revista dharma

El miedo como política

Dokushô Villalba

La maquinaria propagandística norteamericana sigue funcionando a marchas forzadas desde que, antes de que comenzara la invasión de Irak, ya hubiera perdido esa guerra en la opinión pública internacional. Parece que el único error que el Gobierno de los EEUU reconoce a este respecto es el de no haber sabido “vender” la invasión y la posterior ocupación de Irak. El apoyo que algunos mandatarios europeos (entre ellos Aznar) dieron al gobierno norteamericano les has costado o les va a costar el puesto, presionados por una opinión pública que se manifestó con una contundencia indudable.

El segundo vértice del eje del mal designado por el equipo Bush es Irán. Aunque los resultados catastróficos de la política norteamericana en Irak no dejan de empeorar, el engranaje propagandístico que apunta esta vez a Irán se halla en estos momentos a toda máquina. En el caso de Irán no se trata de armas químicas de destrucción masiva, sino de la posibilidad de que pueda fabricar la bomba atómica. Ahora es Irán, como el Gran Lobo, el Hombre del Saco, el Imperio del Mal, contra el que hay que actuar rápida y contundentemente. Es increíble contemplar cómo los medios de comunicación españoles, europeos, occidentales, en definitiva, se hacen eco de este mensaje y lo reproducen hasta la naúsea: periódicos, radios, tv… por todas partes se está transmitiendo la imagen de un Irán al que debemos temer por el hecho de que han perfeccionado el proceso de enriquecimiento de uranio, condición imprescindible para la fabricación del arma nuclear.

Lejos está de mi intención el defender al régimen iraní y mucho menos a su provocador presidente. Lo que me indigna es la manipulación que los medios de (des)información hacen de la pretensión de Irán de acceder a la tecnología nuclear.

La pregunta evidente es: ¿por qué NO Irán y SÍ Israel, India, Pakistán, USA, Rusia, Francia, Inglaterra, China? ¿Por qué unos países se arrogan el derecho exclusivo de poseer armas nucleares? ¿Con qué autoridad moral prohíben a otros países el acceso a un poder mediante el que ellos mantienen atemorizado al mundo? Y ¿por qué presionan a unos tanto y a otros nada? La prensa está presentando a Irán como el nuevo gran enemigo de Occidente, arguyendo que sus instalaciones nucleares no son transparentes al control de la ONU. ¿Y las instalaciones de Israel? ¿Y las de la India? ¿Y las de los Estados Unidos mismos?

Si Occidente está dominando el planeta, imponiendo su régimen económico y sus conceptos culturales al resto de civilizaciones, gracias (en última instancia) a su poder militar, principalmente nuclear, ¿por qué habríamos de extrañarnos que otros países pertenecientes a otras culturas traten de defender su patrimonio intentando acceder al mismo poder militar-nuclear?

El camino para la no-proliferación de armas nucleares no puede estar basado en la coacción de los países con armas nucleares sobre los países sin ellas, sino en un desarme nuclear colectivo, comenzando por los que más armas nucleares tienen. Las grandes potencias nucleares occidentales rechazan su propio desarme nuclear arguyendo medidas de seguridad y necesidad de defensa, pero ¿nos hemos preguntado qué seguridad pueden sentir otros países no nucleares frente a nuestro poder y sobre todo a nuestra voracidad y codicia?

La solución no es volver a la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada ni que Occidente trate de transformar esta doctrina en una nueva basada en la Destrucción Ajena Asegurada. La solución pasa por un desarme nuclear total de TODOS los países miembros de este selecto club.

La opinión pública debe estar alertada y verdaderamente informada para evitar ser víctima de la campaña que trata de meternos miedo al Ogro Iraní (antes fue al Oso Ruso). Debemos rechazar cualquier ataque militar a la soberanía iraní y trabajar por una cultura de diálogo en el que todos los países sean tratados con el mismo respeto y medidos con el mismo rasero. Es vergonzosa la actitud de muchos gobernantes y medios de comunicación europeos que están secundando la campaña de acoso de los Estados Unidos sobre Irán. A ellos, los ciudadanos debemos decirles de nuevo que no. Que nuestro bienestar no puede tener cualquier precio.







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