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Entrevista con Leonardo Boff
Abrazar la Tierra

Por Mª José Viqueira

Leonardo Boff nació en Brasil. Es doctor en Teología y Filosofía por la Universidad de Munich en Alemania. En 1959, ingresó en la Orden Franciscana de los Frailes Menores. Ha sido uno de los pioneros de la Teología de la Liberación. Un movimiento que nació dentro del seno de la fe cristiana para luchar contra la miseria y la marginación.

Ardiente defensor de los Derechos Humanos, ha formulado una nueva perspectiva de los Derechos Humanos a partir de América Latina, con los “Derechos a la Vida y a los medios para mantenerla con dignidad”.

Es doctor Honoris Causa en Política por la Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund (Suiza). El 8 de diciembre del 2001 le fue otorgado en Estocolmo el Right Livelihood Award, conocido también como el Nobel Alternativo.

En 1984, en razón de sus tesis ligadas a la Teología de la Liberación expuestas en su libro “Iglesia: Carisma y Poder”, fue sometido a un proceso por parte de la Sagrada Congregación para la Defensa de la Fe, ex Santo Oficio, en el Vaticano. En 1985 fue condenado a un año de “silencio obsequioso” y depuesto de todas sus funciones editoriales y académicas en el campo religioso. Dada la presión mundial sobre el Vaticano le fue levantada la pena en 1986, pudiendo retomar algunas de sus actividades.

En 1992, habiendo sido amenazado de nuevo con una segunda punición por las autoridades de Roma, renunció a sus actividades sacerdotales y se autopromovió al estado laico. “Cambio de trinchera para continuar en la lucha”.
Es autor de más de sesenta libros sobre teología, espiritualidad, filosofía, antropología y mística.



Se habla abundantemente de los problemas de nuestros días, pero ¿no cree que se podía entrar más en la espiritualidad como solución a muchos de los problemas de nuestro tiempo; es decir, la espiritualidad versus la religiosidad?

Yo creo que en todas partes se siente que las personas están cansadas de los bienes materiales, del consumo, y que hay una vuelta de la dimensión espiritual, no como un dato de las religiones, sino como un dato de la búsqueda humana. La religión no tiene el monopolio de la espiritualidad, sino que la espiritualidad es el momento en que la conciencia se manifiesta, en que uno se siente parte de un todo y se da cuenta de que hay una energía por detrás de las cosas, y que puede dialogar con esa energía en ese momento. Es el momento de la espiritualidad.

¿Qué le parecen a usted las posturas un tanto medievales de los líderes religiosos, que van a hablar a la población de que los jóvenes sean castos, en lugar de abordar los problemas reales?

Creo que gran parte de las religiones están enfermas hoy, la enfermedad del fundamentalismo, es decir, consideran sus doctrinas como las únicas verdaderas y lo doctrinario como lo principal, más que lo espiritual.

¿Diría usted entonces que la Iglesia Católica, la que conocemos hoy en día, se está comportando de una manera un tanto fundamentalista?

Creo que ciertos estratos importantes de la curia romana, incluyendo el actual Papa, son netamente fundamentalistas. Un Papa que va a Brasil y dice que fuera de la Iglesia no hay salvación, sabiendo de la multiplicidad de religiones, de las grandes tradiciones indígenas, es un Papa fundamentalista.

En este sentido podríamos hablar del totalitarismo de la iglesia vaticana. Sabemos que el anterior Papa, tuvo problemas con usted. Se enfadó mucho, parece ser, en el aeropuerto de Sao Paulo; ¿qué le dijo?

Sí. En el fondo el Papa me pidió que fuera obediente a la Iglesia.

¿Su enfado fue por su falta de obediencia a la Iglesia, según él?

Sí. Yo le dije lo importante que es la obediencia al Evangelio y a Jesús, porque por encima del Papa y de la Iglesia, está el Espíritu Santo y el Evangelio, y está Jesús.

Pero con quien tuvo problemas más graves fue con Ratzinger, el actual Papa, ¿no?

-Sí. Ratzinger no me excomulgó, pero me obligó a sentarme en la silla de Galileo Galilei, me impuso un proceso religioso.

¿Y por qué razón lo hizo?

Porque yo escribí un libro “Iglesia, carisma y poder”, que aplicaba las teorías de la liberación a las relaciones internas de la Iglesia. Yo les decía que hay relaciones en la Iglesia que son opresoras. La forma en que trata a las mujeres; infantilizándolas, disminuyéndolas; infantilizando a los laicos; no respetando los derechos humanos. Esto hace que la Iglesia no sea creíble cuando habla de liberación, y eso ellos no lo aceptaron y me han sometido a años de silencio obsequioso, me han depuesto de la cátedra y me han prohibido escribir, publicar. Una pena bastante dura.

¿Qué podemos hacer para fomentar el amor y disminuir la pobreza de una manera práctica?

Creo que lo que hace falta en las personas es el contacto directo con la pobreza. La mayoría ve la pobreza a través de los medios, de los periódicos…, pero no ve el rostro del que sufre. No ve los niños con hambre, a las madres desesperadas. Cuando uno se encuentra con la realidad así, se siente nuevo, renace la humanidad que hay escondida en cada uno, y ahí dice: tenemos que hacer alguna cosa, eso no puede continuar así.

¿No cree que la Iglesia ha perdido una gran oportunidad al no hacer caso a la Teología de la Liberación, de ser realmente una gran iglesia universal?

Yo creo que realmente es la primera vez que la Iglesia ha “deservido” a los pobres, porque esa teología de la liberación tiene como marca registrada la opción por los pobres contra la pobreza, trabajar con los pobres, devolverles la dignidad.

Sí, los derechos humanos, en definitiva.

Sí, los derechos humanos. Si se condena a los aliados de los pobres, se refuerza a los enemigos de los pobres. La Iglesia ha perdido una gran oportunidad de decir: “Estamos con vosotros porque Dios está del lado de los pobres, bienaventurados los pobres”, pero no ha tenido la valentía y el talento evangélico para dar ese paso.

¿Por qué cree que las autoridades eclesiásticas han dado una respuesta tan dura como el caso de la iglesia de San Carlos que cerraron hace unos meses por la forma tan directa y humanitaria de relacionarse del sacerdote con la gente?

Porque a las iglesias articuladas con los poderes no les gustan los pobres. Consideran a los pobres en contra y que los pobres perjudican más a la Iglesia que ayudan, y siendo así, traicionan el legado de Jesús, y una Iglesia que hace eso no está en la Iglesia de Jesús. Tiene que ser criticada, y hay que decir que no es una Iglesia evangélica, que Jesús jamás haría eso; los laicos tienen derecho a resistir, denunciar y mantener una organización básica, porque la Iglesia es más que un edificio, más que una casa; es una comunidad de creyentes.

¿Cree usted que el sistema neoliberal ha aumentado la diferencia entre las sociedades? ¿Cree que hay forma de que haya un encuentro efectivo entre las sociedades para que se lleguen a abrazar la Tierra, que es en definitiva su lema?

Yo creo que al seguir la lógica del sistema de capital vamos al encuentro de lo peor, porque con el sistema neoliberal y capitalista vamos hacia lo peor, porque está estructurado para crear riqueza, no para crear una economía de la suficiencia; y esa riqueza está construida a costa de la pobreza, de la marginación. De una parte hay una acumulación como nunca en la historia, pero jamás tan pésimamente distribuida, pero esto pertenece al sistema mismo, que está ahí para crear riqueza y no para distribuir caridad o integrar personas humanas, de ahí el carácter perverso e inhumano del capitalismo.

¿Cree usted que aún estamos a tiempo de que los países se den cuenta y asuman que el cambio que se está dando en el mundo no es una utopía, que es algo real, que puede ser auténtico y llegar a buen fin y, de alguna manera, cambiar su manera de actuar?

Yo creo que la mayoría de los empresarios no han despertado con respecto a la pluralidad del estado de la Tierra. Siguen haciendo su negocio como si estuvieran sobre el Titanic, que se está hundiendo, y pensando que todo seguirá igual. Una total inconsciencia. Pero hay grupos que han despertado y se han dado cuenta de que esta vez no hay un arca que nos salva a algunos y deja perecer a otros. Esta vez o nos salvamos todos o perdemos todos. Entonces intentan reunirse y cambiar estrategias de producción, ahorrar energía, hacer que se emitan al aire menos gases que producen efecto invernadero. Pero yo temo que no hay tiempo suficiente, ni suficiente sabiduría en la humanidad, para realizar los cambios necesarios y que vamos a pagar un altísimo precio para la supervivencia de la humanidad.
Entonces, ¿cree que vale la pena seguir luchando o damos por perdido el proyecto humanidad?

Yo creo que no hay que aceptar las derrotas sin antes presentar las batallas, como decía el Quijote. Presentemos las batallas. Yo, en el fondo, tengo la esperanza de que, cuando el agua llegue a la nariz de las personas y el fuego llegue a la piel, van a cambiar. Van a reaccionar para salvarse, y ahí salvarán a la humanidad. Pero pagando un alto precio en cuanto a la pérdida de la biodiversidad. Millones de personas tendrán que desaparecer.



¿Considera un peligro para las libertades que los medios de comunicación estén en manos privadas y que estén ligadas a los grandes intereses económicos?

Creo que una de las grandes perversidades que hay en el mundo es la articulación de los poderes; poder militar con lo económico, con lo mediático, y que juntos tienen la hegemonía en la conducción de la globalización. Le dan una dirección que les interesa a ellos. Inventan o distorsionan los hechos, o dan las versiones que les convienen. Entonces, uno como ciudadano nunca sabe dónde está la verdad. Por eso tiene que ser fundamentalmente crítico.

Desde Dharma tratamos de poner especial énfasis en los aspectos éticos, ya que nos llama la atención que actualmente no se enseñe ética en las escuelas. ¿Por qué cree que sucede esto?

Porque la ética es incómoda al sistema, porque al sistema no le interesa que les enseñen que hay que ser transparente, que no hay que ser corrupto, que no hay que explotar a los demás. Porque él vive de ese conjunto de antivalores que beneficia al sistema, que propicia la acumulación. Entonces, la ética es un freno, es una crítica interna al sistema, por eso la tolera pero no la favorece.

¿Qué opina de que estemos intentando, peor que mejor, limitar la contaminación a través del protocolo de Kioto, y las grandes empresas de la energía y el Banco Mundial sigan invirtiendo en centrales térmicas de carbón? Hay una contradicción ¿no?

Sí, yo creo que el problema es el siguiente: este sistema imperante ha producido el calentamiento global; sea por la energía fósil del petróleo, sea por el carbón. Entonces buscar alternativas de energías, es querer mantener el sistema. Lo que hay que buscar es una alternativa al sistema. Significa otra manera de producir, otra manera de consumir, otra manera de tratar la Naturaleza y la Tierra. Si no hacemos esto, podemos llegar a lo que les ocurrió a los dinosaurios, y muchos no están dándose cuenta de esto.

¿Qué se puede hacer con el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización Mundial del Comercio (OMC)? ¿No hay forma de controlar sus políticas contrarias a la sociedad a nivel planetario? ¿Qué puede hacer la sociedad para impedir sus manejos?

Yo creo que la Organización Mundial del Comercio es la gran arma de los países ricos, que tiene ahí la parte leonina de las leyes, las determinaciones para garantizar sus ganancias, sus comercios. Yo creo que, cada vez más, la sociedad, por lo menos en los foros sociales mundiales, se manifiesta masivamente. Siempre que se reúnen los G8, los grandes ricos, hay grandes manifestaciones. Siempre que el Banco Mundial tiene sus reuniones, hay grandes manifestaciones. Esto significa que la sociedad civil mundial ya no acepta ese camino, y que aunque no es suficientemente fuerte para tener la hegemonía, impone límites a la dominación de los poderosos.

¿No le parece la postura ecológica de Al Gore y de Blair, que tienen poder, en cierta medida, un tanto oportunista?

Sí, yo creo que es un poco oportunista y poco crítica, porque sea Al Gore, sea Blair, no ponen la alternativa al sistema, pone una alternativa a energías menos polucionantes. Alternativas como el alcohol, el etanol, pero para mantener el mismo nivel de consumo, el mismo nivel de gases que se emiten en el aire, suponen, porque es inevitable, un aumento del calentamiento. No es la solución. Eso es un oportunismo, tal vez con intereses políticos para obtener una elección eventual, o para tener también una hegemonía en el discurso ecológico, pero no va a la raíz del problema, sino que permanece en la superficie.

¿Existe alguna alternativa al neoliberalismo en la actualidad o estamos abocados a vivir en un mundo injusto?

Creo que el límite del neoliberalismo es la Naturaleza, es la Tierra. La Naturaleza ya no soporta el tipo de explotación ilimitada. La Tierra ha sobrepasado ya el 25 % de su capacidad de regeneración, y muestra un profundo estrés. Entonces, el sistema de capital no tiene la solución y tiene que cambiar, sino está abocado a su destrucción.

Y dentro de esto, hay una tendencia, siguiendo el modelo americano, que parece ser imparable, a la liberalización de los servicios públicos, la sanidad, la educación, y todo lo que dé dividendos a las grandes compañías, relegando a la gente a ser un simple peón ¿Cómo ve esta situación?

Yo la veo dramática en el tercer mundo, porque si el Estado no hace inversiones profundas en la seguridad social, la enseñanza, la salud, nadie va a hacerlo, porque no es un buen negocio. Entonces, para nosotros es una misión, en pro del bien común, mantener bienes que son colectivos.

¿Y quién tendría que hacerlo, el Estado?

El Estado tiene que ser el administrador del bien común. Puede hacer colaboraciones con entidades privadas, pero la decisión central tiene que llevarla el Estado, no permitir liberalizaciones, porque la función del Estado debe ser garantizar la vida del pueblo, no hacer de la salud, de la enseñanza, mercancías que se puedan vender y comprar.

Usted habla de abrazar la vida y abrazar la Tierra, casi como su lema, y nos preguntamos, si no le parece que en esta era los aspectos materiales abarcan casi todas las áreas de la vida; y el área del espíritu y el área de la vida están siendo peligrosamente amenazadas por el área de la materia.

Sí, por esto la insistencia de abrazar la vida, de dar centralidad al espíritu, al planeta Tierra como Gaia, como un supraorganismo vivo. Porque son valores que están al margen y, si no los salvamos, no salvamos nada, porque ellos son el presupuesto para que otros sean viables. Si dañamos de tal manera la Tierra y destruimos su precondición físico química, los demás proyectos no tendrán sentido.


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