El budismo
revista dharma



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El budismo en los estados
democráticos modernos

Dokushô Villalba

Aunque la Constitución Española promulga la libertad de culto, la igualdad de oportunidades de todas las religiones profesadas por los españoles y la aconfesionalidad del Estado, estos principios aún no son plenamente practicados por las mismas instituciones del Estado, y algunas confesiones, como la Iglesia Católica, se resisten a perder los privilegios que han ostentado durante siglos. Extraña ver, por ejemplo, cómo muchas aulas de nuestras escuelas públicas siguen estando presididas por el crucifijo, que también continúa presente en la mesa sobre la que juran sus cargos el presidente del gobierno, los ministros y los altos cargos del Estado. Los símbolos católicos permanecen aún en muchos actos públicos y en símbolos importantes del Estado, como por ejemplo en la cima de la corona del escudo nacional español, que supuestamente debe representar a todos los españoles, sea cual sea la religión que profesemos o no profesemos.

Es comprensible que, después de siglos de simbiosis Iglesia Católica-Estado español, la evolución de un Estado confesional a otro aconfesional y laico necesite tiempo, pero también necesita la intención y la voluntad tanto del estamento político como de las instituciones religiosas y de los ciudadanos.

En el pasado, en Oriente, casi todas las instituciones budistas estuvieron también aliadas al estado. La no diferenciación, o la estrecha alianza, entre religión y estado es una de las características de los estados pre-modernos o pre-democráticos, y parece que forma parte de la evolución histórica natural de las sociedades humanas. En el Tíbet, el Potala, sede de la autoridad religiosa del budismo tibetano, era al mismo tiempo la sede del gobierno, antes de la invasión china. En Japón, el budismo fue declarado religión del estado en el siglo VI, y así continuó hasta que la armada norteamericana del almirante Perry introdujo a cañonazos la modernidad en el Japón del siglo XVIII.

A pesar de que las religiones son una fuerza civilizadora y contribuyen enormemente a la articulación de las sociedades, la historia también nos ha enseñado que la simbiosis estado-instituciones religiosas ha conducido a muchos excesos y ha pervertido la esencia misma del hecho religioso.

Es muy probable que el budismo en España, representado por la Federación de Comunidades Budistas españolas, sea reconocido como una religión de amplio arraigo durante este año 2006. Este es un hecho histórico que demandará a los budistas españoles un posicionamiento claro respecto a la relación del estado democrático y las religiones y, en concreto, entre el Estado Español y el budismo, así como en la relación entre el budismo y las distintas confesiones religiosas que profesan los españoles.
En lo que a la Comunidad Budista Soto Zen concierne, vamos a defender la completa separación estado-confesiones religiosas, la aconfesionalidad y la laicidad del estado, la supresión de símbolos religiosos de los actos oficiales, la igualdad de oportunidades y de tratamiento por parte del estado con respecto a la diversas confesiones religiosas y a las creencias religiosas individuales, y la educación laica no confesional.

Dado que los budistas españoles estamos teniendo una presencia cada vez más evidente en nuestra sociedad, considero que es importante que un debate racional y sereno sea abierto.



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