INTRODUCCIÓN

BIOCONSTRUCCIÓN

CASAS EJEMPLARES

MATERIALES

INTERIORISMO

FENG SHUI

GEOBIOLOGÍA

JARDINES

SALUD PERSONAL

ALIMENTACIÓN

ENERGÍAS RENOVABLES

VIAJES, RUTAS Y
LUGARES SAGRADOS

PENSAMIENTO Y
FILOSOFÍA ECOLÓGICA

CULTURA

CONTACTOS

 

 

El reconocimiento de la interacción energética entre el Cosmos y la Tierra, y la repercusión del fenómeno resultante sobre los organismos vivos, han vuelto a ser considerados últimamente por los medios científicos, después de muchos años de olvido de los conocimientos de nuestros antepasados. El medio en que vive el ser humano condiciona en gran medida sus procesos biológicos y es parte determinante de su equilibrio global, de su salud o enfermedad.

Un ser integral, como es el ser humano, compuesto de distintas energías interactivas, se encuentra en constante estado de intercambio energético con el medioambiente. Su equilibrio dinámico depende de la interacción de sus procesos interiores entre sí, y de éstos a su vez con los exteriores. Esta interacción se realiza a través de mecanismos fisico-psíquicos.

Cualquier perturbación del medio ambiente provoca inevitablemente un desequilibrio. Inmediatamente los mecanismos de homeostasia -función que permite al organismo mantener los parámetros fisiológicos dentro de los límites admisibles más favorables- procuran restablecer el equilibrio alterado.

Todos los sistemas biológicos tienen la propiedad de intentar adaptarse a las variaciones o a las perturbaciones externas. Los seres vivos, efectivamente, tienen una gran capacidad de adaptación; siempre y cuando tengan sus sistemas defensivos en condiciones, ya que en un organismo desequilibrado cualquier impulso negativo exterior agrava su inestabilidad o incluso le conduce a perecer. Las perturbaciones de los parámetros físicos del hábitat pueden crear un ambiente patógeno de graves consecuencias para las personas, especialmente niños, ancianos y personas debilitadas o sensibles, aunque en un plazo más o menos prolongado afecta a todos, dependiendo ello del tiempo de exposición y de la intensidad de la alteración.

La salud es uno de los bienes más preciados del ser humano, desperdiciado en unas ocasiones por sus propias acciones (alimentación, habitos, etc.) y/o en otras por las perturbaciones del medio ambiente, ya sean éstas artificiales: contaminación del aire, acústica, electromagnética, etc., y/o naturales como es un emplazamiento nocivo del hábitat, provocado por elementos que alteren las radiaciones o energías naturales. La salud, contemplada como fenómeno social y económico, tiene unas enormes repercusiones, llegando a ser un peso difícilmente soportable para la economía debido a los gigantescos gastos que supone la actual infraestructura sanitaria. Aun así es muchas veces malgastada por culpa de los mismos encargados, en teoría, de velar por ella. La actual política sanitaria contempla la salud como un problema sujeto a soluciones mal orientadas, que buscan los síntomas de la enfermedad como el agente a eliminar; actúan en parte como los antiguos griegos, que eliminaban a los mensajeros que traían malas noticias. Ya que ciertos medicamentos debilitan la capacidad defensiva del organismo y eliminan los síntomas que avisan de que algo funciona mal, dejándole indefenso ante los agentes potencialmente nocivos, caso de la estancia en un lugar alterado.

Estos síntomas que tanto nos preocupan traen la noticia de que algo de lo que hacemos no es lo más adecuado, o que en nuestro entorno algún factor negativo influye sobre nuestra salud; los síntomas, por ello, son nuestros mejores aliados, ya que nos permiten descubrir el verdadero motivo de nuestros trastornos.

Estos conocimientos no son nuevos, y en muchos aspectos recogen antiguas tradiciones y conocimientos de nuestros antepasados versados en los procesos de la naturaleza y su repercusión sobre la vida y especialmente en el ser humano. Muchos pueblos conocían la influencia de determinados ciclos solares o lunares sobre las personas, los animales y también sobre las plantas y las cosechas, así como la existencia de lugares donde no era conveniente vivir, plantar o mantener a los animales. Hoy en día se da carácter científico a estos conocimientos y tradiciones, englobando en su estudio nuevos factores de riesgo para la salud, que el ser humano ha creado.

La conservación de la salud se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la medicina convencional. Las estadísticas indican que las personas viven más años, pero que cada día hay más enfermos y aparecen nuevas enfermedades, lo cual nos demuestra que algo en la política sanitaria y de prevención de la salud sigue unas directrices equivocadas que se ajustan a las pautas marcadas por nuestra cultura actual. Lo más importante no es la cantidad de tiempo que las personas viven, sino cómo están física y mentalmente hasta el final de sus días. Debe prevalecer el afán por añadir calidad a la vida ante el esfuerzo por añadir simplemente años a la misma.

El ser humano nace para vivir sano y equilibrado, pero el medio en el que actualmente se desenvuelve le empuja hacia su deterioro: las enfermedades, las tensiones, el desasosiego, son algo habitual hoy día, y llegamos a pensar, al ver a la mayoría de las personas en la misma situación, que esto es normal, que debe formar parte de la vida, como una carga que se debe padecer por el simple hecho de haber nacido.

El ser humano es un ser natural, forma parte de la naturaleza. Ésta está integrada en él, al igual que él está integrado en la naturaleza, evolucionando ambos al unísono con sus procesos biológicos y cosmogeológicos, en un fluir de la energía global de la vida. Pero al ir distanciándose de la naturaleza, al vivir en un entorno artificial y agresivo para la naturaleza y él mismo -debido a ciertos avances técnicos y científicos mal dirigidos y peor orientados-, el hombre se convierte en verdugo y víctima de sí mismo. El progreso no conlleva necesariamente la destrucción del medio ambiente o la ignorancia de la realidad natural, el progreso debe respetar la evolución del ser humano como parte integrante de la naturaleza, favorecida por los nuevos conocimientos, que deberían elevar su concepto del progreso más allá de un simple desarrollo materialista. El ser humano al separarse de la naturaleza, se separa de su propia esencia como parte integral de la evolución natural.

El progreso es, en principio, conocimiento. Debe servir para conocer la naturaleza y, por lo tanto, a nosotros mismos, utilizando la ciencia y la tecnología para avanzar racionalmente y no a impulsos de intereses contrarios a nuestra forma natural de vivir. El progreso mal entendido ha roto los vínculos entre el ser humano y la naturaleza. La evolución ha sido desviada; la nueva tecnología y sus aplicaciones han creado nuevos peligros para nuestra salud, de los que generalmente no somos informados (salvo cuando el daño es evidente y generalizado) debido a los enormes intereses creados, y a que tomar medidas correctoras supondría, en muchos casos, grandes desembolsos económicos. Aunque éstos podrían evitarse con la adecuada política de prevención por encima de intereses privados.

Si sumamos a las nuevas agresiones a que nos vemos sometidos y de las que hablaremos detenidamente en este libro (campos electromagnéticos producidos por líneas de alta tensión, transformadores, aparatos electrodomésticos o simplemente una mala instalación eléctrica, desequilibrio iónico, materiales de construcción y decoración insanos, contaminación acústica, etc.), los factores naturales que pueden afectar a nuestra salud (alteraciones cosmogeofísicas), en muchas ocasiones intensificados por la mano del hombre, podemos afirmar -como corroboran investigadores independientes-, que más del 80% de las enfermedades se producen por el entorno en el cual desarrollamos nuestra actividad cotidiana, especialmente en el lugar donde vivimos y sobre todo en el que dormimos.

DECÁLOGO: HOGAR SANO Y NATURAL


SUBIR

LIBRO RECOMENDADO

introducción