revista dharma
 

Loli Curto



Hoy en día se oye hablar constantemente del cuidado de nuestro cuerpo y de mantener una buena línea, pero sobre todo de lo que más se habla es de las dietas.

Todos sabemos que existen numerosas dietas, cada vez aparecen más, muchas de ellas sin ningún fundamento científico ni lógico. Estas dietas suelen obtener fácilmente muchos adeptos momentáneos, ya que se dedican a sembrar ilusiones con rápidos resultados y decepcionantes desenlaces.

Detrás de muchos productos que salen al mercado todos sabemos que se esconde una idea y una seductora forma de vender para atraer al consumidor. La publicidad y los publicistas hacen milagros.

En el mercado editorial se está produciendo una veloz transformación, las tradicionales revistas que han tratado durante los últimos veinte años sobre temas culturales diversos están cerrando sus puertas y otras han transformado variando su línea editorial para obtener mayor demanda. Es incalculable la cantidad de revistas que aparecen cada año en el kiosco con la cabecera de: “Salud; Dieta; Silueta; En forma; Estética; Tu línea; Adelgazar; Belleza; Vida Sana...”.

Este fenómeno nos deja asombrados a los profesionales que llevamos años divulgando y asesorando sobre distintos temas relacionados con la salud. ¿Qué significa tanto interés de repente por cuidarse? ¿No será que la sociedad está yendo en la dirección equivocada respecto a la salud y, por esta razón, necesita soluciones? Algunas veces, los mismos profesionales que han estado escribiendo sobre otros temas son los que empiezan, por necesidad laboral, a escribir sobre “Salud y alimentación”.

Tal vez es que estos conceptos venden más, y el mercado depredador necesita que la gente compre como sea, aunque tenga que ponerle la palabra “salud” al alcohol, la carne, el café, los azúcares o los productos químicos complementarios. Éste es un fenómeno que se está produciendo cada día más, y que nos resulta ridículo a los que somos conscientes del sistema de alimentación. Las etiquetas de algunos productos llevan incorporada la frase : “No contiene colesterol”. Es evidente que el colesterol sólo lo pueden tener las personas, no los productos.

Ante una evidencia tan clara me sorprende que el consumidor no reaccione. Con esta actitud podemos ver que hay una tremenda falta de información y, por esta razón, todo cuela; la gente compra, eso es lo importante.

Desde aquí queremos dar un poco de luz a este tema para que no nos engañen con tanta facilidad. Hay miles de sugerencias de dietas estandarizadas en el mercado y todas pretenden ser la correcta, pero en realidad muy pocas son las que se basan en criterios lógicos, de sentido común, y menos las que tienen en cuenta la totalidad del individuo, la naturaleza con sus estaciones y los cambios climatológicos, el entorno, la constitución de cada uno (la herencia genética) y, sobre todo, la condición física, emocional, psíquica y espiritual de la persona en el momento presente.... y un conocimiento profundo de los alimentos, no sólo conocimiento de sustancias sino de funciones energéticas y terapéuticas, saber cómo llegar hasta los órganos internos y producir el efecto deseado (sedar, activar, descontracturar, limpiar, eliminar, regenerar, curar.... )

Nuestros antepasados no necesitaban revistas para saber qué debían comer o beber en cada época del año, y conocían a la perfección cómo solucionar desde casa molestias de todo tipo y desajustes del organismo, la mayoría de las enfermedades infantiles y los accidentes domésticos. No era necesario ir al médico para un estreñimiento, fiebre, golpes, esguinces, gripes, catarros, falta de apetito o parásitos.

Cada familia disponía, además, del conocimiento de los productos de fabricación artesana, basándose siempre en la naturaleza para obtener la curación. Sólo los virus, microbios, desarreglos celulares e infecciones, eran causas difíciles de curar con remedios naturales, lo que motivaba que acudiesen al médico para conocer su diagnóstico y el tratamiento pertinente.

Los criterios básicos para aventurarnos con una dieta nueva deberían ser: utilizar como base los alimentos tradicionales de cada región y época del año, aunque esto signifique que algunos de ellos no serán del todo adecuados para nosotros y, sobre todo, saber cuándo estamos tomando alimentos que producen el efecto contrario al que necesitamos conseguir.

Un ejemplo de ello es: algunas personas acostumbran a tomar zumo de naranja durante todo el año. Según la medicina tradicional el exceso de sabor ácido contrae enormemente el sistema digestivo, creando una fuerte contracción muscular en la zona cervical. Estas personas acuden al traumatólogo quejándose de rigidez muscular. Eso se soluciona eliminando el exceso de ácido de la dieta.

En siguientes números de Dharma iremos mostrando diferentes costumbres cotidianas tenidas como saludables, pero que pueden afectarnos negativamente cuando se hacen de manera mecánica.



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