revista dharma

No está claro

A pesar de la globalización, no vivimos en un solo mundo. Aunque encontremos los mismos productos en Nueva York o en un pueblo remoto del Átlas, el mundo no es el mismo. Quisiéramos que así fuese, que la justicia, la igualdad económica... fuesen parejos en todas partes, pero no es así, y, lo peor, poco hacemos para que lo sea. Las buenas intenciones están bien, pero no son suficiente. Hace falta comprometerse. ¿Pero, comprometerse a qué? Aquí está el asunto. Hemos visto cómo, a lo largo del tiempo, de los siglos, la injusticia, la miseria, las desigualdades eran lo común, y, ahora que tenemos los medios para erradicarlas no sólo no lo conseguimos sino que las incrementamos.

Unos simples datos: España continúa en su escalada insolidaria y contaminante y se mantiene en lo alto del escalafón de países de la Unión Europea que más incumple el protocolo de Kyoto y somos el país más permisivo con los transgénicos. Si todos los habitantes del planeta consumieran y contaminaran como hacemos nosotros, cuántos planetas harían falta para producir todo lo necesario para satisfacer los deseos manipulados y para absorber tal contaminación.

Así que no, no está claro, nada claro el futuro que espera al mundo si no actuamos ya. Pero, ¿cómo podemos actuar?

Las guerras no van a unir al mundo. Si esto no lo hemos aprendido después de tantas y tantas guerras, poco o nada hemos aprendido. En realidad no hay guerra que pueda ganarse. La paz no es un espacio de tensión entre guerras. Y guerras habrá siempre si a los jóvenes se les enseña a competir en vez de a compartir, a destruir en vez de a crear y a odiar en vez de a amar.

Creo poder estar seguro del interés que suscita la meditación entre nuestros lectores. Quizá sea porque posee un significado eterno, quizá por ser la práctica interior más poderosa que existe. La meditación provoca profundas transformaciones en aquel que la practica asiduamente, y más en quien la adopta dentro de su vivir cotidiano. Por ello, en Dharma, tratamos de que tenga un puesto destacado dentro de los amplios temas de crecimiento espiritual que proponemos. Opino que debería ser materia obligatoria en las escuelas junto a la filosofía y la ética; materias actualmente proscritas de las aulas de enseñanza. Si queremos crear un mundo realmente unido, estos son los mimbres que lo unirán: una filosofía de vida ética y una práctica interior que nos haga ver lo bueno que hay en los demás y sobre todo lo que está en nuestra esencia más íntima.

No exportemos ni globalicemos una forma cultural, económica... globalicemos una filosofía de vida digna, una práctica universal que nos permita entender la realidad y a uno mismo. Comprometámonos a hacer de nuestro trabajo interior una labor diaria que tenga un reflejo en el mundo, aunque sólo sea en nuestro pequeño mundo. Entonces podremos empezar realmente a hablar de paz.

Esto, por el contrario, sí está claro.

Raúl de la Rosa




 

 


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