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La técnica del parpadeo
Ofrecimientos desde arriba



Por Emilio Campos Navarro

A pesar de llevar treinta años implicado en el propio despertar espiritual, y trabajando con grupos otros veinticinco años, durante una gran parte de ellos me he resistido a la idea de la canalización.

No obstante haber tenido múltiples contactos con experiencias extraordinarias (la mayor parte ellas en compañía de amigos), no fue la canalización una vía de comunicación que yo aceptara fácilmente, aunque a menudo, la honestidad de quienes compartían conmigo sus experiencias fueron abriendo en mí esta posibilidad.

Ahora, desde hace unos años, se me ha confirmado tan claramente esta ayuda de Protectores, Guías, Hermanos Mayores o como prefiramos llamarlos, que ya no albergo duda alguna acerca de ello. Por el contrario, se ha convertido, para mí, en un hecho incuestionable.

Que habrá farsantes en este campo es algo que no dudo, pero también hay, y cada día más, personas que reciben informaciones que nos ayudan a trascender nuestros límites espirituales.

Especialmente ahora, por la delicada situación por la que atraviesa nuestro planeta, tan deteriorado y amenazado, esencialmente por aquellos que respiramos, comemos, vivimos y aprendemos, gracias a él, es hora de aceptar todo tipo de ayuda que llegue a nosotros con intención positiva.

En cualquier camino o trabajo de crecimiento espiritual siempre ha resultado evidente, la importancia de disponer de una mente clara, serena, con la que poder establecer una mejor relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.

En estos contextos, sean orientales u occidentales, y como respuesta a esta necesidad, se han elaborado técnicas para serenar la mente conceptual, especialmente si tenemos en cuenta que a menudo ella está atrapada en discursos que no representan ayuda alguna para desarrollar nuestra sabiduría, sino todo lo contrario. En ausencia del momento presente, las proyecciones del ego van dirigidas hacia el pasado o el futuro, y así carecemos de la creatividad y sabiduría que tanto necesitamos.

Si esto ha quedado claro, querido lector/a, pasamos a presentarte esta técnica de meditación que espero sea de ayuda para ti:

Técnica del parpadeo
Cronología

Domingo 20 de agosto del 2006.
Estaba ojeando un libro de poesía de un monje budista vietnamita, Thich Nhat Hanh (el título del libro es Llamadme por mis verdaderos nombres, página 142). Vaya por delante mi admiración a esta persona por su realización, sencillez y penetración en el mundo espiritual.
La poesía versaba sobre la impermanencia y decía lo siguiente:

“He aquí palabras escritas,
Huellas en la arena,
Formaciones de nubes,
Mañana me habré ido”

Me quede ensimismado, como ausente, sintiendo el mensaje de la poesía cuando, no sabiendo por qué, llegaron a mí estas palabras: “Apenas un parpadeo”. Estas palabras empezaron a coger fuerza en mí y pensé, que como frase corta, también se refería a la impermanencia, y me propuse añadirla a la poesía en la próxima publicación de nuestro diario “Crónicas al Amanecer”.

Al llegar a este punto, ocurrió algo inesperado: Durante un par de días no podía olvidar estas palabras aunque no las reconocía como importantes para mí. En una situación normal habrían sido olvidadas, pero ellas volvían obsesivamente a repetirse una y otra vez: apenas un parpadeo, apenas un parpadeo...

Domingo 3 de septiembre del 2006.

Habían pasado trece días. Estaba viendo en la televisión un documental sobre Tíbet. Desfilaban imágenes de su vida social, su geografía, los lamas, sus monasterios, etc., cuando salió una escena del Dalai Lama en meditación. Todo era normal hasta que vi un primer plano de su cara y percibí en sus ojos un parpadeo durante su meditación.

De forma extraña, como me había ocurrido trece días antes, mi mente se puso muy excitada con ese movimiento de los párpados, ya que carecía de importancia objetiva y no entendía por qué establecía por mi parte una referencia un tanto obsesiva con las palabras “apenas un parpadeo” de unos días antes. Nuevamente tenía la sensación de que algo importante estaba ocurriendo. A la imagen del Dalai Lama parpadeando por un momento en su meditación se entremezclaba la frase “apenas un parpadeo” que yo había decidido incorporar a la poesía de Thich Nhat Hanh. Me llamaba especialmente la atención el no poder alejar mi mente de esta situación, ya que carecía de importancia y llegaba a enfadarme conmigo mismo por lo absurdo que me resultaba todo.

Lunes 4 de septiembre del 2006.

Habían pasado veinticuatro horas, sin que pudiera apartar mi mente de lo ocurrido el día anterior, cuando abrí un libro: “Los manuscritos de Geenom II”, que editó el grupo Aztlan hace unos años, y lo primero que leí, en la página 311, fue lo siguiente: “el parpadeo tiene dos funciones, la de humedecer el globo ocular y la de desconectar el consciente durante ese breve espacio de tiempo”.

“Un momento -me dije ante la extremada excitación que se produjo en mi mente-, toda esta historia de las palabras que llegaron a mi mente para añadir a la poesía de Thich Nhat Hanh ‘apenas un parpadeo’ más el parpadeo durante la meditación del Dalai Lama, y esta frase de Los Manuscritos de Geenom II sobre el parpadeo, ¿no querrá decirme que podemos parar el diálogo interno tal como lo hacemos en las múltiples técnicas de meditación?”

Me senté en la cama con una sensación poco definible (excitación, confusión, incredulidad, perplejidad), pero con un deseo en el fondo de que todo fuera cierto.

Intenté serenarme y empecé a observar mi habitación utilizando el parpadeo consciente. No seguía un ritmo, una frecuencia temporal, sino que parpadeaba aleatoriamente cuando deseaba hacerlo.

Me quedé completamente impactado, con la boca abierta intuyendo “algo” que se acercaba a toda velocidad. Aún con toda la excitación previa, mi mente conceptual calló de inmediato. No lo podía creer. Hice paréntesis de tiempos para analizar y reflexionar lo que estaba ocurriendo y la extremada importancia que ello podía tener. Me parecía imposible. Me sentí tan incrédulo como quien ve un río fluir hacia arriba, o la gente caminando hacia atrás.

De repente tomé conciencia de lo que había ocurrido desde el principio, catorce días antes, y ello me condujo a un sentimiento de agradecimiento infinito hacia nuestros Guías y Hermanos Mayores. Jamás sabré agradecer lo suficiente, salvo con la intención y los hechos de dar lo que me ha sido dado. Qué afortunados somos y que poca conciencia tenemos de ello.
Todo ello me condujo a la deducción final del encuentro con una técnica de meditación que hasta este momento nunca había sido enseñada ni publicada en ninguna tradición por antigua que fuera ni en corrientes Nueva Era, hasta donde he podido investigar con los grupos y personas con quienes la he compartido.

En ese momento tuve dudas acerca de su validez y traté de desmontarla reflexionando, que no sería el parpadeo consciente lo que cortaba radicalmente la excesiva y a menudo desordenada actividad mental, sino que era la respiración consciente la responsable de que ello ocurriera así, y yo erróneamente lo estaba atribuyendo a la técnica del parpadeo.

Con el paso de las semanas, ensayé, desarrollé y compartí esta técnica en distintos lugares con diferentes grupos y de manera individual, y en todos los casos se aceptó su validez e importancia. En el fondo de mí, estaba deseando que la respuesta fuera positiva, por lo importante que pudiera ser como ayuda en el mundo del crecimiento personal.

Ahora que ya ha pasado un mes, considero esta técnica como la más eficaz que he podido leer, escuchar, intuir o practicar cuando buscamos serenar la actividad mental desordenada. Creo que un trabajo honesto por parte de los investigadores que deseen someterla a prueba, les acercará a la validez de la misma.

Creo también que puede ser de una tremenda ayuda en algunos campos de la medicina, tales como la psicología, la psiquiatría o cualquier otra disciplina que se ocupe de trastornos asociados a conflictos mentales: psicopedagogía, trabajo social, educación social…

Como toda técnica de meditación es útil para aproximar nuestra mente a estados de conciencia hasta que se presenta el equilibrio, la serenidad y armonía que tanto necesita el ser humano y que llegados a esta experiencia de quietud y serenidad debe ser abandonada, pues como ya sabemos, llegado un punto la propia técnica de meditación se convierte en el obstáculo si no detectamos cuando estamos viviendo la experiencia que buscábamos a través de las técnicas.

Como técnica en sí, no se trata de parpadear constantemente, podemos hacerlo una vez por cada respiración, cada dos, cada cinco o cada diez, de acuerdo a la necesidad puntual que podamos tener de ella. Si hay demasiada actividad mental desordenada, podemos parpadear con mayor continuidad y en la medida en que nuestro diálogo interno se va serenando, podemos bajar la frecuencia. La he aplicado en cualquier momento del día, comiendo, conduciendo, trabajando, y especialmente en momentos y entornos de mucha actividad social y confusión, y la respuesta ha sido siempre positiva e inmediata.

La bondad de esta técnica nos permite meditar con los ojos totalmente abiertos. Un sencillo parpadeo corta radicalmente la actividad de los pensamientos cuando surgen. Igualmente, tanto si meditamos con ojos cerrados, como semicerrados, he descubierto que bastará abrir y cerrar los ojos conscientemente para que estos cesen.

Bendita sea la técnica de la respiración por lo mucho que ha ayudado, ayuda y ayudará a serenar la actividad intelectual y a ordenar nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Así pues, no se trata de crear una rivalidad o discusión acerca de qué técnica es la más válida. La técnica del parpadeo no llega para desplazar a otras técnicas sino como complemento para añadirse a aquéllas que ya conocemos y practicada por los que así lo deseen.

No me considero una persona especial por éstas y otras experiencias más llamativas que me han ocurrido. Sólo agradezco que sirva de ayuda a este mundo en momentos tan delicados por la inestabilidad a la que hemos llegado.

El ego de la autoimportancia en el mundo espiritual sólo es veneno de una extremada calidad para quienes padecen esta distorsión. Aunque el sufrimiento enseña, también crea dolor hasta que somos conscientes de que nos quiere mostrar con su presencia en nosotros.

Creo que ya es hora de aprender desde el Amor y no desde el dolor, y nos corresponde a cada uno de nosotros trascender las antiguas percepciones mentales y visiones del viejo mundo, no luchando contra él, sino abriéndonos a un nuevo ciclo evolutivo, a una nueva conciencia y una Nueva Era que tanto necesitamos.

Gracias a Aquellos que han fijado su atención en nosotros.



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