Susan Blackmore: Consciousness
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Entrevista: Dra. Susan Blackmore

"Tenemos que escapar del dualismo"



Por Vicente Carbona

Susan Blackmore forma parte de un grupo de especialistas científicos empeñados en resolver el enigma quizás más intransigente de la historia de la ciencia: ¿Qué es la conciencia? Lo que la hace diferente, según sus propias palabras, es que toma sus propias experiencias personales como cosas serias y nunca las separa de su ciencia. “Medito todos los días, por ejemplo”.

En Consciousness, An Introduction (Oxford University Press, 2003), Blackmore cubre todas las recientes investigaciones y especulaciones sobre la conciencia de manera extensa y amena. En Conversations on Consciousness (OUP, 2005) entrevista a veinte de los más prestigiosos filósofos y neurocientíficos sobre el tema, personas como Daniel Dennett, Roger Penrose, Francis Crick y David Chalmers, entre otros.

Hay dos maneras básicas de abordar la conciencia. En esta esquina, en el equipo A, están Blackmore y otros como Daniel Dennett, y Patricia y Paul Churchland. Están convencidos de que la conciencia se podrá explicar en términos biológicos y que resolveremos el enigma de la subjetividad estudiando el funcionamiento del cerebro. La dualidad no existe.

En la otra esquina está el equipo B, con gente como David Chalmers, Stuart Hameroff y Roger Penrose, que piensan que aunque un día sepamos objetivamente cómo funciona el cerebro, la subjetividad, para ellos la base de la conciencia, siempre será un enigma irreducible, algo fundamental en el universo, como el tiempo y el espacio. La dualidad existe.

La ruta que ha tomado Susan Blackmore hacia el estudio de la conciencia ha sido de todo menos aburrida. Mientras estudiaba en Oxford (licenciatura en Psicología y Fisiología), tuvo una experiencia extracorporal que marcó su vida y su pensamiento para siempre. Esta experiencia la llevó a doctorarse en Parapsicología por la Universidad de Surrey, donde también obtuvo un máster en Psicología Ambiental, y a investigar lo paranormal, con todas sus implicaciones. Tras miles de experimentos, sus conclusiones son tajantes y sinceras. En Test Your Psychic Powers (Thorsons, 1995 y próximamente en Ediciones i) con Adam Hart-Davis, propuso una serie de sencillos experimentos, convencida de que para acercarse a la verdad, la especulación no basta.

Tras esta fase pasó al estudio de los memes, un concepto originalmente postulado por el biólogo evolucionista Richard Dawkins en The Selfish Gene (OUP, 1976) que hablaba de replicadores culturales (memes) comparables con los replicadores biológicos (genes). Los memes son teoréticas unidades de información cultural que se propagan por imitación, que se replican de un cerebro a otro y constituyen la base de la evolución cultural. En The Meme Machine (OUP, 1999) expuso su teoría sobre los “replicadores de segundo nivel” y nació su fascinación por el enigma de la influencia genética y memética sobre la conciencia.

Se describe como escritora freelance, conferenciante y divulgadora científica (más de 60 artículos académicos publicados). Escribe para varios periódicos y revistas, tiene su propio blog en el Guardian, y aparece regularmente en programas de televisión y radio en el Reino Unido y otros países.

Susan Jane Blackmore, menuda, intensa y sencilla, abre la puerta de su casa en Bristol con una sonrisa, me da la mano, y me pregunta si quiero tomar algo. Pido agua y replica: “¡Qué aburrido!” Voy a tener que compartir un gin tonic (vaso mediano, Bombay Sapphire, Schweppes) con ella. Está buenísimo. Entramos en su estudio, paredes con anaqueles de suelo a techo repletos de libros, piezas de arte oriental y étnico, una gran mesa tipo comedor abarrotada con revistas y más libros, y en cada rincón, para variar, montañas de libros. Me posiciono tomando una silla a una distancia prudente mientras ella se sienta delante de su ordenador. “¿Tan lejos?”, recrimina. Indica una silla al lado de la suya. “¿Me tienes miedo?” Sonríe mientras me acerco y se acomoda en su silla, sentada sobre el respaldo, con los pies sobre el asiento. “Cuando quieras”.

¿Cómo fue esa experiencia extracorporal?

¡Asombrosa! ¡Me cambió la vida! Nunca habría estudiado parapsicología sin haberla experimentado. Dirigió totalmente mi vida desde entonces, y de alguna manera aún la dirige. Lo que ocurrió fue, que estábamos sentados unos cuantos, habíamos tenido una sesión de Ouija, esto era parte de las actividades de la Sociedad de Investigación Psíquica. Yo estaba realmente cansada, iba a clase a las nueve de la mañana y estaba despierta hasta las cinco de la madrugada. Así que fumé algo de cannabis, no mucho, ya sabes... y estaba escuchando esta música...

¿Los Grateful Dead?

¡Sí! Fueron o ellos o Pink Floyd, algo así... y me encontré atravesando esta especie de túnel... y una amiga me dijo: “¿Quieres café?”, y no pude contestarle. Y se cabreó y salió del cuarto. Y entonces Kevin, un chico de pelo largo que me gustaba, dijo: “Sue, ¿dónde estás?”. Y yo murmuré algo y de repente estaba observándolo todo desde el techo, mirando a los tres sentados allí abajo... y pensé: “¡¡Ahhhh!! ¡Proyección astral!”. Había estado leyendo acerca de la proyección astral, así que estaba susceptible... “¡Cómo mola!” Como todo ese rollo teosófico, con la cuerda plateada y todo eso... pero lo interesante fue que no me entró el pánico, porque allí estaba Kevin y él era un verdadero experto, y seguía diciendo: “¡Ohhh! ¿Qué ves?”, y me mantuvo conversando, y yo los observaba allí abajo mientras flotaba sobre ellos. De hecho, duró más de dos horas. Fue una experiencia realmente asombrosa que, al final, cambió de ser una experiencia extracorporal clásica en la que ves cosas desde un punto de vista distinto, y se convirtió en una experiencia vagamente mística. Me convertí en el universo entero, perdí todo sentido de un “ser” separado, y parecía haber conocimiento sin lugar, experiencia sin nadie experimentándola... muchas cosas que luego me costó veinte años de meditación para poder reconstruirlas... y se me aparecieron de repente, como: “Toma, aquí tienes, aquí esta todo”.

Ahora logro comprenderlo, pero me tomó mucho tiempo.

En primer lugar, la primera equivocación que cometí fue asumir que esto era mi alma abandonando mi cuerpo, y la segunda asunción errónea fue que si tu alma puede salir de tu cuerpo, es paranormal y tiene telepatía y clarividencia y... en fin, que mezclé todo esto en mi mente. Haber tenido esta experiencia demostraba que existía la vida después de la muerte, el alma, espíritus, telepatía, clarividencia, y todo eso. Y por eso estaba absolutamente determinada a convertirme en parapsicólogo.

Ahora que lo recuerdo, me digo: “¡Guau! ¡Qué experiencia tan increíble!”. Merecía ser investigada. Pero la manera en que lo acometí, y las asunciones que formulé, eran completamente erróneas. Pero da igual. Vale, me costó muchos años investigar esta confusión, pero lo logré.



¿Lograste racionalizarlo?

Creo que lo importante es no intentar racionalizarlo, porque puedes racionalizar equivocándote. Lo importante es ir y hacer los experimentos. Es realmente averiguar la verdad. Racionalizar sólo es una pequeña parte del proceso. Creo que lo más exitoso al final fue hacer los experimentos. Hice mogollón de experimentos sobre telepatía y clarividencia y precognición y sencillamente nada funcionó. Y me veo obligada a concluir que estas cosas no existen, desde mi punto de vista. Son simplemente ilusiones y espejismos... ese tipo de cosas.

Luego, comencé a investigar experiencias extracorporales en sí. Hice pruebas... ya sabes, hay gente que parece verificar estas cosas y ven algo, ¡pero lo que dicen no es cierto! Y una y otra vez los experimentos fracasaban. Y al reinvestigar todas las historias existentes en los informes, ninguna está realmente corroborada, no hay testigos independientes; hasta las mejores experiencias extracorporales no tienen testigos independientes. Pueden sencillamente ser parte de la tendencia natural de la mente humana a contar un bonito cuento.

Toda esa experiencia es la que ahora me permite comprender mi propia experiencia personal de manera distinta. No es que la racionalicé, es que he logrado comprender mejor cómo funciona la mente. Y ahora, en los últimos años -he estado apartada de este tema ya unos ocho años- pero se han llevado a cabo excelentes investigaciones, particularmente en Suiza. Sabemos qué parte del cerebro necesitamos estimular para producir estas experiencias extracorporales; es la parte del cerebro que coordina la imagen corporal. Y si la alteras, con estimulación eléctrica obtienes una imagen corporal alterada y, con un poco de suerte, puedes hacer que la persona haga volantines sobre sí misma y experimente esa visión exterior imaginaria.

¿Qué influencia ha tenido tu práctica del Zen en tu investigación sobre la conciencia?

Supongo que, debido a esa experiencia... y creo que te habrás dado cuenta ya que es muy extraño cómo todo regresa a esa experiencia... creo que lo que hice, que muchos científicos no hacen, es que tomé mi propia experiencia como una cosa seria y nunca la separé de mi ciencia. Medito todos los días, por ejemplo. Pero no hago esto para que lo entiendan los demás, eso es incidental, lo hago para mí misma. Me considero el tipo de persona que, si tengo una experiencia extraña, y resulta que soy una persona que piensa de manera científica, combino estas dos cosas.

Así que, habiendo reconocido que no era explicable en términos neuropsicológicos convencionales, empecé a buscar, durante mis años veinte, algo que me ayudara a comprender todo esto. Ahora, lo paranormal y todo mi trabajo hacia mi doctorado y mis experimentos sobre la telepatía y todo eso, no me ayudaron directamente, porque todos demostraban que estaba escalando un árbol equivocado, pero sí que me ayudaron considerando que logré aprender toda la información existente y sabía lo que los demás habían dicho sobre estas experiencias. Pero todo eso era intelectual. Yo quería ver si podía tener esa experiencia otra vez, si podía llegar a entenderla repitiéndola. Así que tomé muchas drogas, sigo interesada en los efectos de las drogas, probé muchas cosas, ya sabes, privación sensorial, me entrené a ser bruja, hice todo tipo de hechizos, etcétera.

En algún momento tropecé con el Zen. De hecho, fue en dos ocasiones, una cuando estuve en Londres y me dediqué un poquito al zazen, y luego después cuando me mudé a Bristol, y aquí había un excelente maestro que daba clases por las tardes y acudí durante un tiempo. Luego empecé a ir a retiros. Y en 1986, ese maestro y yo organizamos una conferencia donde conocí mucha gente interesante, todos hablando de la “concentración plena” (mindfulness). Me chocó esta experiencia y comencé a practicar la concentración plena, con mucha intensidad, y desde entonces esto ha llegado a ser una parte de mi vida. Pero todo es parte de lo mismo.

Me fascina tu rechazo de la “racionalidad”. ¿Nunca intentas racionalizar todas estas experiencias?

Racionalizar por sí solo no es suficiente, necesitas evidencias. Puedes racionalizar cualquier teoría, puedes decir que las experiencias extracorporales ocurren debido a una emisión de endorfinas, o morfina, o dopamina, o que es un espíritu que sale del cuerpo, o una presión de los nervios sobre la glándula pineal. Puedes hacer cualquier racionalización que quieras, pero podría ser absoluta basura. Hasta que vas y miras la evidencia, nunca sabrás cuáles de estas teorías “racionales” es la verdad. Y por eso la ciencia es distinta a la razón. Y por eso se cabrean conmigo personas como Paul Kurtz que no paran de hablar de racionalidad.

¿La mente es un meme? ¿Un constructo cultural?

Una pregunta muy interesante... Iba a decir que no, y entonces he pensado, bueno, en realidad tienes razón, sí, porque en realidad no existe tal cosa como “la mente”. Aunque es el contexto, las palabras “la mente” lo que es un meme, una idea que propagamos, que hay una cosa que se llama “la mente”. Personalmente me gusta la definición de Marvin Minsky de la mente como “lo que hacen los cerebros”. La mente es eso, en cuyo caso “la mente” en realidad no es nada.

¿La conciencia es algo parecido?

No, no exactamente, aunque creo que están muy relacionadas. Creo que si comprendemos los memes, esto nos ayuda a comprender la conciencia de una manera diferente. Gracias a los memes, gracias al lenguaje que tenemos, gracias a la manera en que hemos hablado de la conciencia en la filosofía y la psicología anglosajonas, la hemos convertido en una especie de “cosa”, o en un proceso que queremos creer que entendemos, creemos que es “algo que yo experimento”, una corriente de experiencias, algún tipo de proceso continuo en el que “yo” me doy cuenta de lo que está sucediendo ahí fuera en el mundo. Y la manera en que utilizamos el término “conciencia” en nuestro lenguaje cotidiano es intrínsecamente dualista, y eso es lo que causa el problema.

Si intentas deshacerte de todo eso, si intentas alejarte de esa manera de hablar de la conciencia, ¿qué te queda? Venga. Regresemos a: ¡Ahora! (abre los brazos de par en par).

No soy capaz de decir nada acerca de “ahora”. Y eso para mí es el problema, entre... (abre los brazos)... y toda la porquería que la gente comenta sobre la conciencia. Así que buena parte de lo que intento hacer es, en realidad, de alguna manera saltar del uno al otro. Esto: (abre los brazos), no se puede comunicar. Yo no te puedo decir cómo es ser yo, y hasta decir esas palabras no tiene ningún sentido.

¿La conciencia es una adaptación? ¿Es algo útil en términos evolutivos?

No. No creo que haga nada. Parte del problema de nuestros intentos para comprender la conciencia es que la consideramos como un “poder”, algún tipo de proceso que tiene algún tipo de poder, que hace algo. Es una manera muy natural de concebir la conciencia. Pero si defines la conciencia como subjetividad, o “cómo es ser...”, o... (abre los brazos)... no tiene poder. Los que sí tienen poder son los brazos y las piernas y las neuronas disparando y los conceptos que crean, y las cosas que la gente ve, y el hecho de que puedo tomar mi mano y coger este lindo gin tonic y bebérmelo, y el gin aquí afectará a esas células y les hará comportarse de manera diferente, y entonces yo me comportaré de manera diferente. Puedo decir: “Oh, me cambió la conciencia, y entonces mi conciencia me hizo caerme al suelo”. Pero decir que la conciencia hace algo, es darle un poder que no podemos encontrar, no podemos observar, no podemos comentar. Y por eso creo que no se trata de ese tipo de cosas, no hace nada, y si no hace nada, no tiene consecuencias evolutivas.

Pero parece que distintas culturas tienen distintos conceptos de la conciencia...

Sí, y esos conceptos pueden tener consecuencias, y ser mejores o peores, pero no creo que exista tal cosa llamada conciencia. En serio, tenemos una idea completamente falsa de lo que significa conciencia. Natural-mente parece que pensemos que es algún tipo de poder o fuerza o algo que “yo tengo”. Es lo que “yo uso para experimentar el mundo”, y es lo que “yo uso para interactuar con el mundo”. De alguna manera necesitamos deshacernos de eso, y del dualismo que implica, y ver el mundo de manera que tenga sentido con el hecho de que esto es simplemente una entidad biológica haciendo cosas en el mundo. Y sin embargo, existe “¡esto!” (abre los brazos). ¡Y no sé qué hacer con eso! Estoy sentada aquí, parece que hay un “yo” en esta habitación experimentando el color del techo. ¿Qué infiernos quiere decir eso? Es un enorme misterio. No tengo respuesta, pero te puedo asegurar que pienso que todas las respuestas que tenemos hasta ahora, fracasan. Sólo Daniel Dennett se acerca de algún modo.

Los Churchland y Dennett comienzan a dirigir algunas cuestiones filosóficas sacándolas de su caparazón metafísico y pasándolas al mundo de la ciencia real. Y aquí podría mencionar algo sobre el racionalismo. Los filósofos han racionalizado todo tipo de cosas sin cesar, a veces tienen ideas muy útiles, pero no pueden hacer lo que puedes hacer cuando obtienes un concepto neurocientífico del cerebro, que te dice, bueno, todo este campo de pensamiento es erróneo, porque en realidad, es así cómo funciona el cerebro. Y eso es lo que gente como los Churchland y Dennett están haciendo, tomando la manera en que el cerebro funciona realmente y diciendo: ¡Ah! Bueno, toda esa rama de pensamiento es basura. ¡Vale! ¡A rectificar! Y eso es estupendo.



¿La “experiencia” es sencillamente actividad cerebral, como dicen los Churchland?

Ohhh... de alguna manera, de alguna manera, pero ¡no veo cómo! ¡No lo comprendo! He vivido cincuenta y seis años y no lo comprendo. En serio, mira esa alfombra, ¡mira ese color! ¿Cómo puede eso ser actividad cerebral? Pero de alguna manera, tiene que serlo.

Sé de qué estamos hablando cuando hablamos de subjetividad. Así es cómo me parece ser la alfombra ahora mismo. Pero cuando busco el “me parece ahora mismo”, no soy capaz de encontrarlo.

¿La subjetividad es el “problema difícil”?

Sí, sí. Pero no estoy segura de que el “problema difícil” esté correctamente formulado. En realidad no hay “problema difícil”. Me consta que el “problema difícil” tal como lo propone Chalmers asegura que la experiencia subjetiva surge de la actividad cerebral objetiva. Bueno, ¿y si no surge de ella? En serio, ya está aduciendo que es un tipo de “cosa”, o un proceso que “surge de”, pero igual no es así, igual es un proceso cerebral, y en ese caso ya no puede “surgir de”; o quizás es algo completamente distinto.

¿En qué se diferencian los procesos cerebrales conscientes e inconscientes?

Dudo que lo sepa nadie. Esta es una pregunta realmente interesante, y he llegado a la conclusión de que es una de esas cosas engañosas. Toda la búsqueda de las correlaciones neuronales de la conciencia está basada en la idea de que hay partes del cerebro, algunos procesos del cerebro, que permanecen inconscientes, y otros que están “en” la conciencia. Bueno, eso es exactamente a lo que se refería Dennett con lo del “Teatro Cartesiano”. Ya sabes, estás diciendo que algunos de ellos están “en” la conciencia, que están siendo “observados” por el homúnculo en el teatro, sentado en su asiento en su cine privado teniendo estas experiencias, mientras que todos los demás procesos cerebrales, que son el mismo tipo de cosa, están de algún modo en la oscuridad, y nadie los está observando. Bueno, eso es totalmente absurdo, tiene que ser falso, y de nuevo, Dennett lo indicó y me ayudó a verlo. Tiene que ser falso. Porque no existe una persona adicional consciente sentada en el cerebro observando algunos procesos pero no otros.

Sin embargo, como sabes, la mayoría de personas y casi todos los científicos te dirán lo mismo: “Claro que no hay un homúnculo, eso lo sé, es algún otro proceso cerebral que lo está observando”. Pero ¿eso es útil? ¡No! Sólo ayuda si lo que quieres saber es cómo puede ser que un proceso cerebral juzgue a otro proceso cerebral y haga algo con los resultados de la evaluación. Eso está bien. Pero si quieres proceder desde procesos cerebrales objetivos a “qué es ser yo ahora mismo”, esa experiencia subjetiva, no te ayuda para nada decir que es simplemente otro proceso cerebral ob-servando al otro. Sin embargo, eso es lo que insinúan la mayoría de teorías, lo que nos deja con un gran misterio. Y aquí está el misterio (abre los brazos): está aquí para ti si es que eres alguna cosa. Y yo no sé qué hacer con ello.

Cuando me imagino: Existo; estoy sentada aquí mirando al techo a través de mis ojos, y disfruto de ello... entonces pienso que debo estar equivocada, ¿por qué estoy equivocada? ¿Por qué me siento así? ¿Cómo me siento? Y medito mucho sobre esta cuestión.

¿Podremos algún día cargar y descargar nuestra personalidad a y de ordenadores?

Si hablamos de cargar nuestra personalidad a una máquina, pues sí, no veo por qué no. Depende de a qué te refieres con “personalidad”. Pero lo cierto es que si cargas todas las memorias de una persona, sus opiniones y sus creencias a una máquina, sigues teniendo un cuerpo que está intentando utilizar todo esto. Esta es una de las cosas absurdas que tiene el concepto de vida tras la muerte, me refiero: ¿Qué significa decir que viviré después de morir? ¿Tendré otro cuerpo? Y las religiones se esconden de todo esto.

Así que, ¿no habrá vida tras la muerte para Susan Blackmore?
No, claro que no. De hecho, no estoy realmente viviendo ahora, pero da igual; así que no estaré dando tumbos por ahí después de morir. Distintas religiones discrepan sobre lo que todo esto significa, etcétera. Pero si descargas todo esto en una máquina que no tiene brazos y piernas, las cosas cambiarán bastante. De hecho, ahora mismo me siento como una persona bastante distinta, ya que hace poco me fracturé la pelvis, y cojeo... ya sabes, toda la vida he estado corriendo a todos los sitios, subiendo las escaleras corriendo. Y ahora no puedo correr. Cojeo. Y eso marca una diferencia notable en cómo me siento acerca de quién soy. Si haces que se descargue todo tu cerebro a una máquina con ruedas, vas a ser algo distinto. Me parece que el clon que mencionaste antes suena más convincente.

Si los humanos nos mantenemos vivos el tiempo suficiente, y mantenemos el flujo de energía hasta el punto en que los servidores pueden automantenerse y autoabastecerse, cuando eso ocurra, los memes que surgieron originalmente en el cerebro humano y que han propagado a través del internet, simplemente seguirán existiendo.

Pero es muy posible que a través del cambio climático y la polución nos mataremos nosotros mismos demasiado pronto y no llegaremos a la singularidad, y toda la civilización que ahora tenemos desaparecerá, y los ordenadores dejarán de funcionar y se oxidarán, y todo tendrá que esperar.

¿Tienes libre voluntad?

No. Pero casi todo el mundo cree que la tiene, y esto sí es importante. Porque considero que si crees que tienes libre voluntad, tienes una idea falsa de lo que significa actuar y lo que significa decidir y lo que significa tener responsabilidad. Y nuestra sociedad está edificada sobre la idea de la libre voluntad, y castigamos a las personas de manera horrible por cosas que hacen, asumiendo que tienen libre voluntad en algún sentido tradicional que habla del poder que tiene su mente consciente de decidir, por lo que son. Y la responsabilidad yace en el “yo”. ¡Pero eso no lo resuelve!

Por eso tenemos un verdadero problema con la visión individual de la libre voluntad, y la percepción social de la libre voluntad. Es muy difícil deshacerse de todo esto. Casi todo el mundo que entrevisté (en Conversations on Consciousness) sobre la libre voluntad, como sabes, me dijo: “Claro que la tengo”, o algunos: “Bueno, tengo que vivir como si la tuviera”, porque de lo contrario ¡me volvería loco! Bueno, discrepo. Yo ya no siento que tengo libre voluntad. Creo que esto es muy interesante.

Cuando miro al techo, o a la alfombra, o a ti, sigo teniendo, después de todos estos años meditando y luchando, sigo sintiendo que estoy aquí, y tú estás allí, y que existo en algún sentido y estoy teniendo experiencias. En la meditación profunda esto desaparece. Pero normalmente sigue ahí.

Pero la idea de que tengo libre voluntad y decido hacer lo que hago gracias a la libertad, hace tiempo que desapareció. Y ya no regresa para marearme de vez en cuando. Dennett aún siente esa “corazonada zómbica”, yo también puedo sentir esa corazonada zómbica, pero no tengo una “corazonada de libre voluntad”. Aunque casi todo el mundo la tiene.

Frecuentemente, la gente que piensa, llega a la conclusión de que no puede haber tal cosa como la libre voluntad en su sentido tradicional, mágico, pero entonces no saben qué hacer con esto en su vida cotidiana. Verás, aquí regresamos a algo que he dicho al principio de esta entrevista: de alguna manera no soy capaz de separar mi ciencia y mi filosofía y mi pensamiento, de mi vida diaria. Constantemente insisto en que convivan. Pero muchos científicos que conozco están perfectamente dispuestos a separar ambas cosas. Y te dirán que racionalmente claro que la libre voluntad es una ilusión, pero en su vida cotidiana sencillamente creen en ella. Yo es que no soy así.

¿El mundo existe porque Sue Blackmore se lo está imaginando?

Tiene que haber más que eso. Creo que el solipsismo es un callejón sin salida. Pero de alguna manera, tenemos que escapar del dualismo. El dualismo que nos dice: “Existe un mundo real, pero también hay experiencias privadas, las mías, las tuyas, y ‘cómo es ser’ alguien cualquiera”. Eso no funciona, y no sé cómo escapar de ello. Pero sí sé que, primero, lógica y racionalmente es así, pero segundo, también a través de la meditación, pero es muy interesante que en el zen se dice que la labor es comprender que la dualidad no existe. ¿Cómo? Ni idea. ¡Pero sigue intentándolo! Eso es muy esperanzador. Es el mismo problema y al final podría tener la misma solución.

Si es tan esperanzador, ¿por qué tanto pesimismo acerca de la humanidad?

Oh, eso es distinto. Soy optimista sobre esa solución en el sentido de lo que uno, como ser humano, puede hacer para comprender el predicamento humano, ya sea a través de la experiencia o a través de la racionalidad; pero si entonces miro objetivamente a los seres humanos como una especie que ha evolucionado sobre este planeta y me pongo a hacer predicciones sobre adónde va, sencillamente no estamos respondiendo ante retos como el cambio climático como francamente deberíamos responder.

Es probable que sea demasiado tarde. Creo que hemos sobrepasado algunos de los puntos críticos. Y de ser así, entonces nuestra generación, y nuestros hijos aún más, verán el derrumbe total del clima, hasta el punto en que los sistemas económicos se derrumban, y algunas sociedades se derrumban, quizás todas, quizás no, no lo sé.

Pero mientras sigamos aquí, mientras sigamos vivos, existe alguna esperanza de que a través de la ciencia, a través de experimentos, a través de nuevas teorías, a través de prácticas personales, la meditación u otra disciplina, podamos escapar del dualismo.


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