revista dharma

Atreverse a pensar

La sociedad se halla frente a las mayores hambrunas de la historia, frente a plagas de enfermedades generalizadas, frente a grandes desastres ecológicos... sin apenas inmutarse. La crisis de los mercados del primer mundo, la exacerbación de los deportes de masas, el fanatismo de las religiones excluyentes, la prensa rosa entontecedora, dar la espalda a los oprimidos, a la justicia, a la ética, a la solidaridad... son los estereotipos de una sociedad alicaída y alienada. Y todo ello sucede ante el silencio, o el aplauso, de la mayoría de los responsables políticos y sociales.

Queremos dirigir nuestras vidas y mejorar el mundo, pero la presión entontecedora y los infinitos estímulos mediáticos conducen a la ignorancia e inhiben la capacidad de reflexión.

La reflexión sosegada ha dejado paso al eslogan vacío, a la palabra provocativa, a la idea virulenta. La verdad ha dejado de ser importante, sólo lo es la forma de presentar lo que se quiere imponer.

Ya no se convence con argumentos, sino con las formas, tengan o no un contenido real. Políticos y demás vendedores saben que no importa la verdad sino el tipo de emociones y deseos que logran generar en la sociedad. Pero, debemos entender que la mentira, aunque esté bien adornada de cinismo, es una forma de violencia, y, lamentablemente, vivimos un choque de civilizaciones, de culturas, de religiones y de ideas violentas.

Hemos de pasar de una sociedad planetaria de violencia a una de paz, mediante una educación universal que conduzca a la persona, viva donde viva, a ser capaz de reflexionar por sí misma, a obtener respuestas propias, ajenas a los dictados de otros, sean políticos, mercantiles, ideológicos, religiosos o de cualquier índole.

Tenemos el poder y lo dejamos en manos de quienes se lo apropian y lo usan a su conveniencia, que no coincide con la nuestra y con la de la humanidad y del planeta. Es el momento de que los ciudadanos asumamos un papel más activo en las decisiones del rumbo del mundo y de nuestras vidas.

Una de las claves es la educación para la paz y la libertad personal, y desde la paz y la libertad interior construir la paz y la libertad en el mundo.

Una mente serena, libre de odio, de deseos ajenos... es capaz de enfrentarse más eficazmente a estas injusticias planetarias que pueden acabar con la vida sobre la tierra.

Si queremos superar el momento más difícil por el que ha pasado la humanidad, hay que establecer principios éticos universales como punto de encuentro ineludible entre las distintas culturas y sociedades. La declaración universal de los derechos humanos, los principios democráticos de justicia, libertad, igualdad y solidaridad son los elementos constitutivos del único futuro para la humanidad y el planeta.

Debemos plantear una revolución planetaria de legitimación democrática, que devuelva la confianza al mundo en su presente y su futuro.

Hay que tratar de cambiar nuestro modelo de vida, nuestra forma de pensar, de ver el mundo, las prioridades que dan valor a la vida, la reflexión, el valor del tiempo, pensar el mundo y transformarlo, meditar y transformarnos...

Raúl de la Rosa


















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