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Geobiología

Toda enfermedad tiene una causa primaria, descubrirla es conocer su solución

Actualmente la distribución y dimensiones de las habitaciones dentro de las viviendas suelen ser similares, cuando no iguales, en todas las plantas de un mismo edificio. La ubicación de las camas queda prácticamente marcada por el arquitecto en todos los niveles debido a la posición de puertas, ventanas, armarios empotrados y, especialmente, por la de los enchufes e interruptores. Ante esta situación, cuando una cama, la de matrimonio por ejemplo, se halla sobre zona alterada, ya sea agua subterránea, fractura geológica, redes geomagnéticas u otro tipo de alteración, todas las camas situadas sobre esa vertical del edificio, suelen encontrarse en zona perturbada. Este hecho da lugar a que todas las personas que ocupen ese mismo sitio tengan más posibilidades de contraer trastornos o enfermedades, dependiendo de su sensibilidad al agente geofísico, su capacidad de respuesta, su predisposición a ciertas enfermedades, etc.

La agresividad de una zona alterada sobre una persona puede medirse de varias formas, por la resistencia eléctrica de la piel, las ondas cerebrales, la respuesta neuromuscular, etc. Con la resistencia cutánea se comparan los distintos grados de resistencia eléctrica que ofrece la piel, comparando la estancia en lugares neutros, con otros alterados, ya que el organismo sufre una modificación electrostática al pasar de un punto a otro. También se puede comprobar cómo afecta un lugar geofísicamente alterado, midiendo asimismo los gradientes de las ondas cerebrales, ya que estas aumentan en la zona alterada como si de una forma de estrés se tratara. Hay que tener en cuenta que los resultados de esta prueba pueden variar en función de la hora del día, la altitud, la época del año, o nos dará diferentes valores en distintas personas. Por ello se debe realizar bajo un escrupuloso control de las posibles variables, aunque lo que realmente interesa es comparar las diferencias entre la zona supuestamente alterada y la neutra. La respuesta muscular ante un estímulo, ya sea positivo o negativo, depende de su intensidad y de su frecuencia. Otro método de comprobación sería mediante la respuesta neuromuscular de la persona, o sea utilizando la kinesiología.

En la mayoría de los trabajos realizados, al sospechar que la enfermedad podría tener una causa geopatógena, desplazamos la cama o realizamos un cambio de habitación, buscando un sitio neutro, libre de alteraciones geofísicas y a ser posible sin otros factores de riesgo, como contaminación eléctrica, electromagnética, acústica u otros. En la mayoría de los casos se constata una clara mejoría, cuando no la desaparición de la enfermedad o de los trastornos.

La mayoría de las personas reaccionamos ante todo aquello que nos perjudica, especialmente a las perturbaciones de la radiación terrestre. El cuerpo nos manda señales de aviso pero que generalmente ignoramos, y estos avisos en forma de síntomas más tarde se traducen en enfermedades. Los niños, y sobre todo los bebés, son especialmente sensibles. Esto lo podemos comprobar si dejamos un bebé o un niño de corta edad en el suelo de una habitación donde pueda moverse libremente, estando una de las partes de la estancia alterada, normalmente buscará la neutra. En estudios realizados se comprueba que los fetos y bebes son más sensibles a la alteración de la radiación natural y a todo aquello que les perjudica, (llegan a ser hasta 600 veces más sensibles que los adultos) y lo rehúyen o manifiestan su rechazo con llantos. Al estar situados en una zona alterada inmediatamente suelen demostrar inquietud, nerviosismo, comienzan los lloros o estados febriles. Igualmente al colocarles en un lugar neutro su recuperación es muy rápida, cuando no inmediata. ¡Cuántas horas de insomnio por culpa del llanto de un niño se evitarían buscándole el sitio adecuado!.

El ser humano, con el paso del tiempo, ha ido bloqueando su sensibilidad a los cambios de la naturaleza. Su instinto cada día emerge con menor frecuencia para advertirle de aquello que le afecta. La mayoría de las personas no reaccionan al estar sobre una zona alterada, a pesar de sufrir sus consecuencias. Otros, al tener su capacidad de reacción aún activa, instintivamente se levantan, huyendo inconscientemente del lugar perturbado. Algunas acaban durmiendo placenteramente en el sofá después de levantarse de su cama con insomnio, palpitaciones u otros síntomas habituales en las personas que duermen en un lugar alterado. Dormir en el sofá puede ser un síntoma de que nuestra cama se encuentra en lugar perjudicial.

Los animales sensibles a ellos, con su instinto intacto, huyen de estas zonas. Se puede hacer la prueba poniendo ratones en una caja con la mitad en zona neutra y la otra mitad en zona alterada: los ratones, al igual que los niños, acaban siempre en la zona neutra. Si damos la vuelta a la caja, cambian de lugar, y si la colocamos toda en zona geopatógena se vuelven agresivos y al cabo de un tiempo enferman.

Si inyectamos células cancerígenas a los ratones repartidos en dos grupos, uno en zona perturbada geofísicamente y otro en zona neutra, éstos las dominan rápidamente y no enferman, mientras los de la zona alterada enferman y mueren en su mayoría. Estos y muchos otros estudios con animales se han realizado para comprobar los efectos geopáticos de ciertos lugares y sus resultados han sido concluyentes con respecto a su nocividad. Con seres humanos sólo tenemos, hasta la fecha, estudios estadísticos y epidemiológicos, pero que no dejan margen al error: los lugares atravesados por alteraciones telúricas afectan de forma determinante tanto a las personas como a la mayoría de los animales y vegetales.

En 1994, diseñé una investigación en la Facultad de Ciencias Biológicas de Valencia, controlada por los doctores Javier Nuñez de Murga y Manuel Nuñez de Murga, profesores titulares de dicha Universidad, con la finalidad de demostrar la influencia de las zonas geofísicamente alteradas en organismos vivos, caso de ratones. Elegí personalmente, con medios radiestésicos, dos zonas bien diferenciadas, una zona con los valores geofísicos alterados y otra relativamente estables. Esta zona más estable se dividió en dos partes: neutra y favorable en comparación con la zona alterada.

A los ratones se les inyectó una suspensión del tumor ascítico de Ehrlich por vía intraperitoneal. Todos los animales (salvo los de control) fueron sometidos -durante dos horas diarias-, a campos magnéticos generados por imanes. Se comprobó una mayor supervivencia entre los ratones expuestos a los imanes, aunque se constató un mayor índice del tiempo de supervivencia en los situados en la zona estable, especialmente en la considerada más favorable. También el peso de los ratones situados en las zonas estables fue significativamente más elevado. Los valores de supervivencia más altos corresponden a los ratones situados en la zona más estable del recinto, con 19,4 días de media, en comparación con los 14,1 de media obtenido por el grupo de control (en zona media y sin la influencia de los campos magnéticos generados por los imanes), o sea un 40% de aumento de supervivencia (p<0,01). En la zona alterada -con imanes- el valor medio de supervivencia desciende en un 20% en comparación a la estable (p<0,01).

Otro parámetro analizado en esta investigación fue el comportamiento de los ratones. Esta valoración de la conducta de los animales se realizó directamente sobre sus jaulas-alojamiento y analizada mediante un sistema de video-ordenador y un programa especial, y se basó en aquellos gestos y expresiones reiterativos y sin variación. Todas las pautas consideradas y evaluadas se han dividido en seis grupos:

1. Quietud (inapetencia motora+dormir)
2. Recepción del olor (en posición erguida+en posición normal+en posición al comer)
3. Aseo espontáneo (aseo+rascarse)
4. Acción motora (correr)
5. Alimentación
6. Escarbar (en la caja sobre la viruta de madera)

En el número total de eventos (sumadas todas las pautas) se observa una disminución significativa en la zona alterada de prácticamente el 50%. La diferencia, en cuanto a la acción motora, fue significativa entre las dos zonas, es como si la zona alterada obligase a los animales a mantenerse en condiciones motoras mínimas. En relación a la recepción al olor, en la zona geofísicamente alterada se produce el menor número de eventos en conjunto. El aseo espontáneo es muy bajo en la zona alterada, siendo la diferencia también estadísticamente significativa, lo mismo sucede con la acción motora (correr). La limenración es una pauta poco frecuente, no obstante el valor más bajo lo presenta el grupo perteneciente a la zona alterada. El patrón escarbar se presenta mayoritariamente en la zona estable, siendo la diferencia entre ambas zonas (alterada y estable), de nuevo, estadísticamente significativa.

De los resultados obtenidos en esta investigación, podemos concluir que la zona alterada influye de forma clara en todas los pautas estudiadas. Según los datos obtenidos, durante meses de exhaustiva investigación, quedan patentes los efectos perniciosos -tanto a nivel orgánico como de comportamiento- de las zonas geofísicamente alteradas, sobre los organismos vivos (en este caso ratones). Así como a pesar de la presencia del campo magnético generado por los imanes (que de alguna forma sirve como estabilizador), se sobrepone a sus efectos, causando resultados negativos en todas las pautas controladas.

La elección de las diferentes zonas fue determinada personalmente mediante radiestesia, con lo cual queda patente, una vez más, la capacidad del ser humano de recibir y discriminar información (no habitual para sus sentidos comunes) de forma voluntaria. Por tanto, se pone de manifiesto la utilidad del uso de la radiestesia como método de investigación y conocimiento.

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