Leonardo Boff: Abrazar la
Tierra
Por Mª José Viqueira
Se habla abundantemente
de los problemas de nuestros días, pero ¿no cree que se podía
entrar más en la espiritualidad como solución a muchos de los
problemas de nuestro tiempo; es decir, la espiritualidad versus la religiosidad?
Yo creo que en todas partes se siente
que las personas están cansadas de los bienes materiales, del consumo,
y que hay una vuelta de la dimensión espiritual, no como un dato de
las religiones, sino como un dato de la búsqueda humana. La religión
no tiene el monopolio de la espiritualidad, sino que la espiritualidad es
el momento en que la conciencia se manifiesta, en que uno se siente parte
de un todo y se da cuenta de que hay una energía por detrás
de las cosas, y que puede dialogar con esa energía en ese momento.
Es el momento de la espiritualidad.
¿Qué le
parecen a usted las posturas un tanto medievales de los líderes religiosos,
que van a hablar a la población de que los jóvenes sean castos,
en lugar de abordar los problemas reales?
Creo que gran parte de las religiones
están enfermas hoy, la enfermedad del fundamentalismo, es decir, consideran
sus doctrinas como las únicas verdaderas y lo doctrinario como lo principal,
más que lo espiritual.
¿Diría
usted entonces que la Iglesia Católica, la que conocemos hoy en día,
se está comportando de una manera un tanto fundamentalista?
Creo que ciertos estratos importantes
de la curia romana, incluyendo el actual Papa, son netamente fundamentalistas.
Un Papa que va a Brasil y dice que fuera de la Iglesia no hay salvación,
sabiendo de la multiplicidad de religiones, de las grandes tradiciones indígenas,
es un Papa fundamentalista.
En este sentido podríamos
hablar del totalitarismo de la iglesia vaticana. Sabemos que el anterior Papa,
tuvo problemas con usted. Se enfadó mucho, parece ser, en el aeropuerto
de Sao Paulo; ¿qué le dijo?
Sí. En el fondo el Papa me pidió
que fuera obediente a la Iglesia.
¿Su enfado fue
por su falta de obediencia a la Iglesia, según él?
Sí. Yo le dije lo importante que
es la obediencia al Evangelio y a Jesús, porque por encima del Papa
y de la Iglesia, está el Espíritu Santo y el Evangelio, y está
Jesús.
Pero
con quien tuvo problemas más graves fue con Ratzinger, el actual Papa,
¿no?
Sí. Ratzinger no me excomulgó,
pero me obligó a sentarme en la silla de Galileo Galilei, me impuso
un proceso religioso.
¿Y por qué
razón lo hizo?
Porque yo escribí un libro Iglesia,
carisma y poder, que aplicaba las teorías de la liberación
a las relaciones internas de la Iglesia. Yo les decía que hay relaciones
en la Iglesia que son opresoras. La forma en que trata a las mujeres; infantilizándolas,
disminuyéndolas; infantilizando a los laicos; no respetando los derechos
humanos. Esto hace que la Iglesia no sea creíble cuando habla de liberación,
y eso ellos no lo aceptaron y me han sometido a años de silencio obsequioso,
me han depuesto de la cátedra y me han prohibido escribir, publicar.
Una pena bastante dura.
¿Qué podemos
hacer para fomentar el amor y disminuir la pobreza de una manera práctica?
Creo que lo que hace falta en las personas
es el contacto directo con la pobreza. La mayoría ve la pobreza a través
de los medios, de los periódicos
, pero no ve el rostro del que
sufre. No ve los niños con hambre, a las madres desesperadas. Cuando
uno se encuentra con la realidad así, se siente nuevo, renace la humanidad
que hay escondida en cada uno, y ahí dice: tenemos que hacer alguna
cosa, eso no puede continuar así.
¿No cree que la
Iglesia ha perdido una gran oportunidad al no hacer caso a la Teología
de la Liberación, de ser realmente una gran iglesia universal?
Yo creo que realmente es la primera vez
que la Iglesia ha deservido a los pobres, porque esa teología
de la liberación tiene como marca registrada la opción por los
pobres contra la pobreza, trabajar con los pobres, devolverles la dignidad.
Sí, los derechos
humanos, en definitiva.
Sí, los derechos humanos. Si se
condena a los aliados de los pobres, se refuerza a los enemigos de los pobres.
La Iglesia ha perdido una gran oportunidad de decir: Estamos con vosotros
porque Dios está del lado de los pobres, bienaventurados los pobres,
pero no ha tenido la valentía y el talento evangélico para dar
ese paso.
¿Por qué
cree que las autoridades eclesiásticas han dado una respuesta tan dura
como el caso de la iglesia de San Carlos que cerraron hace unos meses por
la forma tan directa y humanitaria de relacionarse del sacerdote con la gente?
Porque a las iglesias articuladas con
los poderes no les gustan los pobres. Consideran a los pobres en contra y
que los pobres perjudican más a la Iglesia que ayudan, y siendo así,
traicionan el legado de Jesús, y una Iglesia que hace eso no está
en la Iglesia de Jesús. Tiene que ser criticada, y hay que decir que
no es una Iglesia evangélica, que Jesús jamás haría
eso; los laicos tienen derecho a resistir, denunciar y mantener una organización
básica, porque la Iglesia es más que un edificio, más
que una casa; es una comunidad de creyentes.
¿Cree usted que
el sistema neoliberal ha aumentado la diferencia entre las sociedades? ¿Cree
que hay forma de que haya un encuentro efectivo entre las sociedades para
que se lleguen a abrazar la Tierra, que es en definitiva su lema?
Yo creo que al seguir la lógica
del sistema de capital vamos al encuentro de lo peor, porque con el sistema
neoliberal y capitalista vamos hacia lo peor, porque está estructurado
para crear riqueza, no para crear una economía de la suficiencia; y
esa riqueza está construida a costa de la pobreza, de la marginación.
De una parte hay una acumulación como nunca en la historia, pero jamás
tan pésimamente distribuida, pero esto pertenece al sistema mismo,
que está ahí para crear riqueza y no para distribuir caridad
o integrar personas humanas, de ahí el carácter perverso e inhumano
del capitalismo.
¿Cree
usted que aún estamos a tiempo de que los países se den cuenta
y asuman que el cambio que se está dando en el mundo no es una utopía,
que es algo real, que puede ser auténtico y llegar a buen fin y, de
alguna manera, cambiar su manera de actuar?
Yo creo que la mayoría de los
empresarios no han despertado con respecto a la pluralidad del estado de la
Tierra. Siguen haciendo su negocio como si estuvieran sobre el Titanic, que
se está hundiendo, y pensando que todo seguirá igual. Una total
inconsciencia. Pero hay grupos que han despertado y se han dado cuenta de
que esta vez no hay un arca que nos salva a algunos y deja perecer a otros.
Esta vez o nos salvamos todos o perdemos todos. Entonces intentan reunirse
y cambiar estrategias de producción, ahorrar energía, hacer
que se emitan al aire menos gases que producen efecto invernadero. Pero yo
temo que no hay tiempo suficiente, ni suficiente sabiduría en la humanidad,
para realizar los cambios necesarios y que vamos a pagar un altísimo
precio para la supervivencia de la humanidad.
Entonces, ¿cree
que vale la pena seguir luchando o damos por perdido el proyecto humanidad?
Yo creo que no hay que aceptar las derrotas
sin antes presentar las batallas, como decía el Quijote. Presentemos
las batallas. Yo, en el fondo, tengo la esperanza de que, cuando el agua llegue
a la nariz de las personas y el fuego llegue a la piel, van a cambiar. Van
a reaccionar para salvarse, y ahí salvarán a la humanidad. Pero
pagando un alto precio en cuanto a la pérdida de la biodiversidad.
Millones de personas tendrán que desaparecer.
¿Considera un
peligro para las libertades que los medios de comunicación estén
en manos privadas y que estén ligadas a los grandes intereses económicos?
Creo que una de las grandes perversidades
que hay en el mundo es la articulación de los poderes; poder militar
con lo económico, con lo mediático, y que juntos tienen la hegemonía
en la conducción de la globalización. Le dan una dirección
que les interesa a ellos. Inventan o distorsionan los hechos, o dan las versiones
que les convienen. Entonces, uno como ciudadano nunca sabe dónde está
la verdad. Por eso tiene que ser fundamentalmente crítico.
Desde Dharma tratamos
de poner especial énfasis en los aspectos éticos, ya que nos
llama la atención que actualmente no se enseñe ética
en las escuelas. ¿Por qué cree que sucede esto?
Porque la ética es incómoda
al sistema, porque al sistema no le interesa que les enseñen que hay
que ser transparente, que no hay que ser corrupto, que no hay que explotar
a los demás. Porque él vive de ese conjunto de antivalores que
beneficia al sistema, que propicia la acumulación. Entonces, la ética
es un freno, es una crítica interna al sistema, por eso la tolera pero
no la favorece.
¿Qué opina
de que estemos intentando, peor que mejor, limitar la contaminación
a través del protocolo de Kioto, y las grandes empresas de la energía
y el Banco Mundial sigan invirtiendo en centrales térmicas de carbón?
Hay una contradicción ¿no?
Sí, yo creo que el problema es
el siguiente: este sistema imperante ha producido el calentamiento global;
sea por la energía fósil del petróleo, sea por el carbón.
Entonces buscar alternativas de energías, es querer mantener el sistema.
Lo que hay que buscar es una alternativa al sistema. Significa otra manera
de producir, otra manera de consumir, otra manera de tratar la Naturaleza
y la Tierra. Si no hacemos esto, podemos llegar a lo que les ocurrió
a los dinosaurios, y muchos no están dándose cuenta de esto.
¿Qué se
puede hacer con el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI)
o la Organización Mundial del Comercio (OMC)? ¿No hay forma
de controlar sus políticas contrarias a la sociedad a nivel planetario?
¿Qué puede hacer la sociedad para impedir sus manejos?
Yo creo que la Organización Mundial
del Comercio es la gran arma de los países ricos, que tiene ahí
la parte leonina de las leyes, las determinaciones para garantizar sus ganancias,
sus comercios. Yo creo que, cada vez más, la sociedad, por lo menos
en los foros sociales mundiales, se manifiesta masivamente. Siempre que se
reúnen los G8, los grandes ricos, hay grandes manifestaciones. Siempre
que el Banco Mundial tiene sus reuniones, hay grandes manifestaciones. Esto
significa que la sociedad civil mundial ya no acepta ese camino, y que aunque
no es suficientemente fuerte para tener la hegemonía, impone límites
a la dominación de los poderosos.
¿No le parece
la postura ecológica de Al Gore y de Blair, que tienen poder, en cierta
medida, un tanto oportunista?
Sí, yo creo que es un poco oportunista
y poco crítica, porque sea Al Gore, sea Blair, no ponen la alternativa
al sistema, pone una alternativa a energías menos polucionantes. Alternativas
como el alcohol, el etanol, pero para mantener el mismo nivel de consumo,
el mismo nivel de gases que se emiten en el aire, suponen, porque es inevitable,
un aumento del calentamiento. No es la solución. Eso es un oportunismo,
tal vez con intereses políticos para obtener una elección eventual,
o para tener también una hegemonía en el discurso ecológico,
pero no va a la raíz del problema, sino que permanece en la superficie.
¿Existe alguna
alternativa al neoliberalismo en la actualidad o estamos abocados a vivir
en un mundo injusto?
Creo que el límite del neoliberalismo
es la Naturaleza, es la Tierra. La Naturaleza ya no soporta el tipo de explotación
ilimitada. La Tierra ha sobrepasado ya el 25 % de su capacidad de regeneración,
y muestra un profundo estrés. Entonces, el sistema de capital no tiene
la solución y tiene que cambiar, sino está abocado a su destrucción.
Y dentro de esto, hay
una tendencia, siguiendo el modelo americano, que parece ser imparable, a
la liberalización de los servicios públicos, la sanidad, la
educación, y todo lo que dé dividendos a las grandes compañías,
relegando a la gente a ser un simple peón ¿Cómo ve esta
situación?
Yo la veo dramática en el tercer
mundo, porque si el Estado no hace inversiones profundas en la seguridad social,
la enseñanza, la salud, nadie va a hacerlo, porque no es un buen negocio.
Entonces, para nosotros es una misión, en pro del bien común,
mantener bienes que son colectivos.
¿Y quién
tendría que hacerlo, el Estado?
El Estado tiene que ser el administrador
del bien común. Puede hacer colaboraciones con entidades privadas,
pero la decisión central tiene que llevarla el Estado, no permitir
liberalizaciones, porque la función del Estado debe ser garantizar
la vida del pueblo, no hacer de la salud, de la enseñanza, mercancías
que se puedan vender y comprar.
Usted habla de abrazar
la vida y abrazar la Tierra, casi como su lema, y nos preguntamos, si no le
parece que en esta era los aspectos materiales abarcan casi todas las áreas
de la vida; y el área del espíritu y el área de la vida
están siendo peligrosamente amenazadas por el área de la materia.
Sí, por esto la insistencia de abrazar la vida, de dar centralidad
al espíritu, al planeta Tierra como Gaia, como un supraorganismo vivo.
Porque son valores que están al margen y, si no los salvamos, no salvamos
nada, porque ellos son el presupuesto para que otros sean viables. Si dañamos
de tal manera la Tierra y destruimos su precondición físico
química, los demás proyectos no tendrán sentido.
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