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Por Juan Li

Las sexualidad en la práctica taoísta

Antes de nada conviene explicar que las prácticas sexuales no son una práctica aislada, como se suele creer, debido a que muchos libros las presentan así. En el sistema taoísta, igual que en India o Tíbet, las prácticas sexuales son parte de un árbol de prácticas, y por tanto tienen toda una base de ejercicios preliminares y otros sucesivos. De manera que es imprescindible describir el árbol de las prácticas taoístas y el lugar que ocupan en él las prácticas sexuales, para hacerse una idea de las técnicas especificas.

Las prácticas preliminares en el taoísmo
Este árbol comienza con una técnica que se llama ‘la sonrisa interior’, que es la práctica en la cual el individuo comienza a sentir. Hay un antiguo dicho taoísta que afirma que el Tao comienza con el sentir. Si la persona no es capaz de sentir su cuerpo, sus órganos vitales, su energía, entonces realmente no hay práctica, sólo tiene ideas en el pensamiento, pero sin relación con el elemento físico, su elemento tierra. Esta capacidad de sentir nos da la destreza necesaria para empezar a trabajar con la energía vital, lo que llamamos el ‘Chi’. De modo que el sentir acaba permitiendo que el individuo se conecte al cien por cien con su cuerpo, que es su aspecto de la energía tierra, y la dimensión donde experimenta el tiempo, el espacio y los cambios. Y es sólo gracias a los cambios que somos capaces de evolucionar, la base de todos los yogas.

El segundo escalón es ‘los seis sonidos curativos’, la práctica con la que el individuo comienza a familiarizarse con los órganos vitales: el corazón, el hígado, riñones, pulmones, estómago... Estos órganos vitales representan los cinco elementos en nuestro cuerpo, fuego, agua, madera, tierra y metal, están relacionados con la base de la energía tierra del cuerpo físico y son el fundamento de nuestra experiencia de las emociones, tanto las positivas como las negativas. Este segundo paso en el árbol de la práctica taoísta, que es la de los seis sonidos curativos, incluye: primero familiarizarse con los órganos vitales; segundo descubrir la condición energética de esos órganos, si están fluyendo bien o están congestionados; y tercero familiarizarse con los sonidos, que son las vibraciones particulares de cada órgano, y comenzar a influenciar las emociones que experimentamos a través de esos órganos. Como veremos más adelante, la energía sexual se deriva de los diferentes órganos vitales, y está fuertemente influida por las emociones. Por lo tanto, este segundo paso, que conlleva empezar a refinar las emociones, tiene un efecto directo en la calidad de la energía sexual.

El tercer escalón es comenzar a trabajar el sistema de meridianos, los canales de circulación de la fuerza vital en el organismo del ser humano, lo que suele llamarse el cuerpo sutil. Esta práctica comienza familiarizándonos con el circuito de meridianos cuyo equilibrio es más esencial: ‘la órbita microcósmica’. Se trata de un meridiano que asciende por la espalda y desciende por la parte delantera del cuerpo. Su misión es equilibrar los tres ‘tan tien’, o las tres calderas, que son las tres partes en que se divide el organismo: la parte inferior, desde el vientre hasta las piernas; la parte intermedia, desde el vientre hasta el cuello; y la superior, del cuello hasta la coronilla. Esta órbita tiene la misión de mantener la energía de las tres calderas en un equilibrio regular, de manera que no se acumule excesiva en la cabeza, o haya demasiado poca abajo, o mucha en la zona del corazón.

Es esencial conocer la órbita microcósmica para trabajar las técnicas de la energía sexual. Esta se ubica en la caldera inferior, en la zona de la pelvis y el perineo; y una de las metas de las prácticas sexuales es elevar esa energía hacia la segunda caldera, la zona del pecho y el corazón, llevarla luego a la tercera caldera, el cráneo, donde están las glándulas maestras, la pineal y hipófisis, y hacerla circular para que descienda de nuevo hacia abajo y no se estanque en ningún sitio. De modo que las prácticas de la energía sexual dependen especialmente de que el individuo conozca la órbita microcósmica y sepa cómo regular y armonizar su energía en ese circuito. De no ser así, su práctica sexual va a tener grandes problemas: la energía subirá, pero el desafío será hacer que baje con facilidad.

El cuarto paso es familiarizarse con la estructura física de nuestro cuerpo y aprender cómo alinearla, a través de las posturas adecuadas, de manera que la energía que circula por el sistema de los meridianos y las tres calderas lo haga con la mayor facilidad y fluidez. Aprender a equilibrar esas posturas (las tres posturas básicas: sentado, de pie y acostado) es el cuarto escalón en el árbol de las practicas taoístas. Si el individuo no logra dominar estas posturas puede incluso desviar su energía hacia donde no desea llevarla o puede quedársele estancada. En todos los grandes sistemas de desarrollo del ser humano* se trabaja especialmente las posturas.

El quinto es lo que llamamos ‘la fusión de los cinco elementos’, que consiste en profundizar el trabajo con las emociones. En esta fase nos enfrentamos con las emociones que experimentamos día a día, pero también con las que tenemos estancadas de nuestra historia personal, las situaciones sin resolver. Se trata de trabajar con la historia personal, en primer lugar, y luego con las emociones que heredamos de la estructura familiar en que nacemos. De nuestra familia lo heredamos todo, no solo la apariencia física y el código genético, sino también la estructura emocional. Este quinto nivel nos proporciona un campo de práctica extensísimo, porque tenemos que armonizar las emociones no sólo para que la vida cotidiana sea placentera y fluya con facilidad, sino también porque al depurar sus emociones el individuo eleva la frecuencia vibratoria de ellas y aumenta el potencial de sus meridianos y de las tres calderas. Por lo tanto, el trabajo con las emociones es clave, ya que las prácticas de la energía sexual multiplican lo que encuentran en el practicante, que bien puede ser su cólera, su depresión, su tristeza o cualquier otra emoción negativa que haya en él.

El nivel final del tronco de este árbol de las prácticas taoístas es desarrollar el potencial del sistema de meridianos, irlo elevando de frecuencia; y elevar, especialmente, la frecuencia del canal central, lo que llamamos ‘la columna tai chi’, que quiere decir ‘lo supremo ulterior’, el estado de vacuidad o de unidad. Este canal central es el canal de la conciencia individual, que atraviesa las tres calderas de las que hemos hablado antes, y se enfoca especialmente en la caldera superior, lo que se llama en el tao ‘la cámara de cristal’, la región donde están situadas las glándulas maestras, pineal e hipófisis, el nivel vibratorio más alto.

Qué es la energía sexual
Hasta aquí he estado describiendo el tronco del árbol taoísta. Hay una gran cantidad de ramas o prácticas particulares que se dedican a desarrollar estos aspectos del ser humano: la medicina, la herbología, los masajes, el feng shui, el trabajo con el I Ching, las prácticas del sueño, la astrología, la nutrición, las prácticas de estiramientos, el chi kung... hay miles de prácticas. Pero lo que hemos descrito, el tronco, desde el sentir hasta elevar la conciencia por el canal central, eso es lo esencial. Y son las prácticas meditativas realmente las que apoyan la calidad de cualquier cosa que se quiera hacer con las ramas. De la calidad de conciencia y del equilibrio emocional del individuo depende la calidad del trabajo que haga en cualquiera de las prácticas particulares enumeradas. Las prácticas del tronco son esenciales, imprescindibles; si el individuo las evita o las fragmenta, y hace algunas y no hace otras, la estructura de prácticas que se desarrolle va a ser deficiente y va a encontrar constantemente obstáculos y trabas por todos los sitios.

Las prácticas sexuales son un aspecto del tronco, en el sentido de que nos ayudan a reciclar las energías más potentes que produce nuestro organismo. Por tanto, antes de continuar, conviene explicar en qué consiste la energía sexual y cómo encaja en el tronco del árbol de las prácticas taoístas.

Para crear esa energía sexual nuestro cuerpo utiliza los elementos más finos, la esencia del universo, una energía condensada que no se encuentra en estado ordinario (ni en el alimento común que tomamos de las plantas, ni en el aire que respiramos...). Esta energía es a la vez la esencia de nuestro sistema glandular, del sistema nervioso que rige el cerebro y la médula espinal, de los órganos vitales (corazón, pulmones, hígado, estómago...); la esencia de la estructura emocional del individuo y de sus virtudes. De modo que a la formación de esa energía sexual, responsable de la existencia de la generación siguiente, contribuyen las diferentes partes de nuestro organismo físico y sutil. Por ello todos los grandes sistemas han desarrollado la rama de las energías sexuales, ya que esta energía tiene dos direcciones de movimiento: la dirección ordinaria, la generativa, que es descendente; y otra dirección ascendente.




La dirección ascendente de la energía sexual
La energía sexual en su dirección ordinaria fluye hacia el mundo físico y sirve para crear otro ser humano. Pero lo que los practicantes de los grandes sistemas aprendieron a hacer a lo largo de los siglos es trabajar la segunda dirección, la ascendente, capaz de desarrollar el potencial del canal central y refinar de este modo el espíritu. Lo que el practicante hace en los grandes sistemas es aprender a controlar la dirección de su energía sexual: descendente, si quiere tener hijos, o ascendente si ya no quiere tener más y desea concentrarse en desarrollar el potencial del canal central.

Las técnicas sexuales simplemente consisten en extraer la esencia del óvulo y del esperma y darles una dirección ascendente. Cuando se domina esto, hay diferentes niveles en los que esta energía se puede utilizar. El primero es en reparar el organismo para que tenga la posibilidad de empezar a evolucionar. Así, el organismo comienza a dirigir esta energía por el meridiano número uno, la órbita microcósmica; cuando esa energía sexual, que es de alto nivel vibratorio, entra en la órbita microcósmica, comienza a elevar la calidad vibratoria de ese sistema de meridianos. Entonces lo que logra la energía sexual es abrir el potencial del sistema de meridianos, y como va a todas las partes del cuerpo, se produce un proceso de regeneración de los órganos, de los huesos, hasta de las mismas células. El individuo puede notar los efectos porque aumenta su vitalidad, su ánimo y su salud en general. Nuestro organismo requiere deshacer bloqueos, aumentar el nivel vibratorio y finalmente mantener la integridad energética para poder evolucionar y abrir su potencial espiritual.

Por tanto, primero nos reparamos a nivel físico, después nos desbloqueamos a nivel emocional y a continuación nos abrimos a nivel espiritual. Este es el proceso que las energías sexuales emprenden cuando se les da la dirección ascendente. Todo ello depende de la condición de salud que el individuo trae a la práctica, de la claridad con que la realiza y de la motivación que lo sostiene; estas tres condiciones determinan la rapidez con que evoluciona ese organismo. Si se hacen las prácticas simplemente para ser más importante o más seductor, esta motivación limitada va a frenar automáticamente el potencial de dichas prácticas.

Tenemos un potencial infinito que no se limita al beneficio personal y la manipulación de los demás. Si se trabaja con este espíritu se fomenta más el egoísmo y el aislamiento, por lo que las prácticas van a estar limitadas desde el principio y no van a ir muy lejos, y el individuo acabará perdiendo interés en ellas. Hay una parte de nuestro organismo que se llama el ‘guía interno’, ubicado en el chakra del corazón, que administra todo el proceso evolutivo; el ego ordinario, incapaz de ninguna trascendencia, se disuelve todas las noches cuando nos quedamos dormidos, más allá de determinadas ondas cerebrales (e igualmente sucede en el momento de la muerte). De modo que el ego no está interesado en la trascendencia y no es el que administra las prácticas evolutivas, sino el guía interno. Por lo tanto, si sólo practicamos impulsados por el ego, acabaremos perdiendo interés o pasará algo que interrumpa esas prácticas.

Una energía de alto poder evolutivo
La energía sexual, cuando se le da la dirección ascendente, se puede trabajar de dos maneras. En primer lugar, de manera no estimulada, en estado ordinario. Las técnicas para ello son la respiración testicular, en el hombre, y la respiración de ovarios, en la mujer. Lo menciono únicamente de pasada, pues no se trata de presentar así aisladas en un artículo estas técnicas que, como ya he dicho, forman parte de un sistema de trabajo. Estas formas de respiración lo que hacen es extraer la esencia del esperma y del óvulo, y guiarla por medio de ciertas contracciones físicas y de la intención hacia la órbita microcósmica. Esta es la manera más elemental de trabajar la energía sexual, y se puede hacer en cualquier momento.

La segunda forma de trabajarla y de reciclarla es estimulada. La energía sexual es como el agua de la vida, y si hay estimulación se crea un fuego que al calentarla multiplica su poder. Por cuánto se multiplica esa energía depende de la salud del organismo. En el tao la energía no estimulada se trabaja normalmente de manera individual; y si uno tiene pareja se trabaja la práctica estimulada una vez a la semana. Así se van complementando ambas.

La práctica de la estimulación de la energía sexual para multiplicar su poder es muy delicada, ya que cuando llega al sistema de meridianos (y en otras prácticas taoístas se puede llevar directamente a los órganos) esa energía, que puede haberse vuelto diez o cien veces más fuerte, va a multiplicar el efecto emocional y de conciencia que haya en ese organismo. Por ejemplo, un hígado en el que no fluye muy bien la energía porque está congestionado debido a la contaminación ambiental (metales pesados, sustancias químicas, etc.) o a las emociones negativas, como la frustración o la cólera... si ahora se le trae una energía multiplicada, ese hígado potenciará todo lo que hay en él: la frustración puede manifestarse como gran frustración y la ira como gran agresividad. De modo que trabajar la energía sexual estimulada abre automáticamente el potencial de que se multiplique todo lo que está allá dentro: si lo que hay es bueno, la persona estará trabajando las emociones positivas y las virtudes en su vida cotidiana, y creará beneficio a todos los seres que encuentre en su camino; pero si, por el contrario, esa persona no ha hecho la tarea de limpieza, reparación y equilibrio que requiere su organismo, entonces va a multiplicar lo negativo.

Estas prácticas, por tanto, tienen esa doble posibilidad de alto poder evolutivo o de alto poder destructivo y desequilibrante. Es por ello que no se pueden realizar como prácticas aisladas; la técnica es facilísima, pero su base inexcusable es el trabajo preliminar; primero, de sentir, como hablábamos antes, porque si la persona no siente, ni sabe dónde se está concentrando la energía ni es capaz de guiarla por ningún sitio. Así, las prácticas de base, de conocer el sistema de meridianos, de tener una manera de equilibrar las emociones negativas, todo esto es fundamental, si no, aparecen grandes desequilibrios y problemas.

NOTAS:
Cuando hablo de ‘los grandes sistemas’ me refiero a los sistemas que son íntegros, y no a las prácticas aisladas que alguien ha inventado por su cuenta y no tienen una historia de ancestros que la han realizado durante miles de años; sistemas, pues, que tienen un conjunto de prácticas que abarcan la totalidad de posibilidades de desarrollo del ser humano, como el sistema hindú, el budista y el taoísta.

BIOGRAFÍA DE JUAN LI
Juan Li nació en la Habana en 1946 y es uno de los transmisores de las enseñanzas taoístas más reputados en la actualidad.

De 1972 a 1978 residió en Nepal, donde realizó prácticas de meditación, yoga del sueño y mantras con varios yoguis indios y lamas tibetanos. En 1982 empezó a estudiar el sistema meditativo taoísta con el maestro Mantak Chia, quien finalmente lo autorizó como instructor del ‘Healing Tao System’.

Desde 1996 Juan Li ha estado desarrollando las prácticas del peregrinaje: una importantísima rama del trabajo energético y herramienta de desarrollo personal que nos ayuda a completar todo lo que está sin terminar en nuestras vidas.

Juan Li ha desarrollado su propio sistema de trabajo, al que ha bautizado como ‘I Ching Dao’, para el ejercicio de las cinco etapas del sistema taoísta descritas en este artículo.

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