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Federico Mayor Zaragoza:
En defensa de la Tierra



Por Raúl de la Rosa

¿Qué ha aportado en estos años la Carta de la Tierra a los problemas ecológicos y sociales que vivimos?

La Carta de la Tierra constituye un instrumento pedagógico y de guía gubernamental de primera clase, porque en realidad es el fruto de más de diez años de reflexión de muchas organizaciones no gubernamentales que al final, como sabe, nos unimos en relación al Consejo de la Tierra, convencidos de que teníamos que procurar hacer un compendio de todas las declaraciones que se realizaron durante la década de los 90. Ésta fue una década de una extrema riqueza desde el punto de vista espiritual, normativo, educativo, intelectual y cultural, al tiempo que por la deriva producida por la globalización. Se estaban hundiendo, o estaban procurando que se hundieran, unos principios que habían guiado la acción social desde siglos, pero sobre todo desde el final de la guerra del 39 al 45. Por eso esta Carta de la Tierra no se refiere sólo a aspectos ecológicos sino a algo más importante como es la responsabilidad que debe de ser compartida por todos los seres humanos, en relación a la vida humana, en relación a la democracia, a la paz, a la cultura, a la diversidad cultural. Yo creo sinceramente por eso que éste es uno de los grandes documentos hoy a difundir. Pero no hay que quedarse sólo de eso, en la propuesta, y en esto quiero ser muy claro, sino que los primeros que tienen que enterarse de la Carta de la Tierra son los gobernantes, son los parlamentarios, son los que finalmente toman decisiones que nos afectan a todos. Suele ser muy cómodo para ellos decir: "Sí, que lo aprendan en las escuelas"; pero nosotros tenemos que decirles: "No, los primeros que tienen que aprender son ustedes", porque ya está bien de ciudadanos resignados, de ciudadanos que estamos distraídos, que nos tienen distraídos.

Precisamente la pregunta que quería hacerle es ésa, ¿cree que aún estamos a tiempo de que los países asuman la Carta de la Tierra, y, sobre todo, si no es una ilusión teniendo en cuenta que los grandes intereses económicos, que han creado en buena parte la actual problemática, son los que de alguna forma marcan en muchas ocasiones las respuestas de los gobiernos?

Por eso mismo que usted dice no tenemos que esperar nada de los países, tiene que ser una respuesta de los ciudadanos. Por primera vez en la historia, gracias a la participación no presencial, los ciudadanos pueden rebelarse pacíficamente, pueden participar a 10.000 kilómetros de distancia a través de sms y de internet. Se ha terminado la época de la ciudadanía resignada, en realidad no somos ciudadanos, sino súbditos, espectadores pasivos, a lo sumo a veces reactivos, pero no somos pro-activos, no marcamos el paso, y la democracia significa, como usted sabe muy bien, que es el pueblo (demos-cracia) el que dirige, y el pueblo no dirige nada, incluso en las democracias más maduras. Nos cuentan, que es mucho, nos cuentan cada cuatro años en unas elecciones, o nos cuentan en unas encuestas públicas, pero esto no es democracia, democracia no es ser contado, es contar; democracia es ser tenido en cuenta; democracia es que sea el pueblo y no unos cuantos los que dirijan y diseñen el futuro de la humanidad. Por eso yo creo que es tan importante la Carta de la Tierra, porque habla de responsabilidad compartida por todos los ciudadanos. Mire, viendo aquí a Tàpies (señala la portada de un número anterior de Dharma desde donde el pintor Antoni Tàpies nos sonríe), recuerdo con frecuencia a un gran catalán, poeta que murió hace poco, que se llamaba Miquel Martí i Pol, que tiene un poema en el que dice que todo está por hacer y todo es posible, pero quién sino todos, quién sino todos; es decir, que ya no tenemos que esperar a ver qué hacen los poderes públicos, eso lo tenemos que hacer nosotros y este clamor popular puede demostrar que no es una utopía o mejor dicho que es una utopía, porque las utopías son las únicas que cambian el mundo, ¿usted conoce algo que hayan cambiado los realistas, dígame una sola cosa, que hayan cambiado los realistas?

Lo que hoy es utopía, mañana es realidad.


Los realistas no cambian nada porque aceptan la realidad, por eso tenemos que ser utópicos, pero pensando en que sólo lo podremos realizar, podremos pasar de los imposibles hoy a los posibles mañana, si logramos convencernos de que son problemas nuestros, no son problemas de los otros, son problemas sobre todo mirando a las generaciones futuras. Les debemos la palabra a nuestros hijos y a nuestros descendientes. El mundo está yendo cada vez peor, porque nos empeñamos en aceptar decisiones, aunque sea protestando, que no deberíamos aceptar, nosotros no deberíamos irnos a la cama a dormir sabiendo que en este día, han muerto 60.000 personas de hambre, esto es intolerable. Cómo nos podemos finalmente adaptar a esto y que al mismo tiempo estemos gastando para beneficio de los fabricantes de armas, como ha sucedido siempre. Al final siempre han sido ellos los que se han llevado el gato al agua, millones de dólares diarios en armas, pero es que además ahora el señor Bush acaba de proponer los escudos antimisiles, y todos callados. Europa tendría que decir no, precisamente por que somos sus amigos, precisamente porque somos sus aliados, les decimos no. Se ha terminado, la economía de guerra, tiene que terminar y como ahora no hay enemigos, se les ha terminado Irak, pues ahora tenemos que buscar otra manera.

Siempre está la justificación de un enemigo para seguir financiando el armamento y otras muchas cosas.

Exactamente, y por eso creo yo que ahora es muy importante que aprendamos a decir no, y aprendamos a elevar nuestra voz y aprendamos a decir que no estamos dispuestos a tolerar que ahora en lugar de 3.000 sean 3.500 millones diarios porque vamos a tener antimisiles, olvidando los acuerdos del mes de Octubre del año 1988 entre Reagan y Gorbachov, precisamente sobre misiles. Dices, hombre, se abre una nueva página; yo incluso escribí un libro que se llama así, porque creía que se abría una nueva pagina y ahora resulta que de la noche a la mañana el señor Bush y su administración cambia de rumbo. Hay que hacerle ver que también la paciencia de la humanidad tiene un límite y que Guantánamo y todas estas cosas y el no querer pertenecer al Tribunal Penal Internacional y haber situado a la Organización Mundial del Comercio fuera de las Naciones Unidas, son decisiones que están dañando gravemente a la humanidad y a la piel de la Tierra y a la Naturaleza. Por tanto les tenemos que decir, de nuevo pacíficamente, que se ha terminado y que vamos a montar este gran clamor popular, que lo que no debemos hacer es ser inocentes, decir aquí una cosita en una reunión, otra en otra y otra en otra, y que todo se vuelve al final una mentira.

Y a la propia iglesia hay que decirle con todo respeto, que en lugar de preocuparse tanto con cosas que no tienen nada que ver con el mensaje de Jesucristo, nos preocupemos de una vez de los grandes problemas que tenemos.

Los líderes religiosos católicos, concretamente el Papa, llega a Brasil y a otros lugares y lo único que se le ocurre decir como mensaje fundamental a la juventud es: sed castos. Me parece trágico dada la situación de penurias, de hambre, de sida, de enfermedades… que este tipo de mensajes sean los de un líder religioso, que creo que tendría que tener un criterio mucho más abierto y cercano a la gente y los dramáticos problemas que viven, y mucho más realista con los conflictos y dificultades de nuestro tiempo.

Yo no creo que tuviera que tener ni siquiera criterios nuevos; la religión católica se basa en Jesucristo, pues nada, que nos transmitan su mensaje con esa inmensa maquinaria de poder de este presidente del Vaticano. Que sepa que yo también soy creyente, pero que sepa también que no participamos de esa manera de pensar, ni de esa ingerencia, como es la iglesia dirigiéndose a la conciencia de los electores, como acaba de hacer, en lugar de denunciar las mentiras que se están diciendo por determinados candidatos, en lugar de determinar con precisión que la iglesia ni se pone de un lugar ni de otro. La iglesia lo único que quiere es el amor, favorecer que haya la atención adecuada a los más vulnerables, que no haya gente que se muera de hambre. La iglesia no debe entrar en dominios que no son propios del espíritu, si no de la ciencia; se lo digo como científico, enormemente respetuoso por otra parte en que hay otro espacio metafísico en el cual nosotros no tenemos que entrar porque no es el nuestro, pero en el físico que no interfiera continuamente el Papa y sus acólitos indicando cuestiones que no tienen nada que ver con la realidad científica. Por eso yo lo que pienso es que tendríamos que recordar a Juan Pablo II en un momento determinado, yo estaba presente, pidiendo disculpas por lo que la iglesia hizo con Galileo Galilei, porque estaba claro que era Galileo el que tenía razón y la iglesia la que no la tenía. Además, qué más le daba a la Iglesia que la Tierra fuera redonda o no lo fuera, y se moviera por sí misma.

Seguramente se trata de querer tener la razón en todo, sea en el ámbito que sea; una forma de manipular a la gente. El conocimiento es poder.
Bueno, entonces el Papa pide disculpas y dice “no es nuestro camino, nosotros tenemos un ámbito, ustedes los científicos tienen otro”. Lo que tenemos que hacer es discutir, debatir, pero no tener posiciones dogmáticas sobre nada.

Sin embargo, el Papa, Juan Pablo II, acabó con el movimiento, tan importante sobre todo en Sudamérica, de la Teología de la Liberación, que era algo esperanzador y una gran oportunidad para la iglesia de acercarse al pueblo, a su realidad y sus problemas, con Gustavo Gutiérrez Merino y Leonardo Boff a la cabeza, a quien por cierto realizamos una entrevista en el próximo número de Dharma.

Pues por eso yo quiero decir que detrás, aunque a veces se tomen decisiones que son muy lúcidas, está la inmensa maquinaria del estado del Vaticano. Esto es lo que a mí me preocupa, porque yo tengo muy claros los principios en que se basan ésta y todas las religiones; son principios de amor, de paz, de alteridad, de fraternidad. Sin embargo, ya le digo, a veces estoy muy asustado de que en temas, incluso de tipología estrictamente médica, como en relación al sida, se adopten posiciones que no son lógicamente las que esperamos que se deberían adoptar. Además, en temas como cuándo existe un ser humano, entre comillas, hay un debate fantástico desde hace siglos, pero en la época contemporánea tenemos en España un Javier Zubiri, tenemos un Pedro Lain que han establecido esto con gran precisión. La iglesia debe tener también la capacidad de escuchar a los demás y formar parte de este gran debate que es lo que tenemos que abrir. Es un gran debate, por eso a mí me encanta hablar de parlamento religioso, porque parlamento viene de parlar viene de hablar: vamos a hablar.

En este momento interviene Dokushó Villalba, que estaba siguiendo atentamente la entrevista.

Señor Mayor, volviendo un poco a la Carta de la Tierra, que yo considero que es una fuerza movilizadora muy importante y muy completa e integral para que los ciudadanos la conozcan y la asuman. Precisamente para que la conozcan debe difundirse, ¿cuál está siendo la función de los medios de comunicación en la difusión de la Carta de la Tierra?

Muy pobre, muy pobre, como en general todas las cosas que no forman parte de estas grandes cadenas. Cuando yo hablo de poder incluyo el poder mediático, porque claro es que hoy estamos viendo que hay libertad de expresión en muchos sitios, pero que al mismo tiempo lo que después se recibe depende de si se pertenece o no a la cadena de los grandes, y hay unos grandes medios que pertenecen a los más ricos del mundo, ¿verdad? Y entonces ya sabemos que es lo que nos van a filtrar. ¿Y qué es lo que nos filtran?: una serie de informaciones que a veces nos emocionan, nos llevan a pensar unas cosas u otras, pero que en general nos apartan de la reflexión propia. Educación, y esto lo repito porque creo que es muy importante, lo dijo Giner de los Ríos el año 1921, es dirigir la propia vida. Y claro, ¿qué tiempo tenemos para reflexionar?, ¿qué tiempo tenemos para pensar? Los ingleses lo llaman a esto screen-driver, estamos dirigidos por las pantallas, la pantalla del televisor, del pc, de los juegos electrónicos y ¿cuándo tenemos tiempo de pensar?, ¿yo qué pienso?, ¿yo qué creo? ¿Cuál es mi respuesta a las preguntas esenciales, cuál es mi respuesta por ejemplo a los escudos antimisiles? Resulta por otra parte que Europa es capaz de criticar o de considerar lo que sucede en Cuba sin mirar a Guantánamo, ¿cómo podemos mirar Cuba hoy, sin mirar a Guantánamo? ¿Cómo podemos mirar a China sólo como una gran fábrica de Occidente, sin mirar lo que está pasando en China? Esto no puede ser.

En realidad se fomenta la dirección socioeconómica que nos ha traído a esta trágica situación que vivimos actualmente. Comentaba usted la política de Bush, pero yo creo que el ciudadano a veces no advierte la magnitud de la realidad de lo que sucede, es decir además de los gobernantes políticos, están los grandes intereses económicos, que son las que realmente tienen el gran poder, y manejan de alguna forma las directrices económicas, que, al fin y al cabo, acaban siendo también sociales, pero el ciudadano no percibe fácilmente esta realidad. ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación que solamente fomenta intereses de grupos muy determinados?

Esta pregunta es muy buena, se trata del poder ciudadano. Lo que yo preconizo es que nos demos cuenta de que los ciudadanos tenemos un poder inmenso que no utilizamos. Por ejemplo, y esto yo ya lo he experimentado, si pensamos que lo que están transmitiendo por cualquier cadena de televisión, no es lo que nosotros pensamos que va bien para nuestros hijos, sobre todo los hijos pequeños, en determinadas horas, por que cada adulto que decida por su cuenta y que haga lo que le parezca, pero cuidado, en el articulo 39, en el convenio de los derechos del niño, hasta la edad de la emancipación los hijos dependen de sus padres o de sus tutores desde un punto de vista ideológico, de comportamiento, de creencias etc., y entonces tenemos que ser extraordinariamente capaces de decir esto que está pasando por tal cadena va en contra de lo que debería interesarle a nuestros hijos, y basta con un pequeño anuncio, que para eso si que tenemos dinero, un pequeño anuncio en la prensa del día siguiente: “La asociación de padres de no sé donde recomienda que no se adquiera ningún producto de los que se anuncian en esta cadena, hasta que no se cambie la programación”, y la cambian al día siguiente mismo, la cambian en 24 horas.

Es el poder del consumidor.

Recuerdo que cuando yo era director general de UNESCO, salía muy pronto de mi casa por la mañana y estaban poniendo unos anuncios que me parecían absolutamente obscenos y sobre todo porque los iban a ver los niños que salían a esa hora y se lo dije, al que me acompañaba al aeropuerto, dígale mañana a la señora tal de la asociación tal, que ella recomiende a todas las mujeres, sean o no sean de su asociación que por dignidad no compren los productos que se anuncian aquí, ni ninguno de los de esta firma que suscribe. Cuando regresé a las 48 horas ya no estaba el anuncio; quiero decirle que tenemos mucha fuerza, pero no la ejercemos.

Es una falta de organización social hábilmente promovida por el sistema; es más fácil manipular al individuo aislado, que al ciudadano agrupado.
Ahora hay muchas ONG, bueno pues que las ONG actúen de esta manera, que sean capaces de decir que no. En España, la prensa, incluso la prensa que presume de ser la más conservadora, tiene en medio, en las páginas centrales una serie de llamadas a los hombres principalmente, y también a las mujeres, sobre contactos de sexo. A mí me parece normal que esto exista en los kioscos o librerías para los adultos que lo quieran ir a mirar, que existan guías de esta naturaleza, es una libertad a la que no me puedo oponer, ahora, que en los periódicos que están disponibles para toda la familia, haya estas vergüenzas es absolutamente insoportable. Las imágenes y los textos son una degradación. Estamos hablando de la liberación de la mujer, de la ablación de los países islámicos, y uno coge el periódico y pone: &#Soy tu esclava sexual”, todo esto se acaba en el día en que se diga: “Nosotros recomendamos que dejen de comprar periódicos que fomentan esta vulgaridad”; esto no lo tiene Le Monde, ni el Herald Tribune, ni periódicos progresistas. ¿Por qué aquí vamos a tolerar estas vergüenzas?: porque toleramos todo.

Usted ha citado periódicos serios e independientes.

Hay que estimular el poder ciudadano; tenemos que intentar que en vez de que cada organización vaya a sus cositas pequeñas, se unan todas y estén muy relacionadas.

Uno de los grandes desafíos de nuestros tiempos es la indiferencia, la indiferencia sobre todo juvenil; dicen: “No, no hay nada que hacer, todas estas organizaciones no sirven para nada”, pero el poder ciudadano es grande y podemos unirnos, y digamos no, sea usted del partido que sea, sea usted de la religión que sea, no debemos tolerar que sucedan estas cosas.

Pero esto forma parte de la estrategia del sistema, de separar a la gente, de aislarla, de hacer individuos en lugar de sociedad. Lo difícil es, en este momento, que la sociedad vuelva a unirse y pueda enfrentarse a estos mecanismos socioeconómicos que desconoce totalmente, que no sabe cómo se manejan. No sabemos cómo funcionan las grandes decisiones, así es muy difícil oponerse, aunque nos unamos, porque no sabemos cómo, ni dónde, ni de qué forma se utilizan estos mecanismos.
Pues aquí está el papel de revistas como la suya, como Dharma, para contribuir a esta relación, a decir: todos nos tenemos que unir progresivamente para hacer ver a los que mandan que han concluido los súbditos y que ahora tenemos ciudadanos, y los ciudadanos son personas que se expresan, que participan y que tienen que decir que no, cuando creen que tienen que decir que no. En una reunión para el diálogo, y de eso yo sé un poco, lo único que hay que exigir es que nadie llegue imponiendo su criterio a los demás y menos imponiéndolo por la fuerza. La palabra lo único que tiene que excluir es el uso de la fuerza, pero que sepan que cuando uno se reúne para hablar, el principio es aceptar a cualquier persona, cualquier manifestación suya, que sea incluso totalmente contraria a la nuestra.

Renunciar a imponer algo por la violencia.

Exacto, renunciar a imponerlo por la violencia. Cuando uno se reúne tiene que aceptar que los otros piensen lo contrario desde un punto de vista ideológico, desde un punto de vista religioso, desde un punto de vista de pertenencia, de religiosidad…

Esto es un enriquecimiento de la persona y de la sociedad.

En ese momento interviene Mª José Viqueira, colaboradora de Dharma y profesora titular de filología de la universidad de Valencia.
Sería interesante que las universidades participáramos de una manera activa en promover la Carta de la Tierra, y llegar a los profesores para que por la vía profesor-alumno se llegara a conocer. El papel de las universidades, que realmente son las que están más cerca de los ciudadanos que en menor tiempo van a ocupar puestos de trabajo, debería de ser el de una cadena transmisora. Pero la realidad es que estamos desvinculados, como si la universidad y la ciencia fuesen por un lado y la política y el movimiento social, como es el caso del tema de la paz, fuese por otro. ¿Cómo logramos esa conexión pragmática del día a día, cómo lo hacemos?

Para eso tenemos que tener este acceso a los medios de comunicación, y utilizar cada uno sus medios, cada uno su internet, su web, su portal, cada uno el acceso que tenga a los medios. Hay que hacer todo lo que podamos para convencer a la gente, pero sobre todo para convencer a los que están arriba, que estamos llegando a un momento en el que, por ejemplo, necesitamos no votar: no votaremos más hasta que no cambien las cosas, ¿por qué? Pues, porque no estamos de acuerdo con este tipo de democracias ni con este tipo de partidos, ¿dónde están los debates parlamentarios?

¿Y dónde están las universidades?, insiste Mª José Viqueira.

Eso, ¿dónde están? Están en silencio; yo tengo un poema que se llama “Delito de Silencio”, fíjese usted hasta que punto llego, es un delito, pero es un delito sobre todo institucional, porque uno puede pensar que hay gente que no se atreve a hablar, pero las instituciones tienen que hablar, las instituciones no pueden seguir calladas. Y aquí volvemos a lo mismo, los ciudadanos tenemos que decirles a las instituciones académicas, universitarias, a los centros de investigación: esperamos su voz, esperamos que no se callen nunca más, porque tienen que hablar, y los primeros que tienen que hablar son las instituciones; ahora, no diciéndoles, y esto es un consejo mío a los jóvenes, que hagan lo que nos corresponde hacer a nosotros, porque a quienes corresponde cambiar es a nosotros, no a ellos. Ellos pueden ser el fruto de este cambio, pero los que tenemos que cambiar de una vez somos nosotros.


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