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El negocio del sol

Vicente Carbona

Ah, el verano. Cuerpos bronceados, relucientes y saludables; sol, agua y arena. Playa, paella y melón. Bikinis y Speedos rebosantes. Estas imágenes atraen a millones de personas de todo el mundo a venir aquí, a nuestro Mediterráneo, a vivir la buena vida con nosotros, aunque sea por unos pocos días.

Pero de repente aparecen nubarrones oscuros, y la voz ronca de los expertos interesados clamando: ¡Rayos uva! ¡Disminución de la capa de ozono! ¡Cáncer! Como para amargarte la fiesta. Es la temporada del negocio del sol, y en marketing, el miedo vende.

¿Qué hay de cierto o de falso en todo esto? Las respuestas son sorprendentes. A ver si, tomándolo todo con un poco de calma, desmontando mitos y asunciones erróneas, evaluando los consejos más racionales, podemos relajarnos este verano sabiendo lo que realmente es nocivo y lo que forma parte del marketing de las grandes compañías sin ningún fundamento sanitario.



¿El sol mata?

Es evidente que nuestros antepasados no tenían serios problemas con el sol. De hecho, hace 100 años, a nadie se le ocurriría salir a tomar el sol, si no fuera por petición explícita de su médico, y veremos por qué. Estaban al sol lo mínimo, y siempre en horas cuando menos quemaba. Habían razones más relacionadas al sentido común que a la moda.

Hoy, la moda dice que un buen bronceado ofrece la sensación de salud, algo que tiene que ver con alguien acostumbrado a estar en el campo, y no como nosotros los mortales comunes y blancuzos que vamos por la vida del piso al despacho. También dicen que tiene connotaciones sexuales atractivas, pues según conocedores del tema, un buen bronceado es señal de virilidad en hombres y de propensidad sexual en mujeres.

Además, un buen bronceado connota un alto nivel económico y social, y conjura imágenes de golf, regatas, días ociosos al lado de una piscina inmaculada. Todo esto ofrece la sugestión de sentirse bien, y se relaciona con autoestima y confianza. Tanto, que los salones de rayos UVA y lo último, el bronceado de cuerpo entero, ganan adeptos como moscas a fruta madura.

Por eso es extraño que algo tan relacionado con la salud y el bienestar vaya acompañado de campañas enteras de alarmantes datos y advertencias de que el sol es fatal si no sigues sus sugerencias. En efecto, parecen decir que demasiada aparente vitalidad te puede matar.

Cada primavera, como por orden de la naturaleza, comienzan a publicarse los tradicionales artículos en la prensa, y la publicidad de farmacias y empresas de productos bronceadores, advirtiendo de los peligros de tomar el sol sin precauciones. Una palabra destaca sobre las otras y produce escalofríos: ¡Melanoma!

Cánceres de la piel

No es para menos. Cualquiera que haya tenido que extirparse una de esas molestas y peligrosas manchas de la piel sabrá que no se trata de algo frívolo. Pero si no te mata el cáncer de la piel, puedes morir del susto de la publicidad:

“El melanoma es el tumor de piel más maligno que existe y se seguirá multiplicando en los próximos diez o quince años”.

“El número de pacientes con este cáncer de piel seguirá multiplicándose durante la próxima década”.

“Cada vez hay más casos de melanoma en el mundo y en España”.

“España registra cada año 80.000 nuevos casos de cánceres de piel, la mayoría motivados por exposiciones al sol”.

“El melanoma es la causa del 65 por ciento de las muertes como consecuencia del cáncer cutáneo”.

Y si esta estrategia no te convence, hay otras, como:

“El exceso de rayos ultravioleta provoca la aparición prematura de arrugas, de flacidez o de manchas”.

Todo este espanto apocalíptico se calma con un poquito de información. Una indagación cuidadosa demuestra que aunque el melanoma es ciertamente un peligro para tener en cuenta, la sensación de inminente catástrofe está algo exagerada. Veamos los datos.

Aunque puede ser verdad que cada vez se registran más casos de melanoma en España, no está claro si estos casos adicionales se dan porque el peligro va aumentando, o porque la gente se va sensibilizando al riesgo y acude más a los médicos, esto último algo muy positivo, sin duda. De todos modos, estamos hablando de un país en que la incidencia de cánceres de la piel, y de melanomas, está entre las más bajas del mundo.

En España, aunque se han triplicado los casos en las dos últimas décadas, se dan aproximadamente dos casos de melanoma por cada cien mil habitantes cada año. Esto tambiém está relacionado con un aumento del número de personas que va a la playa a tomar el sol, algo que nuestros padres y abuelos hacían muy raramente.

Comparativamente, los números en los países del norte de Europa, en Estados Unidos, y especialmente en Australia y Nueva Zelanda, son muy superiores.

En el Reino Unido, por ejemplo, los casos son de 10 por cada cien mil, en USA 32, y en Australia 43,5. Estos casos aparecen más entre mujeres de entre 40 y 50 años, de estatus social alto, y las lesiones se producen más a menudo en las extremidades inferiores. Entre los hombres la edad de alto riesgo es entre los 50 y 60 años, y se producen mayoritariamente en la espalda y el tronco.

Pero también es verdad que las personas que más padecen el melanoma son las que tienen la piel, los ojos y el cabello claros, y las personas que han sufrido dos o más quemaduras solares severas antes de los 18 años.

Aún así, aunque el exceso de sol es un desencadenante y acelerador de tumores cutáneos como el melanoma, “cada vez más se demuestra que existe un elevado factor genético. Es más, se cree que la mayoría de los melanomas son de origen genético", puntualizó el doctor Salvador Laguarda, dermatólogo del Hospital Casa de Salud de Valencia, en Panorama-Actual.es.

Y según datos de la Casa de Salud de Valencia, el melanoma es la causa del 65 por ciento de las muertes como consecuencia del cáncer cutáneo, así como del uno por ciento de todas las muertes por cáncer. El tratamiento más común de este tumor es su extirpación, aunque también se utilizan la quimioterapia, la radioterapia y la inmunoterapia. Con un diagnóstico precoz "se puede hablar de curación prácticamente total" según Amalio Ordóñez Gallego, jefe de la sección de Oncología Médica del Hospital Universitario La Paz.


Mitos de los bronceadores

A veces lo que no sabes te puede perjudicar menos que lo que te cuentan. No es inusual ver, cada primavera, diluvios de propaganda interesada que utiliza el miedo para venderte sus productos. Sin ánimo de descalificar, podemos mencionar las campañas veraniegas de las empresas de bronceadores y de los comercios y colectivos que las mercadean.

Como ejemplo podemos citar una reciente campaña de publicidad de un grupo de farmacéuticos, que advierte que la incidencia de melanomas y cánceres cutáneos mortales es alarmante y seguirá en aumento si no se toman medidas correctoras. En este caso, sólo te salvas si vas corriendo a la farmacia a comprar un bronceador. Pero ¿qué es?, y más al grano ¿qué hace un bronceador?

Los productos bronceadores y de “protección solar” alegan ofrecer protección adecuada contra el cáncer cutáneo porque “bloquean” los rayos UVA “peligrosos”, te protegen “todo el día”, y te hacen creer que si te cubres con lociones de “alto factor” puedes pasar el día en pleno sol sin problemas. Resulta que va a ser que no. Y todo esto sin mencionar que algunos de estos productos son testeados en conejos, que se afeitan y se exponen a rayos UVA untados de cremas altamente tóxicas para ellos.

De hecho, el nexo entre los efectos dañinos de los rayos ultravioleta y los cánceres de la piel están siendo cuestionados. Investigadores de la universidad de Manchester recientemente revelaron experimentos, que corroboran los resultados de investigaciones anteriores de Harvard University, en el sentido de que las cremas de protección contra el sol pueden estar interfiriendo con la producción corporal de vitamina D. El cuerpo, cuando los rayos del sol entran en contacto con la piel, produce esta vitamina, que es un arma natural contra el cáncer. Así que tendríamos que valorar cuántos cánceres se evitan con estas cremas y cuántos se causan.

Otros estudios científicos, como uno del Mount Vernon Hospital de Londres, han demostrado que los protectores solares, incluso los de factores altos y aplicados en cantidades apropiadas, no previenen cambios peligrosos en la piel que pueden provocar el cáncer. Según un artículo en el Guardian de Londres (2003), aunque las lociones ayudan a evitar las quemaduras, no son suficientemente efectivas para bloquear los rayos UVA.

“El ingrediente más importante para tener en cuenta es el óxido de zinc”, dice Don Kilday, presidente de Crown Laboratories Inc., empresa que comercializa Blue Lizard Australian Sunscreen, una de las pocas lociones que contienen ese ingrediente. "La clasificación de factor de protección solar (SPF) no tiene ninguna relación con la capacidad del producto de proveer protección contra los rayos UVA”.

Más recientemente, en marzo de éste año, se presentó una demanda de acción colectiva contra los cinco mayores productores de lociones bronceadoras en USA (que cubren un 70% del mercado total de estos productos). En el pleito se les acusa de “mentir” al afirmar la efectividad de sus productos de bloquear “todos los rayos solares dañinos”. Además, pidieron que las empresas farmacéuticas redireccionaran todas las ganancias obtenidas en la venta de estos productos a una fundación para la investigación del cáncer cutáneo “para el beneficio de las personas que han sido afectadas”.

Según expertos, las típicas lociones en el mercado no protegen adecuadamente contra los rayos UVA, los que causan el cáncer, pero sí son eficaces en bloquear los rayos UVB, la longitud de onda que ayuda al cuerpo humano, al entrar en contacto con la piel, a producir vitamina D, un ingrediente esencial que permite el organismo humano combatir el cáncer de forma natural.

Es evidente que los rayos solares, especialmente las ondas de UVB, son esenciales para el cuerpo humano. Además de ayudar al cuerpo a protegerse contra cánceres como los de mama, ovarios y de colon, también ofrece protección contra depresiones directamente relacionadas a la falta de vitamina D. Para algunos, los bronceadores no sólo no hacen lo que prometen, sino que causan más problemas de los que resuelven.



Cuidado con los ojos

Los ojos también requieren cuidado especial durante el verano. Mientras que la mayoría de células del cuerpo humano se autorenuevan, una excepción a la regla es las células de la lente del ojo. Estas células nunca se reemplazan: los daños se acumulan a lo largo del tiempo. Un resultado de estos daños puede ser la aparición de cataratas en edad avanzada.

“La lente funciona enfocando y transmitiendo la luz al interior del ojo. A veces, pequeños puntos o manchas blancas se forman en la lente. Estas manchas pueden ampliarse hasta convertir a la lente entera blanca lechosa, dispersando la luz y bloqueando la visión. Las personas con esta condición a veces sienten que ven el mundo a través de una cascada, y por eso los griegos antiguos nombraron a estos cambios nublosos ‘cataratas’ “, explica el Dr. Alan Greene en su página drgreene.com.

Hay muchas gafas de sol, y la mayoría no son efectivas para prevenir los efectos negativos de los rayos ultravioleta sobre la lente de los ojos. Las gafas de sol efectivas bloquean los rayos UVA y UVB, y además protegen contra la luz azul. Las mejores son de UV400 (400 nm es la longitud de onda de la radiación UVA), y eliminan hasta el 100% de la radiación peligrosa.

Pero unas gafas de sol inadecuadas, a pesar de su precio o su diseño, pueden ser incluso súmamente peligrosas. Las lentes oscuras bloquean el sol y hacen que las pupilas se dilaten, permitiendo que más radiación UVA penetre en el ojo y dañe la lente y la retina. Si las gafas no aseguran ser de UV400, es mejor no llevar gafas de sol.

“Enseñar a tus hijos a llevar gafas de sol podría ser más importante que ahorrar para pagar sus estudios universitarios”, agrega Greene.
Varios informes sugieren que las gafas de sol inadecuadas, especialmente las que tienen lentes coloreadas en rosa, azul o naranja, provocan peligros al no permitir a los usuarios distinguir ciertos colores que avisan de señales de peligro, como semáforos o luces de frenos. Pruebas han demostrado que hasta un 57% de las gafas de sol en el mercado no cumplen los reglamentos básicos de la UE sobre protección contra rayos UVA, algunas de ellas tan malas que no bloquean esos rayos en absoluto.

Normalmente, según los expertos, cuanto más “fashion”, menos protección. No basta con que la etiqueta diga “bloquea los rayos UVA”, debe indicar explícitamente que elimina del 99 al 100% de rayos UVA y UVB. Los rayos UVA pueden dañar la parte produnda del ojo, mientras que los UVB causan lesiones en las partes superficiales.

El sentido común

Ahora veamos algunos consejos de los expertos que nos pueden ayudar a disfrutar del verano, y del sol, sin miedo y sin problemas. La principal consideración al tomar el sol es evitar quemarse a toda costa. Las quemaduras provocan cambios sustanciales en las células cutáneas que pueden producir el cáncer. Pero hay que tener en cuenta también que el cuerpo humano necesita el sol para mantenerse sano.
Es buena idea evitar el sol durante las horas de más intensidad, esencialmente entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde, que es cuando los rayos UV son más peligrosos. Para los ojos, gafas protectoras son muy necesarias, especialmente si estamos cerca de superficies reflectantes, como arena o agua, o en lugares de mucha altitud como montañas.

Para evitar las quemaduras en la piel, se recomienda comenzar a acostumbrar a la piel poco a poco durante el principio del verano, exponiéndose un máximo de 10 minutos según la claridad de la piel, y recordando que no hay que arriesgarse a quemarse. Una vez se haya conseguido un bronceado adecuado se podrá pasar más tiempo al sol ya que la resistencia de las células a los rayos UV será mayor.

También es aconsejable usar pequeñas cantidades de bronceadores que contienen productos efectivos contra los rayos ultravioleta, como óxido de zinc, pero sin fiarse demasiado. Y recordando que también contienen productos que pueden ser peligrosos y hasta tóxicos. Las personas muy morenas también deben ejercer cuidado, ya que el mito de que las personas de color no se queman es eso, un mito.

Es importante tener en cuenta que aunque los bronceadores no siempre hacen lo que prometen, las asociaciones y grupos contra el cáncer sugieren que se siga usando alguna loción adecuada, ya que en el mejor de los casos previene quemaduras y algo de daño celular. Pero hasta los más altos factores de protección no son suficientes para filtrar todos los rayos. Hay que ser prudentes y cubrirse cuando el sol más quema. Esta es la única manera segura de proteger la piel. Ropa, gorra, sombrero o sombrilla eliminan un alto porcentaje de los riesgos solares.

Y otra sugerencia sencilla es consumir buenas cantidades de frutas y vegetales, porque ayudan a aumentar los niveles de antióxidos en el cuerpo, lo que ofrece protección contra los daños causados por la radiación solar.

Como dijo George Harrison de los Beatles en Here Comes the Sun: “Aquí viene el sol, y yo digo, no pasa nada”.

Más info:
http://es.news.yahoo.com/fot/ftxt/yahoo_120605_172213.html
http://www.medynet.com/elmedico/noticias/1999/02/24/n-7.htm
http://www.smh.com.au/articles/2006/03/31/1143441321662.html
http://www.guardian.co.uk/medicine/story/0,11381,1051314,00.html
http://www.drgreene.com/21_602.html
http://www.theanswerbank.co.uk/Article1433.html

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