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Nutrición, tao y sexualidad



Por María Rosa Casal

El universo es como una gran matriz, de donde la vida brota con abundancia y generosidad.

La vida es el resultado de la unión del yin y del yang. De la interacción de las energías del cielo (la dimensión de la luz) y la tierra (la dimensión de la materia) nacen todas las formas de vida.

En cada una de ellas, ‘vemos’ que existe un canal central, que es el resultado de esta gran unión, entre el padre y la madre. Y desde este canal central se estructura la forma en que el cielo decide mostrarse aquí en la tierra, en la dimensión de la materia.

Este canal central posee una gran fuerza cohesiva y contractiva de base, que hace posible que la estructura atómica, molecular y orgánica se vaya agrupando hasta cumplir su propósito. Hace las veces de un eje espiritual y amoroso que va creando y uniendo todos los componentes físicos necesarios hasta llegar a materializarse.

Un ejemplo de este canal central nos lo muestra el planeta Tierra. Su origen, como el de cualquier cuerpo en el espacio, fue gases y polvo estelar. Cuando se formó su canal central, su eje, éste comenzó a reagrupar, a unificarlo todo, hasta dar la suficiente cohesión para que se pudiera manifestar su existencia.

El canal central, podemos decir que es la raíz de lo divino en el ser humano. Fluye por la línea media del cuerpo, gobernando así todas nuestras funciones.

Si pudiéramos dibujar un mapa, veríamos que unifica las glándulas maestras del sistema nervioso, con todas las demás glándulas del eje endocrino. Atravesando todo el cuerpo hasta el perineo y los órganos sexuales, desde donde se suministra la materia prima energética para el desarrollo del potencial humano.

Dentro de este canal central, la parte superior, que influye en las glándulas pineal e hipófisis, representa la dimensión de la luz, de lo masculino, la autoconciencia.

Mientras que en la base, los genitales, muestran la dimensión de la materia, de lo femenino, de la parte más inconsciente, que nos da un cuerpo como base de aprendizaje para desarrollar nuestro nivel de conciencia.

Los órganos sexuales, situados en una zona energética clave de este trayecto, y su función, comprometida íntimamente con la supervivencia de la especie, tienen un papel fundamental en la aventura humana.

La energía sexual es la más poderosa del ser humano, nos es dada por el Universo, para ser co-creadores en el milagro de ayudar a venir a otro ser humano a este mundo.

Por lo tanto debe ocupar un lugar especial en nuestra conciencia, para abordarla con un enorme respeto y cuidado, puesto que conlleva nuestra esencia más espiritual.

En el fondo la sexualidad, se reconozca o no, es la búsqueda de la unidad original perdida. Es el intento de unificar lo ‘superior’ con lo ‘inferior’: la dimensión espiritual con la dimensión de la materia.

La calidad de la energía sexual depende no sólo de la condición de los órganos genitales, sino del resto de los órganos vitales, que intervienen poderosamente en nuestras emociones. Por este motivo conviene tener en cuenta tanto lo que comemos, como lo que bebemos, ya que influye poderosamente en nuestra salud física, emocional y espiritual, incluyendo la sexualidad.

Cuando estuvimos dentro del vientre de nuestra madre, atravesamos una recapitulación de los procesos de la vida en el planeta Tierra desde la aparición de organismos unicelulares, a través del desarrollo de todas las formas de vida hasta llegar a la humana.

El óvulo y el espermatozoide contienen un registro completo de este proceso de vida y se ponen en acción en el momento de su unión para crear ‘otro ser humano único’, igualmente portador de estas memorias primarias.

El embrión utilizará estas memorias para hacerse un cuerpo. Re-cupera la memoria de la conciencia mineral, para construir sus huesos. La conciencia vegetal, para cubrir con vellosidades las paredes internas de muchas vísceras y el vello de la piel para formar así un manto protector. Por último, rescatará la conciencia animal y la traerá a la categoría humana. ¡Y todo esto lo hacemos en sólo nueve meses!

Atravesando diez millones de años cada veinticuatro horas de embarazo, en una carrera sin igual para llegar al final, a la meta: la vida humana.

Lo que la madre come durante estos nueve meses, es fundamental para formar la constitución de la criatura.

También los alimentos que forman nuestra dieta, son producto de las energías del cielo y de la tierra, del yin y del yang. Y así, dependiendo de sus características energéticas, nos aportarán una calidad u otra.

Hay alimentos formados principalmente por energías de tierra, yin, que nos aportan expansión, frescura, flexibilidad. Y otros, formados por energías del cielo, yang, que nos dan consistencia, calor, tensión…

Igualmente hay alimentos muy extremos, que más que aportarnos beneficios nos dan limitaciones, saturaciones...

Durante el embarazo, los nutrientes más yin, se reúnen en las zonas anteriores del cuerpo, desarrollando la expansión de los tejidos más blandos, algunos órganos y en especial el aparato digestivo.

Por el contrario, los nutrientes más yang son atraídos hacia la parte posterior, donde formarán la columna vertebral, los riñones, y hacia el interior la médula espinal y el sistema nervioso.

Una constitución fuerte incluye un buen suministro de minerales de buena calidad y se traducirá en riñones y huesos sanos, además de un sistema nervioso concentrado y fuerte.

Es importante recordar que la vida en el planeta nació en el agua, fue la madre donde la esencia maduró hasta materializarse. Nosotros repetimos este proceso dentro del vientre materno, nos materializamos desde la esencia que hemos recibido de los antepasados. Esa esencia la ‘guardamos’ en los riñones, y se podría comparar con la genética codificada en el ADN, es nuestro programa, que incluye un destino biológico como base para un desarrollo emocional, mental y espiritual.

El riñón es el órgano por excelencia del elemento agua.



Contiene el germen de la vida, y como guardián de esta esencia vital, es el responsable de la procreación.

Transmite nuestra herencia como especie desde hace millones de años, nos une a nuestros orígenes ancestrales, a nuestras raíces, y, al mismo tiempo, nos proyecta hacia el futuro a través de nuestra descendencia.

Además de estas funciones, el elemento agua, y el riñón como su representante en el plano físico, interviene en todos los procesos de crecimiento, regeneración y maduración. La esencia del riñón contribuye en la formación de los huesos, la médula ósea, la sangre y el sistema nervioso. Es la reserva de vitalidad y resistencia del cuerpo.

El aparato genital es esencial y energéticamente una prolongación del riñón y utiliza esa ‘reserva extraordinaria’ para poder cumplir sus funciones igualmente extraordinarias, nutriendo la actividad reproductora, el impulso sexual, la ovulación, eyaculación, fertilización y gestación.

Cuando el riñón está fuerte, y su chi o fuerza vital es abundante, la vida sexual y reproductora es vigorosa y duradera.

Podríamos continuar enumerando todas las funciones que cumple el elemento agua y los riñones, pero con las citadas tenemos suficiente información para valorar su importancia.

Ahora llegamos a la cuestión clave ¿Cómo podemos ayudar a que nuestros riñones se conserven más fuertes y vigorosos y nuestros órganos sexuales más sanos?

Durante miles de años la población humana alcanzó la satisfacción sexual de forma natural, sin esforzarse demasiado. Hoy en día, muchas personas de ambos sexos tienen dificultad para alcanzarla, por no disponer de una carga suficiente de energía vital.

Por supuesto existen varias razones y algunas bastante complejas para debilitar el canal primario que nutre el cuerpo y de forma muy especial aporta la energía creadora del universo.

Un estado emocional alterado influye negativamente en la función sexual, como también lo hace un estilo de vida muy estresado, o una dieta caótica y desequilibrada.

Por ejemplo, la frigidez y la impotencia, son alteraciones, donde el ‘clima interno’ del cuerpo y de las glándulas endocrinas está carente de esa energía que llamamos fuego.

Desde la alimentación, ¿qué alimentos apagan el fuego de la vida y vuelven a una persona fría?

Los alimentos extremo yin, muy expansivos, que nos enfrían y debilitan son:

-Los azúcares rápidos (monosacáridos)

-Los refrescos y bebidas industriales

-Helados

-Frutas tropicales en climas no tropicales

-Exceso de fruta cruda y zumos de frutas en épocas muy frías

-Exceso de ensaladas y verduras crudas (especialmente en invierno)

-Leche y todo tipo de derivados lácteos

Por otro lado están los alimentos extremo yang, es decir, muy concentrados, que impiden el flujo de la fuerza vital ocasionando depósitos y saturaciones en todas las glándulas y en todos los órganos centrales del cuerpo, como son los del aparato genital.

Estos alimentos son:

-Quesos curados

-Huevos

-Grasas animales

-Embutidos, salazones, productos ahumados

-Carnes rojas, blancas…

-Marisco y pescado muy graso

El exceso en nuestra alimentación de estos dos extremos también influye en los estados anímicos:

- El exceso de alimentos yang nos da una carga muy contractiva que nos impide expresar sentimientos como la ternura y dificulta la capacidad de dar y recibir desde la libertad, sobrecargando la agresividad con la que a veces se expresa la sexualidad…

- Por otro lado, el exceso de alimentos yin, nos debilita y nos ‘enfría’, apagando hasta el fuego de la autoestima. Aparece la autocompasión, el miedo y la sumisión.

Un factor emocional terriblemente corrosivo, es el miedo. Íntimamente ligado a los riñones y la energía agua, el miedo, es la causa de muchos estragos en nuestra autoestima y nuestra creatividad.

Cuanto más baja sea la energía de los riñones, más expuestos estamos al desgate emocional y energético que conlleva.

Ya hemos hablado de los alimentos que no potencian nuestro canal central, ni nuestros riñones, ni nuestra energía sexual, y ahora toca hablar de lo que sí nos interesa introducir en nuestros hábitos alimenticios.

Una dieta equilibrada entre el yin y el yang, limpia, de forma que ayuda a que la fuerza vital fluya en nosotros sin impedimentos:

-Cereales integrales y biológicos.

-Legumbres, especialmente los azuki, pequeña judía roja, un regalo para tonificar la energía de riñones y aparato genital.

-Verduras biológicas, cocinadas de diferentes formas: vapor, escaldado, hervido, salteado, estofado… Cada estilo culinario nos aportará unas características muy diferentes y necesarias.

-Una pequeña cantidad diaria de algas, además de limpiar todas las acumulaciones que se hayan podido estancar en el cuerpo, nos aporta minerales, vitaminas y oligoelementos de fácil absorción y metabolismo. Así fortaleceremos nuestros riñones y nuestros huesos.

-Semillas y frutos secos, además de minerales, nos aportan ácidos grasos esenciales para el sistema nervioso y potencian las glándulas endocrinas.

Algunas recetas están especialmente indicadas para limpiar y sanar los órganos sexuales y tonificar los riñones.

Para concluir, merece la pena tener en cuenta que todo lo que potencia el elemento agua, los riñones y la energía sexual, no sólo favorece la salud física, emocional y mental, sino que es el soporte del desarrollo espiritual. Así pues, estas orientaciones alimenticias son igualmente válidas para toda persona interesada en un camino interior serio y comprometido, que vaya más allá de las teorías y los conceptos.

Más info: www.escueladevida.net


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