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Por Lola Simón

¿Quién no desea una mayor prosperidad en su vida? ¿Te has sorprendido pensando en las cosas que desearías conseguir y no tienes? La armonía interior, el bienestar material, la salud, el amor o el éxito profesional son cosas que todos anhelamos en mayor o menor medida.

Gracias al feng shui, podemos generar las energías propicias para conseguir aumentar la prosperidad en las diferentes áreas de nuestra vida. El feng shui es un arte mediante el cual armonizamos nuestro entorno y regulamos el flujo energético, equilibrando las energías yin y yang, la presencia de los cinco elementos, las energías presentes en el universo...

Para muchos, el feng shui es además una ciencia. Por una parte, debido a que se basa en las conclusiones de multitud de investigadores que, a lo largo del tiempo, se han dedicado al estudio mediante la atenta observación y el análisis de la naturaleza (la Tierra y el Cosmos) y del flujo de la energía, así como del influjo de estas energías en el ser humano, y viceversa. Por otro lado, porque se utilizan conocimientos de astrología y minuciosas mediciones tanto de las distintas orientaciones, como del espacio o los objetos que lo ocupan para conseguir determinados efectos.

El feng shui es también un modo de vida, en el que buscamos la armonía con la naturaleza y el espacio que habitamos, así como en nuestro interior. La meditación y la alimentación, son por tanto, una parte importante de este arte de la armonía.

Mucha gente entiende la prosperidad como la abundancia de dinero. Sin embargo, la prosperidad es un concepto con un significado mucho más amplio. La abundancia de bienestar en los distintos aspectos de la vida es algo mucho más cercano a la verdadera prosperidad. El equilibrio interior, la armonía familiar, una buena salud, una relación sentimental gratificante, la realización en aquello que hacemos para ganarnos la vida, y, por supuesto, una economía desahogada, conformarían una vida próspera. Pero sobre todo, y lo más importante, es saber valorar aquello que está presente en nuestras vidas y la ausencia de tantas cosas negativas que podrían acontecernos. Estar a gusto con nuestra vida y disfrutar a cada momento de lo que tenemos es el mejor acicate de la prosperidad. Esto, además, es signo de una mente serena y un corazón lleno de amor, que es el mayor símbolo de prosperidad, pues toda la riqueza material y el éxito en distintas facetas de la vida, no tienen sentido si no se valoran y se disfruta de ellas.

Hay personas que disfrutan de todo y con todo, y, en situaciones difíciles, pese a que éstas no les agraden, encuentran la manera de enfrentarse a ellas de modo que no les quiten la paz ni les impidan gozar de la maravilla de aquellas otras cosas positivas que hay en su vida. Aprendamos de estas personas y sigamos su ejemplo, pues en esta sociedad donde la insatisfacción, compañera inseparable del consumismo insaciable, es lo que prima, si queremos ser prósperos, debemos ante todo conseguir paz interior para poder disfrutar de lo que la vida nos da, pues cualquier cosa que obtengamos, sin una correcta actitud mental, de poco servirá.

La primavera es un momento idóneo para trabajar la prosperidad. En muchas culturas, como la mediterránea, se ha relacionado y celebrado la primavera con el renacimiento y los nuevos comienzos. Se hacían rituales y regalos para atraer la fertilidad, no sólo para la procreación -tan importante cuando los hijos significaban, entre otras cosas, una manera de garantizarse el sustento familiar al incrementar el número de personas que podían trabajar la tierra-, sino para atraer una buena cosecha. Imitando a la naturaleza, que en esta época del año festeja la vida con el exuberante renacimiento de las flores y los árboles, en esos días más largos y soleados en los que deseamos salir, relacionarnos con los demás y hacer cosas nuevas, podemos utilizar la primavera para llevar a cabo un trabajo de feng shui para que renazca la prosperidad en nuestra vida.

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(Extracto del artículo publicado en Dharma 9).

Feng shui para la prosperidad
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