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La macrobiótica:
Una filosofía de vida




La Macrobiótica como medicina preventiva

La Macrobiótica nació a principios del siglo XX en Japón y pretende aliviar un buen número de dolencias a través de la alimentación. Además de ser utilizada como sistema curativo, se emplea también como sistema preventivo o, mejor aún, algunas personas la usan como una forma sana y equilibrada de ver la vida. Para la Macrobiótica muchos de los problemas de salud tienen su origen en la mala selección y asimilación de los alimentos y su deficiente calidad. Nuestro organismo desarrolla procesos para compensarlos y los llamamos enfermedades. Conocer en profundidad cómo actúan los alimentos en nuestro organismo de forma global, teniendo en cuenta incluso su aspecto energético, es uno de los objetivos de la Macrobiótica.

En nuestra cultura este aspecto energético todavía es desconocido, y ésta es la razón por la que hay una serie de alimentos que hoy en día seguimos consumiendo sin saber que nos aportan más desequilibrios que beneficios. En nuestra tradición occidental más antigua, muchos de los alimentos que actualmente utilizamos estaban excluidos por considerarse desequilibradores de nuestra salud. Todavía hoy, algunos médicos, conocedores de tal saber, cuando alguien tiene acumulación de ácido úrico, colesterol, triglicéridos, etc., proporcionan al individuo una lista de tales alimentos prohibidos.

El yin y el yang, opuestos y complementarios

El fundamento más importante de la Macrobiótica lo encontramos en la filosofía oriental y los cinco elementos, que está basado en las dos fuerzas naturales opuestas que se complementan entre sí y que forman un todo, un principio único yin y yang. Yin significa expansión y yang contracción; es decir, son los dos polos opuestos de mayor influencia en el Universo. Yin y yang se alternan continuamente en un eterno fluir, a la vez que uno contiene al otro y a la inversa.

Los ciclos pequeños dentro de los grandes ciclos

Las disciplinas o los métodos orientales están basados en el conocimiento profundo y preciso de los ciclos de la Naturaleza. La intención siempre es la misma: preveer los desequilibrios del ser humano y de su entorno natural.

Un ciclo energético entero tiene una duración de diez años. Es el tiempo que tarda la energía circulando alrededor de los planetas. Un ciclo más corto es el de un año. Es el tiempo en que la energía hace un recorrido alrededor del Sol siendo todavía el ciclo más importante el de un día con sus veinticuatro horas. La medicina oriental descubrió que durante el día nuestro organismo dispone de otro reloj, que tiene que ver con los meridianos de energía que se modifica cada dos horas y que marca los cambios que produce la energía en los órganos del cuerpo. Este reloj nos dice qué órgano está dando la señal de peligro sabiendo el momento en que nos hace daño o presentando una tipología específica. Así podemos saber también cómo contrarrestarlo. Además, hay que tener en cuenta que cada órgano tiene su parte yin y su parte yang (por ejemplo, se habla del yin de hígado y del yang de hígado). Por lo tanto, a la hora de intervenir lo hacemos siempre contemplando las dos fuerzas que están presentes en cada uno de los órganos de nuestro cuerpo y que a su vez son opuestas y actúan por separado.

Como analogía, tendríamos la electricidad que circula por los cables. Ésta se dividide en dos polos, el positivo y el negativo. En el terminal o enchufe aparecen las dos fases por separado y si falla una no hay luz.



El otoño

El ciclo anual se divide en cuatro estaciones. Son los periodos que recorre la energía cuando pasa de una fase a otra, transformándose. El año se inicia con la primavera que es la energía ascendente. Cuando llega a un nivel máximo de subida pasa a expandirse. Con este proceso empieza el verano. Después de la gran expansión comienza un proceso de contracción que es el otoño. Y, finalmente, se inicia un proceso de descenso hacia el interior de la tierra que es el invierno. La filosofía oriental antigua tenía tal respeto por estos ciclos de la energía que cuando condenaban a muerte a un preso esperaban al otoño para ejecutarlo. Esto se hacía para no ir contra el proceso de la energía. Si lo hubiesen hecho en primavera, cuando la energía está en pleno ascenso, el sufrimiento de los familiares y los amigos del preso por haber presenciado este hecho hubiera roto el proceso energético de tal manera que un año después se habría convertido en una enfermedad.

Por esto, esperaban que la naturaleza produjera una contracción de la energía de pulmón que es la que produce la tristeza y el sufrimiento para que esta experiencia negativa coincidiera plenamente con el proceso energético natural. De esta manera, ningún órgano quedaba dañado, ni se producían deficiencias irreparables.

La energía Wei Qi o sistema de defensa del cuerpo

Uno de los principales tipos de Qi es la energía defensiva o Wei Qi que se suele equiparar con el concepto occidental de sistema immunitario. El Wei Qi se considera el principal sistema de defensa que tiene nuestro organismo contra los ataques por parte de los “males externos”. Si el Wei Qi o sistema inmunológico es fuerte, la persona tendrá menos probabilidades de sufrir las enfermedades relacionadas con agresiones patológicas que provienen del exterior del cuerpo. Esta energía Qi no circula por la sangre sino a través de la piel, donde controla la apertura de los poros para regular la temperatura corporal y el grado de humedad de ésta.

Cómo circula el Qi de defensa

El sistema de defensa, según la medicina oriental, sólo circula de día: sube por la columma vertebral, atraviesa la cabeza por la mañana y baja por la parte frontal del cuerpo por la tarde, para llegar a la parte inferior de la columna por la noche desde donde se retira al interior del cuerpo. Esto significa que la hora a la que se produce una agresión externa es muy importante en la medicina oriental porque nos da una referencia clara de qué esta pasando y dónde, es decir, en qué órgano está la causa. Por ejemplo, una agresión en la cabeza ocurrida por la mañana puede dañar el sistema inmunológico y será mas difícil de tratar que una lesión ocurrida por la tarde.



Cómo potenciar el sistema de defensas

El equivalente tradicional de la medicina oriental para estimular el sistema inmunitario se denomina terapia de refuerzo de la constitución. Esta terapia ayuda a aumentar la resistencia frente a las enfermedades, a prevenir las lesiones de los tejidos, a destruir células anómalas y a regular las funciones corporales. Las alergias, la apatía, las infecciones constantes y una cicatrización lenta son carencias de inmunidad. En esta terapia se utilizan básicamente los alimentos adecuados y las hierbas.

Actualmente estas hierbas son de gran utilidad para combatir los efectos secundarios de las técnicas médicas occidentales agresivas para el sistema inmune como son la quimioterapia y la radioterapia.

Por otro lado, es importante señalar y destacar que el potenciador más importante de nuestro sistema inmunitario es el calostro materno (el primer refuerzo del sistema inmune) con el que nos alimentamos una vez que acabamos de nacer y, posteriormente, la leche materna durante el periodo de lactancia. Este primer alimento que introducimos en nuestro cuerpo en el primer momento de nuestra vida tiene como objetivo biológico potenciar, estimular y reforzar nuestro sistema inmune para toda nuestra vida, aunque más tarde lo iremos desgastando. En realidad podría decirse que en gran medida todo depende de este primer momento. Es un medio natural para que nuestro cuerpo tenga la habilidad de defenderse contra las infecciones. Esto es así para todas las especies de mamíferos.

Alimentos que estimulan el sistema inmune

Los alimentos que ayudan a mejorar nuestro Qi, o sistema inmunológico, son todos los que tienen una energía tonificante o sedante del sistema bazo-páncreas. Esto significa que los alimentos que tonifican el yin del páncreas o que relajan el yang del páncreas suelen ser alimentos muy variados aunque cada uno tiene una función específica. La tabla de alimentos que presentamos más arriba es orientativa. Si bien todos estos alimentos repercuten directamente en el sistema de defensa, hay grandes matices que tendríamos que especificar en cada caso.

Por ejemplo, el zumo de uva negra es un gran tonificante pero la dosis debe de ser pequeña (una o dos cucharadas soperas). Si se sobrepasa ya no estamos tonificando sino saturando. Por esta razón, hay que entender que no hay pautas estandarizadas. Cada desequilibrio presenta un cuadro único y, aunque podamos seguir unas pautas comunes y ver que a personas distintas se corresponden unas mismas respuestas y propuestas, hay ligeras diferencias que hay que tener en cuenta.

Loli Curto
Naturópata.
Especializada en Dietoterapia,
Fitoterapia, Aromaterapia y Filosofía Oriental
lolicurto@feng-shui.es



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