasterio de las monjas. Allí Thich Nhat Hanh nos esperaba. Dicen que Thich es un Buda viviente. Estuvo hablando un buen rato pero yo me quedé fuera con los otros niños. Al cabo de un rato salió y nos fuimos con él a pasear por el bosque. Había muchos gatos. Íbamos en silencio. Es una forma de meditar y de ver todo mejor. Llegamos a un campo con muchísimos girasoles. Fue muy bonito.

Fuimos a otro monasterio. Un monje nos dio unas enseñanzas.

En Plum Village, después de las enseñanzas, encendimos unas velas, y con Miguel y otro monje más anciano fuimos con las velas alrededor del lago de flores de loto. El monje anciano me cogió de la mano y fuimos caminando viendo el lago y los lotos, concentrados en la llama de la vela. Llegamos a la estatua del Buda, y pusimos todas las velas como muestra de respeto.

El último día todos cantamos y tocamos instrumentos. Algunos grupos hicieron una obra de teatro, sobre un demonio que dejó una caja. Los niños se pelearon por la caja hasta que llegó un ángel que, tocando la flauta, hizo que se reconciliaran y abandonaran la caja.
(...)

(Extracto del artículo publicado en Dharma 7).

Visita con Thich Nhat Hanh
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