

Por Mª José Viqueira
Se habla abundantemente de los problemas de nuestros días, pero ¿no cree que se podía entrar más en la espiritualidad como solución a muchos de los problemas de nuestro tiempo; es decir, la espiritualidad versus la religiosidad?
Yo creo que en todas partes se siente que las personas están cansadas de los bienes materiales, del consumo, y que hay una vuelta de la dimensión espiritual, no como un dato de las religiones, sino como un dato de la búsqueda humana. La religión no tiene el monopolio de la espiritualidad, sino que la espiritualidad es el momento en que la conciencia se manifiesta, en que uno se siente parte de un todo y se da cuenta de que hay una energía por detrás de las cosas, y que puede dialogar con esa energía en ese momento. Es el momento de la espiritualidad.
¿Qué le parecen a usted las posturas un tanto medievales de los líderes religiosos, que van a hablar a la población de que los jóvenes sean castos, en lugar de abordar los problemas reales?
Creo que gran parte de las religiones están enfermas hoy, la enfermedad del fundamentalismo, es decir, consideran sus doctrinas como las únicas verdaderas y lo doctrinario como lo principal, más que lo espiritual.
¿Diría usted entonces que la Iglesia Católica, la que conocemos hoy en día, se está comportando de una manera un tanto fundamentalista?
Creo que ciertos estratos importantes de la curia romana, incluyendo el actual Papa, son netamente fundamentalistas. Un Papa que va a Brasil y dice que fuera de la Iglesia no hay salvación, sabiendo de la multiplicidad de religiones, de las grandes tradiciones indígenas, es un Papa fundamentalista.
En este sentido podríamos hablar del totalitarismo de la iglesia vaticana. Sabemos que el anterior Papa, tuvo problemas con usted. Se enfadó mucho, parece ser, en el aeropuerto de Sao Paulo; ¿qué le dijo?
Sí. En el fondo el Papa me pidió que fuera obediente a la Iglesia.
¿Su enfado fue por su falta de obediencia a la Iglesia, según él?
Sí. Yo le dije lo importante que es la obediencia al Evangelio y a Jesús, porque por encima del Papa y de la Iglesia, está el Espíritu Santo y el Evangelio, y está Jesús.
Pero con quien tuvo problemas más graves fue con Ratzinger, el actual Papa, ¿no?
-Sí. Ratzinger no me excomulgó, pero me obligó a sentarme en la silla de Galileo Galilei, me impuso un proceso religioso.
¿Y por qué razón lo hizo?
Porque yo escribí un libro Iglesia, carisma y poder, que aplicaba las teorías de la liberación a las relaciones internas de la Iglesia. Yo les decía que hay relaciones en la Iglesia que son opresoras. La forma en que trata a las mujeres; infantilizándolas, disminuyéndolas; infantilizando a los laicos; no respetando los derechos humanos. Esto hace que la Iglesia no sea creíble cuando habla de liberación, y eso ellos no lo aceptaron y me han sometido a años de silencio obsequioso, me han depuesto de la cátedra y me han prohibido escribir, publicar. Una pena bastante dura.
¿Qué podemos hacer para fomentar el amor y disminuir la pobreza de una manera práctica?
Creo que lo que hace falta en las personas es el contacto directo con la pobreza. La mayoría ve la pobreza a través de los medios, de los periódicos
, pero no ve el rostro del que sufre. No ve los niños con hambre, a las madres desesperadas. Cuando uno se encuentra con la realidad así, se siente nuevo, renace la humanidad que hay escondida en cada uno, y ahí dice: tenemos que hacer alguna cosa, eso no puede continuar así.
¿No cree que la Iglesia ha perdido una gran oportunidad al no hacer caso a la Teología de la Liberación, de ser realmente una gran iglesia universal?
Yo creo que realmente es la primera vez que la Iglesia ha deservido a los pobres, porque esa teología de la liberación tiene como marca registrada la opción por los pobres contra la pobreza, trabajar con los pobres, devolverles la dignidad.
Sí, los derechos humanos, en definitiva.
Sí, los derechos humanos. Si se condena a los aliados de los pobres, se refuerza a los enemigos de los pobres. La Iglesia ha perdido una gran oportunidad de decir: Estamos con vosotros porque Dios está del lado de los pobres, bienaventurados los pobres, pero no ha tenido la valentía y el talento evangélico para dar ese paso.
¿Por qué cree que las autoridades eclesiásticas han dado una respuesta tan dura como el caso de la iglesia de San Carlos que cerraron hace unos meses por la forma tan directa y humanitaria de relacionarse del sacerdote con la gente?
Porque a las iglesias articuladas con los poderes no les gustan los pobres. Consideran a los pobres en contra y que los pobres perjudican más a la Iglesia que ayudan, y siendo así, traicionan el legado de Jesús, y una Iglesia que hace eso no está en la Iglesia de Jesús. Tiene que ser criticada, y hay que decir que no es una Iglesia evangélica, que Jesús jamás haría eso; los laicos tienen derecho a resistir, denunciar y mantener una organización básica, porque la Iglesia es más que un edificio, más que una casa; es una comunidad de creyentes.
¿Cree usted que el sistema neoliberal ha aumentado la diferencia entre las sociedades? ¿Cree que hay forma de que haya un encuentro efectivo entre las sociedades para que se lleguen a abrazar la Tierra, que es en definitiva su lema?
Yo creo que al seguir la lógica del sistema de capital vamos al encuentro de lo peor, porque con el sistema neoliberal y capitalista vamos hacia lo peor, porque está estructurado para crear riqueza, no para crear una economía de la suficiencia; y esa riqueza está construida a costa de la pobreza, de la marginación. De una parte hay una acumulación como nunca en la historia, pero jamás tan pésimamente distribuida, pero esto pertenece al sistema mismo, que está ahí para crear riqueza y no para distribuir caridad o integrar personas humanas, de ahí el carácter perverso e inhumano del capitalismo..
(...)
(Extracto del artículo publicado en Dharma 8).
Abrazar la Tierra