Energías renovables
Las energías derivadas de la
electricidad, el petróleo, el carbón o el gas causan un considerable
impacto ambiental en su producción, distribución y uso. Además,
favorecen el consumo obligatorio a través de monopolios de servicio
centralizados, que crean la dependencia a este tipo de energía destructiva
para el medio ambiente. El medio más oneroso para calentar una casa
es la electricidad, unido a los problemas medioambientales que provoca la
energía eléctrica: desforestación, destrucción
del ecosistema al implantar grandes presas y embalses, contaminación
del aire y del agua, su poca eficacia (el 60% se pierde en forma de calor).
Todo ello nos acerca cada día más a soluciones que contrarresten
la situación de deterioro y contaminación del medio ambiente
actuales, caso de las energías y alternativas verdaderamente limpias.
El sol, el viento y el agua son fuentes tradicionales de energía que permiten el autoabastecimiento energético total o parcial. El abastecimiento energético de los edificios debe dirigirse hacia la autonomía energética mediante sistemas de arquitectura bioclimática, con la ventaja de ser alternativas naturales, baratas, ecológicas y sanas. Un primer paso para lograr la mayor autonomía energética dentro de las peculariedades de cada caso, es el diseño arquitectónico.

En general, son muy interesantes las soluciones
térmicas que plantea la arquitectura bioclimática. Actualmente
la energía solar puede ser la base para concebir casas energéticamente
autónomas, con un mínimo gasto económico y ecológico.
La energía solar no produce humos, ni tóxicos, ni contamina,
ni consume materias primas no renovables. La calefacción solar de un
edificio se puede plantear desde dos ángulos: sistemas activos o pasivos.
Los activos se basan en sistemas mecánicos auxiliares para captar y
almacenar el calor: depósitos de agua, materiales, lecho de grava;
la energía almacenada puede transportarse mediante ventiladores o bombas.
Los sistemas pasivos captan y transportan el calor por sistemas de radiación,
convección o conducción naturales: el propio edificio con su
diseño, orientación y materiales es el sistema. En este caso
hay dos elementos fundamentales de captación de calor: una fachada
orientada al sur y una masa térmica adecuadamente situada que absorba
y almacene el calor para, posteriormente, distribuir el calor acumulado. Estos
sistemas tienen la ventaja que incluso con poco soleamiento consiguen una
alta eficacia, ya que la radiación interceptada por una superficie
no se debe solamente a la radiación directa, sino también a
la difusa e incluso a la reflejada. El sistema directo siempre está
funcionando, incluso cuando está nublado, durante el día la
masa acumula el calor y lo devuelve por la noche.
Igualmente, hay que contemplar la cantidad de energía solar que es
necesaria para obtener una rentabilidad energética (número de
horas e intensidad de soleamiento) desde el punto de vista del diseño
bioclimático, así como desde una óptica ecológica
al ser una energía no contaminante. La energía procedente del
sol puede ser aprovechada para utilizarla en distintas áreas dentro
del edificio: calentamiento del agua sanitaria, calefacción de la vivienda,
refrigeración, etc.
La casa debería tender a utilizar los recursos renovables: el sol,
el viento y el agua, estas son la claves para surtir a la vivienda parcial
o totalmente de la energía necesaria. Las celulas solares funcionan
como colectores solares al transformar la radiación del sol en electricidad.
Hay que colocarlos en la posición más óptima, perpendiculares
al máximo aprovechamiento energético, basándose en la
posición del sol a lo largo del año y apoyándose en 3
claves: captación, almacenaje y distribución. La energía
generada en las placas fotovoltaícas se produce por la conversión
de la energía solar en electricidad. Ésta se puede usar al momento,
así como acumular en baterías. De esta forma se almacena la
energía para las horas nocturnas o los días nublados.
El estudio de las condiciones climáticas, orográficas y, en general, del entorno, permiten el autoabastecimiento energético del edificio con la aplicación de unos u otros sistemas según las características climáticas del lugar y las necesidades de consumo. En el caso de una vivienda de segunda ocupación pequeños cambios pueden suponer un gran mejoramiento bioclimático que pueden ser adaptados progresivamente: aislamientos (eliminar o instalar según la orientación de la fachada), apertura o cerramiento de huecos, grietas, rendijas, instalación solar, cambios en la distribución, colores apropiados (reflectantes o absorbentes), etc.

El viento se genera gracias al movimiento
de masas atmosféricas; es una energía aprovechable para multitud
de actividades. Los marineros conocen desde hace milenios la fuerza del viento
para impulsar sus naves a través de las aguas. En muchos casos la energía
eólica es una solución eficaz que se consigue al transformar
la acción del viento mediante generadores eólicos en energía
mecánica. Este tipo de producción energética es conocida
y utilizada de forma habitual desde hace siglos. El molino de viento estaba
muy extendido en Persia, China, Europa y países árabes, rivalizando
con la energía mecánica conseguida a través de los saltos
de agua. Los molinos florecieron bastante en las zonas donde existe suficiente
viento, y menos saltos de agua, hasta la aparición del motor de vapor
y, posteriormente, los derivados del petróleo.
Este tipo de energía barata y limpia vuelve con fuerza en estos tiempos
en que son tan necesarias las energías renovables y no contaminantes.
La energía eólica tiene la ventaja de ser inagotable (teniendo
en cuenta que la zona tenga el suficiente viento), gratuita (aparte de la
inversión inicial y el mantenimiento de las instalaciones), además
de no ser lesiva para el medio ambiente. Su versatilidad le permite que -dependiendo
de la acción del viento ya que su velocidad e intensidad deben ser
estudiadas para determinar su rentabilidad-, se pueda utilizar para las necesidades
de electricidad de un edificio total o parcialmente en combinación
con otros sistemas.
Una opción energética interesante es el biogas. Se produce de la descomposición de materias orgánicas como son el estiércol, hierba, paja, etc. Para lograrlo se utiliza un espacio cerrado donde bajo la acción de microorganismos se descompone la materia orgánica. De esta descomposición se crea un gas que es una buena solución para viviendas o áreas rurales con suficiente ganado.
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