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Sue Blackmore
es escritora freelance, oradora y locutora, y profesora invitada en
la University of the West of England, de Bristol. Posee una licenciatura
en psicología y fisiología por la Universidad de Oxford
(1973) y un doctorado en parapsicología por la Universidad de
Surrey (1980). Sus intereses de investigación incluyen los memes
y la teoría memética, la teoría de la evolución,
la conciencia y la meditación. Practica zen. Escribe para varias
revistas y diarios, y es una colaboradora y presentadora frecuente en
radio y televisión. Es autora de más de setenta artículos
académicos, colaboradora en cerca de cincuenta libros y muchas
reseñas literarias. Sus libros incluyen: Beyond the Body (1982),
Dying to Live (sobre las experiencias cercanas a la muerte, 1993), In
Search of the Light (autobiografía, 1996), y Test Your Psychic
Powers (con Adam Hart-Davis, 1997). Su libro The Meme Machine (1999)
ha sido traducido a once idiomas. Su libro de texto Consciousness: An
Introduction (2003) fue preseleccionado para el British Psychological
Society Book Prize. Libros suyos en preparación son: A Very Short
Introduction to Consciousness (OUP, 2005) y Conversations on Consciousness
(OUP, 2005).
ÍNDICE
PRINCIPAL
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Despertando del sueño del meme
Dr. Susan Blackmore

¡Despierta! ¡Despierta!
Errrr, ummmm, grrrrggr. Vale, ya estoy despierta. ¡Jo, qué
sueño tan raro! Realmente pensaba que tenía que escapar
de la zona urbanizada, y era terriblemente importante llegar a tiempo
a la despensa. ¡Qué tontería! Claro, ahora veo que
no era real en absoluto.
¡Despierta! ¡Despierta!
¿A qué te refieres con despierta? Ya estoy
despierta. Esto es real. Esto importa de verdad. No puedo despertarme
más. ¡Lárgate!
¡Despierta! ¡Despierta!
Pero no lo entiendo. ¿De qué? ¿Y cómo?
Estas son las preguntas que quiero tratar de responder. ¿De qué
debemos despertar? ¿Y cómo? Mis respuestas serán
Del sueño del meme y Viendo que es un sueño
del meme. ¡Pero explicarlo puede llevarme algún tiempo!
La idea de que la vida normal en estado de vigilia es un sueño,
o una ilusión, tiene una larga historia en las tradiciones religiosas
y espirituales. Esto no tiene sentido para quien mira a su alrededor
y está convencida de que ahí fuera hay un mundo real y
un yo que lo percibe. Sin embargo, hay numerosas claves que indican
que esta visión ordinaria es falsa.
Algunas claves provienen de las experiencias místicas espontáneas
en las que la gente ¡ve la luz!, se dan cuenta de
que todo es uno, y van más allá del yo para
ver el mundo tal como es realmente. Sienten con certeza
que la nueva manera de ver es mejor y más veraz que la antigua
(aunque, por supuesto, ¡podrían estar equivocados!).
Otras claves provienen de la práctica espiritual. Probablemente
lo primero que cualquiera descubre cuando trata de meditar, o ser consciente,
es que su mente está constantemente llena de pensamientos. Típicamente,
éstos no suelen ser pensamientos sabios o maravillosos, ni siquiera
útiles y productivos, sino mero parloteo infinito. Desde lo realmente
trivial hasta lo emocionalmente comprometedor, siguen sin parar. Y lo
que es más, prácticamente todos me involucran.
De ahí a preguntarse quién es este yo que tanto sufre,
y por qué yo no puedo detener los pensamientos, hay
un pequeño paso.
Finalmente, llegan claves desde la ciencia. La conclusión más
obvia (y espeluznante) de la neurociencia moderna es que, simplemente,
no hay nadie dentro del cerebro. Cuanto más aprendemos sobre
cómo funciona el cerebro, menos parece necesitar un controlador
central, un enanito en su interior, alguien que toma decisiones o vive
experiencias. Éstas son ficciones, parte del cuento que el cerebro
se cuenta a sí mismo sobre el yo interior (Churchland y Sejnowski,
1992; Denté, 1991).
Algunos dicen que no tiene sentido tratar intelectualmente de comprender
asuntos espirituales. Discrepo. Es verdad que la comprensión
intelectual no es igual que el entendimiento, pero esto no significa
que sea inútil. En mi propia tradición de práctica,
el zen, hay mucho espacio para el empeño intelectual; por ejemplo,
en el cultivo de la mente que no sabe, o en el trabajo con
koans. Puedes llevar una cuestión a tal estado de confusión
intelectual que sea posible palparla, sostenerla, en toda su complejidad
y simplicidad. Como ¿Quién soy yo?, ¿Qué
es esto? o (una pregunta con la que me he peleado) ¿Qué
te dirige?.
Existe también un terrible peligro al rechazar ser intelectual
sobre cuestiones espirituales. Es decir, podemos divorciar nuestra práctica
espiritual de la ciencia de la que toda nuestra sociedad depende. Si
esta sociedad va a tener alguna profundidad espiritual, debe cuadrar
felizmente con nuestra creciente comprensión del funcionamiento
del cerebro y la naturaleza de la mente. No podemos permitirnos tener
un mundo en el que los científicos comprenden la mente, y otro
en el que gente especial se ilumina.
De modo que no me disculpo por mi enfoque. Voy a intentar responder
a mis preguntas usando la mejor ciencia que puedo encontrar. Parecemos
vivir en un revoltijo que creemos que le importa a un yo que no existe.
Quiero averiguar por qué.
La peligrosa idea de Darwin
Existe una idea científica que, en mi opinión, supera
a las demás. Es exquisitamente simple y bella. Explica los orígenes
de todas las formas de vida y de todo diseño biológico.
Descarta la necesidad de Dios, de un diseñador, de un plan maestro
o de un propósito en la vida. Sólo a la luz de esta idea
cobra algún sentido la biología. Es, por supuesto, la
idea de Darwin de la evolución por selección natural.
Las implicaciones de la selección natural son tan profundas que
la gente se ha visto asombrada o enfurecida, fascinada o ultrajada,
desde que fue propuesta en 1859 en El origen de las especies. Esta es
la razón por la que Dennet (1995) la llama La peligrosa
idea de Darwin. Tristemente, mucha gente ha malinterpretado la
idea y, lo que es peor, la ha usado para defender doctrinas políticas
indefendibles que no tienen nada que ver con el darwinismo. Espero por
tanto que me perdonen si empleo algún tiempo en explicarla tan
claramente como pueda.
Todo lo que se necesita para que la selección natural comience
es un replicador en un entorno apropiado. Un replicador es algo que
se copia a sí mismo, aunque no siempre perfectamente. El entorno
debe ser capaz de permitir al replicador crear numerosas copias de sí
mismo, aunque no todas puedan sobrevivir. Eso es todo.
¿Puede realmente ser tan simple? Sí. Todo lo que ocurre
es esto: en cualquier generación replicada, no todas las copias
son idénticas y algunas son más capaces de sobrevivir
en ese entorno que otras. Consiguientemente, hacen más copias
de sí mismas y ese tipo de copia se convierte en el más
numeroso. Entonces las cosas empiezan a complicarse, claro. La población
de copias en rápida expansión comienza a alterar el entorno
y eso cambia las presiones de selección. Variaciones locales
en el entorno significa que diferentes tipos de copias se las arreglarán
mejor en distintos lugares, y así surge más complejidad.
De este modo el proceso puede producir todos los tipos de complejidad
organizada que observamos en el mundo vivo; y, sin embargo, todo lo
que necesita es este proceso sencillo, elegante, bello y obvio: la selección
natural.
Para concretar algo más, imaginemos un caldo primigenio en el
que ha surgido un simple replicador químico. Llamaremos a los
replicadores motas. Estas motas, gracias a su constitución
química, hacen simplemente copias de sí mismas cuando
encuentran los compuestos químicos adecuados. Ahora las ponemos
en una rica ciénaga química y comienzan a copiarse, aunque
con errores ocasionales. Pasan unos millones de años y hay muchos
tipos de motas. Las que requieren mucho cieno han agotado los suministros
y están decayendo, por lo que ahora el tipo que puede usar, digamos,
isocieno, sobrevive mejor. Pronto hay diversas zonas en las que diferentes
compuestos químicos predominan y aparecen diferentes tipos de
motas. La competencia por los compuestos químicos del cieno se
recrudece y la mayoría de las copias muere. Sólo aquellas
que, por alguna rara casualidad, resultan tener nuevas y hábiles
propiedades, siguen replicándose.
Las propiedades hábiles podrían incluir la capacidad de
moverse en el entorno para encontrar el cieno, atrapar un isocieno3-7
y fijarse a él, o construir una membrana alrededor de sí
misma. Cuando aparecen las motas con membranas, empiezan a imponerse
sobre las motas flotantes y se producen las super-motas.
Pasan otros millones de años y se descubren trucos tales como
admitir a otras motas en el interior de la membrana, o la unión
de varias super-motas. Aparecen super-mega-motas, como los animales
pluricelulares, con suministros propios de energía y partes especializadas
que les permiten moverse y protegerse. Sin embargo, estos resultan ser
sólo comida para super-mega-motas todavía más grandes.
Solo es cuestión de tiempo hasta que una variación aleatoria,
junto con la selección natural, produzcan un vasto mundo vivo.
En el proceso, se han creado y han muerto billones y billones de motas
fracasadas, pero un proceso lento y ciego como este produce resultados.
Resultados en nuestro planeta incluye bacterias y plantas,
peces y ranas, ornitorrincos, y nosotros mismos.
El diseño aparece de la nada. No se necesita un creador o un
plan maestro, y ningún destino final hacia el cual la creación
se esté encaminando. Richard Dawkins (1996) lo llama Escalada
al Monte Improbable. No es más que un proceso sencillo pero inexorable,
en el que se crean cosas increíblemente improbables.
Es importante recordar que la evolución no tiene previsión
y por tanto no produce necesariamente la mejor solución.
La evolución sólo puede proceder desde donde se encuentra
ahora. Por esta razón, entre otras, tenemos un diseño
de ojos tan raro, con todas las neuronas saliendo por la retina y tapando
la luz. Una vez que la evolución se encaminó hacia este
tipo de ojo, le tocó bregar con él. No había ningún
creador para decir: Oíd, empecemos de nuevo, pongamos los
cables por detrás. Ni había un creador que dijera:
Venga, vamos a hacerlo divertido para los humanos. A los
genes simplemente no les importa.
Comprendiendo el fantástico proceso de la selección natural
podemos ver cómo nuestros cuerpos humanos llegaron a ser como
son. Pero, ¿y nuestras mentes? La psicología evolutiva
no responde fácilmente a mis preguntas.
Por ejemplo, ¿por qué pensamos sin parar? Desde un punto
de vista genético esto parece extremadamente despilfarrador,
y los animales que malgastan energía no sobreviven. El cerebro
usa alrededor del 20% de la energía del cuerpo, mientras que
pesa sólo el 2%. Si pensáramos pensamientos útiles,
o resolviéramos problemas relevantes, tendría algún
sentido, pero en general no parece que lo hagamos. Entonces, ¿por
qué no podemos simplemente sentarnos y no pensar?
¿Por qué creemos en un yo que no existe? Alguien quizás
podrá explicarlo en términos evolutivos, pero al menos
en la superficie parece inútil. ¿Por qué construir
una idea falsa del yo, con todos sus mecanismos en defensa de la autoestima
y el miedo a fracasar y perder, cuando desde un punto de vista biológico
es el cuerpo el que necesita protección? Obsérvese que
si pensáramos en nosotros mismos como un organismo único,
no habría problema, pero no lo hacemos; antes bien parecemos
creer en un yo separado, algo que domina al cuerpo, algo que debe ser
protegido de por sí. Apuesto a que si te preguntara: ¿Qué
preferirías perder, tu cuerpo o tu mente?, no te tomaría
mucho tiempo decidir.
Como a muchos otros científicos, me encantaría encontrar
un principio tan simple, tan bello y tan elegante como la selección
natural, para explicar la naturaleza de la mente.
Creo que hay uno. Está estrechamente relacionado con la selección
natural. Aunque existe hace ya unos veinte años, hasta ahora
no ha sido utilizado completamente. Es la teoría de los memes.
Una historia breve del meme del meme
En 1976, Richard Dawkins escribió el que es probablemente el
libro más popular hasta ahora sobre la evolución: El gen
egoísta. El libro le daba un nombre pegadizo a la teoría
de que la evolución procede totalmente a favor de los replicadores
egoístas. Es decir, la evolución ocurre no por el bien
de las especies, no por el bien del grupo, ni siquiera por el bien del
organismo individual. Es todo por el bien de los genes. Los genes exitosos
se propagan y aquellos que no lo son, no lo hacen. Lo demás es
todo consecuencia de este hecho.
Por supuesto, el replicador principal que Dawkins consideraba era el
gen, una unidad de información codificada en el ADN y leída
en la síntesis de proteínas. Sin embargo, al final mismo
del libro, afirma que existe otro replicante en este planeta: el meme.
El meme es una unidad de información (o instrucción conductual)
almacenada en un cerebro y transmitida por imitación de un cerebro
a otro. Dawkins daba como ejemplos: las ideas, las melodías,
las teorías científicas, las creencias religiosas, las
modas, y habilidades tales como nuevas formas de hacer una cerámica
o construir arcos arquitectónicos.
Las implicaciones de esta idea son asombrosas y Dawkins explicó
algunas de ellas en detalle. Si los memes son realmente replicadores,
se comportarán inevitablemente de manera egoísta. Es decir,
los que sean capaces de propagarse se propagarán, y los que no
lo sean, no. Por consiguiente, el mundo de las ideas, o la memosfera,
no se llenará con las ideas mejores, más verdaderas, más
esperanzadoras o útiles, sino con las ideas supervivientes. Los
memes son sólo supervivientes, como los genes.
En el proceso de sobrevivir, igual que los genes, crearán grupos
de memes de apoyo mutuo. Recuérdese las motas. En unos millones
de años empezaron a unirse en grupos, porque las que se agrupaban
sobrevivían mejor que las solitarias. Los grupos se hicieron
más grandes y mejores, y de ello evolucionó un complejo
ecosistema. En el mundo real de la biología, los genes se han
agrupado para crear enormes criaturas que entonces se aparean y perpetúan
los grupos. De manera similar, los memes pueden agruparse en los cerebros
humanos y llenar el mundo de las ideas con sus productos.
Si esta visión es correcta, entonces los memes deberían
ser capaces de evolucionar independientemente de los genes (aparte de
necesitar un cerebro). Ha habido muchos intentos de estudiar la evolución
cultural, pero la mayoría de ellos tratan implícitamente
las ideas (o memes) como subordinadas a los genes (ver, por ejemplo,
Cavalli-Sforza y Feldman, 1981; Crook, 1995; Durham, 1991; Lumsden y
Wilson, 1981). Si aceptamos que los memes son replicadores, podemos
ver que funcionan pura y simplemente por su propio interés. Claro,
en cierta medida, los memes tendrán éxito si son útiles
para sus anfitriones, pero esta no es la única forma de que un
meme sobreviva, y pronto veremos algunas consecuencias de esto.
Desde que sugirió por primera vez la idea de los memes, Dawkins
ha discutido la propagación de comportamientos tales como vestir
gorras de baseball hacia atrás (¡mis hijos acaban de volver
las suyas hacia delante de nuevo!), el uso de distintivos especiales
de ropa para identificarse las pandillas, y (más conocidamente)
el poder de las religiones. Las religiones son, de acuerdo con Dawkins
(1993), gigantes complejos de memes coadaptados, esto es, grupos de
memes que andan juntos en apoyo mutuo y por lo cual sobreviven mejor
de lo que podrían hacerlo los memes solitarios. Otros complejos
de memes incluyen: los cultos, los sistemas políticos, los sistemas
de creencia alternativa y las teorías y paradigmas científicos.
Las religiones son especiales porque se valen prácticamente de
casi todo meme-ardid clásico (lo cual es presumiblemente la razón
por la que duran tanto e infectan tantos cerebros). Piénsese
de este modo: la idea del infierno es inicialmente útil porque
el miedo al infierno refuerza el comportamiento social deseable. Ahora
añádase la idea de que los incrédulos van al infierno,
y el meme y cualquiera de sus compañeros estarán bien
protegidos. La idea de Dios es un meme de compañerismo natural,
mitigando el miedo y proporcionando confort (espurio). La propagación
del complejo de memes es apoyada por exhortaciones para convertir a
los demás y por trucos tales como el celibato sacerdotal. El
celibato es un desastre para los genes, pero ayudará a difundir
los memes, porque un monje célibe dispone de más tiempo
para promocionar su fe.
Otro truco es valorar la fe y suprimir la duda que conduce a todo niño
a hacer preguntas difíciles como ¿Dónde está
el infierno? y ¿Si Dios es tan bueno por qué
torturaron a esas personas?. Obsérvese que la ciencia (y
algunas formas del budismo) hacen lo opuesto y alientan la duda.
Finalmente, una vez has sido infectado por estos complejos de memes,
es difícil desprenderte de ellos. Si intentas desecharlos, algunos
incluso se protegen con amenazas desesperadas de muerte, excomunión,
o de que arderás por toda la eternidad en el fuego del infierno.
No debo pasarme de rosca. El punto que deseo resaltar es que estos memes
religiosos no han sobrevivido durante siglos porque sean verdaderos,
porque sean útiles para los genes o porque nos hagan felices.
De hecho, creo que son falsos y responsables de las peores miserias
de la historia humana. No, han sobrevivido porque son memes egoístas
y son capaces de sobrevivir exitosamente. No necesitan otra razón.
Cuando empiezas a pensar de este modo, se te abre una perspectiva verdaderamente
aterradora. Todos nos hemos acostumbrado a pensar en nuestros cuerpos
como organismos biológicos creados por la evolución. Pero
todavía nos gusta pensar sobre nosotros mismos como algo más.
Controlamos nuestros cuerpos, dirigimos el espectáculo, decidimos
qué ideas creemos y cuáles rechazamos. ¿Pero lo
hacemos realmente? Si pensamos en los memes egoístas, es evidente
que nuestras ideas están en nuestra cabeza porque son memes exitosos.
El filósofo americano Dan Dennett (1995) alega que una persona
es un tipo particular de animal, infectado por memes. En otras palabras,
tú y yo y todos nuestros amigos somos el producto de dos replicadores
ciegos: los genes y los memes.
Encuentro estas ideas absolutamente asombrosas. Potencialmente podríamos
ser capaces de comprender toda la vida mental en términos de
competición entre memes, igual que podemos comprender toda la
vida biológica en términos de competición entre
genes.
Lo que quiero hacer ahora, finalmente, es aplicar el concepto de la
memética a las preguntas que hice al principio: ¿De qué
nos estamos despertando y cómo lo hacemos?
¿Por qué tengo la cabeza tan llena de pensamientos?
Esta pregunta tiene una respuesta ridículamente fácil
una vez empiezas a pensar en términos meméticos. Si un
meme ha de sobrevivir, necesita ser almacenado en un cerebro humano
y propagado concretamente a más cerebros. Un meme que se oculta
profundamente en la memoria y nunca reaparece, simplemente desaparecerá.
Un meme que se distorsiona en la memoria o en la transmisión,
también desaparecerá. Para el meme, una manera simple
de asegurar su supervivencia es ser ensayado repetidamente dentro de
tu cabeza.
Consideremos dos melodías distintas. Una es difícil de
cantar, hasta cuando te la cantas a ti mismo. La otra es una tonadilla
pegadiza que casi no puedes evitar tararear. Y no paras de entonarla.
Se repite una y otra vez. La próxima vez que te apetezca cantar
en voz alta, es probable que esta melodía sea la elegida. Y si
alguien te escucha, también se le pegará. Así logra
el éxito, y por eso el mundo está tan lleno de terribles
melodías pegadizas y jingles publicitarios.
Pero existe otra consecuencia. Nuestros cerebros también se saturan
de ellos. Estos memes exitosos saltan de persona en persona, llenando
las mentes de sus anfitriones a su paso. De este modo todas nuestras
mentes se llenan más y más.
Podemos aplicar la misma lógica a otros tipos de meme. Las ideas
que dan vueltas en tu cabeza tendrán éxito. No sólo
las recordarás, sino que la próxima vez que hables con
alguien serán las ideas que tendrás presente y las propagarás.
Llegarán a esta posición porque están cargadas
de emoción, son ilusionantes, fácilmente memorables o
relevantes para tus preocupaciones actuales. No importa cómo
lo hacen. La cuestión es que los memes que consiguen ser repetidos
generalmente se impondrán sobre los que no lo logran. Cualquier
intento de vaciar la mente simplemente crea más capacidad de
procesamiento para que otros memes se agarren.
Esta simple lógica explica por qué nos es tan difícil
sentarnos y no pensar; por qué la batalla por dominar
nuestros pensamientos está condenada al fracaso.
En un sentido muy real no son en absoluto nuestros pensamientos.
Resultan ser simplemente los memes que explotan exitosamente nuestra
maquinaria cerebral en este momento.
Esto suscita la difícil pregunta de quién está
pensando o no pensando. ¿Quién batallará contra
los memes egoístas? En otras palabras, ¿quién soy
yo?
¿Quién soy yo?
Supongo que a estas alturas sospecháis la que va a ser mi respuesta
a todo esto. No somos más que complejos de memes coadaptados.
Nosotros, nuestros preciosos y míticos yo, son sencillamente
grupos de memes egoístas que se han juntado por y para sí
mismos.
Esta es una idea verdaderamente asombrosa, y desde mi propia experiencia,
cuanto mejor se comprende, más fascinante y extraña parece.
Desmantela nuestra forma ordinaria de pensar sobre nosotros mismos y
suscita curiosas preguntas sobre la relación entre nosotros y
nuestras ideas. Para comprenderlo necesitamos pensar sobre cómo
y por qué los memes se juntan en grupos.
Igual que sucede con las motas o los genes, los memes en grupo están
mejor protegidos que los memes que van a su bola. Una idea firmemente
incrustada en un complejo de memes tiene más probabilidad de
sobrevivir en la memosfera que una idea aislada. Esto puede ser así
porque las ideas dentro de grupos de memes son traspasadas conjuntamente
(por ejemplo cuando alguien se convierte a una fe, teoría o credo
político), obtienen apoyo mutuo (por ejemplo, si odias la economía
de libre mercado es más probable que favorezcas un estado del
bienestar generoso), y se protegen entre sí contra la destrucción.
Si no lo hicieran, no perdurarían y no estarían entre
nosotros. ¡Todos los complejos de memes que nos encontramos son
los exitosos!
Como la religión, la astrología es un complejo memético
exitoso. La idea de que los leo se llevan bien con los acuario es improbable
que sobreviva por sí misma, pero como parte de la astrología
es fácil de recordar y de propagar. La astrología tiene
un evidente atractivo que entra en tu cerebro en primer lugar, proporciona
una agradable (aunque espuria) explicación de las diferencias
humanas y un cómodo (aunque falso) sentido de previsibilidad.
Es fácilmente ampliable (¡puedes continuar añadiendo
nuevas ideas eternamente!) y es altamente resistente a ser invalidada
por la evidencia. De hecho, los resultados de cientos de experimentos
demuestran que las afirmaciones de la astrología son falsas,
si bien esto aparentemente no ha reducido un ápice la creencia
en ella (Dean, Mather y Nelly, 1996). Claramente, una vez que crees
en la astrología es trabajo difícil desarraigar todas
las creencias y encontrar alternativas. Puede no valer la pena el esfuerzo.
Por tanto, todos nos convertimos en anfitriones inconscientes de un
enorme bagaje de complejos meméticos inútiles e incluso
perjudiciales.
Uno de estos es mi yo.
¿Por qué digo que el yo es un complejo de memes? Porque
funciona del mismo modo que otros complejos de memes. Como ocurre con
la astrología, la idea del yo tiene una buena razón
inicial para verse instalada. Una vez se instala, los memes incluidos
en el complejo se apoyan mutuamente, pueden seguir añadiéndose
casi infinitamente y el complejo entero es resistente a la evidencia
de que es falso.
Primero, la idea del yo tiene que aparecer. Imagínese una criatura
altamente social e inteligente sin lenguaje. Necesitará un sentido
del yo para predecir el comportamiento de los demás (Humphrey,
1986) y para saber cómo bregar con la propiedad, la decepción,
las amistades y las alianzas (Crook, 1980). Con este sentido claro del
yo podrá saber que su hija está siendo acosada por una
mujer de rango superior y tomará medidas para protegerla, aunque
carezca del lenguaje para pensar creo que mi hija tiene miedo
etc.. Es con el lenguaje cuando los memes se disparan, y con el
lenguaje aparece el auténtico yo. Muchos memes sencillos
pueden entonces juntarse para crear mis creencias, deseos
y opiniones.
Como ejemplo, consideremos la idea de las diferencias de habilidad basadas
en el género. Como idea abstracta (o meme aislado), es improbable
que perdure. Pero démosle esta forma: Creo en la igualdad
de género, y de repente tiene de apoyo el enorme peso del
yo. Yo lucharé por esta idea como si
estuviera siendo amenazada. Podré discutir con amigos, escribir
artículos de opinión o participar en manifestaciones.
El meme está seguro dentro del refugio del yo, incluso
contra toda evidencia. Mis ideas están protegidas.
Entonces empiezan a proliferar. Las ideas que pueden introducirse en
el yo, es decir, ser mis ideas, o mis opiniones,
son ganadoras. Por eso todos adquirimos tantas. Antes de darnos cuenta,
nosotros somos un inmenso conglomerado de memes exitosos.
Por supuesto, no hay ningún yo que tiene
las opiniones. Esto es obviamente un sinsentido cuando lo consideras
con claridad. Es verdad que existe un cuerpo que dice Creo que
es importante ser agradable con la gente y un cuerpo que es (o
no es) agradable con la gente, pero no hay adicionalmente un yo
que tenga esa creencia.
Ahora tenemos una idea radicalmente nueva de quién somos. No
somos más que conglomerados temporales de ideas, agrupados para
asegurar su propia protección. La analogía con nuestros
cuerpos es estrecha. Los cuerpos son creaciones de complejos temporales
de genes: aunque cada uno de nosotros es único, los propios genes
proceden todos de criaturas anteriores, y si nos reproducimos perdurarán
en criaturas futuras. Nuestras mentes son creaciones de complejos temporales
de memes: aunque cada uno de nosotros es único, los propios memes
proceden todos de criaturas anteriores y, si hablamos, escribimos y
nos comunicamos, perdurarán en criaturas futuras. Eso es todo.
El problema es que no lo vemos de esta manera. Creemos realmente que
hay alguien dentro de nosotros que cree, y que realmente hay alguien
que necesita ser protegido. Esta es la ilusión, este es el sueño
del meme del que podemos despertar.
Desmantelando el sueño del meme
Conozco dos sistemas que son capaces de desmantelar los complejos meméticos
(aunque estoy segura de que hay otros). Estos sistemas son, por supuesto,
también memes, pero son, si lo prefieres, memes desinfectantes,
memes comedores de memes, o complejos meméticos que destruyen
complejos meméticos. Estos dos son la ciencia y el zen.
La ciencia trabaja de esta forma debido a sus ideales de la verdad y
la búsqueda de la evidencia. No siempre se mantiene a la altura
de estos ideales, pero en principio es capaz de destruir cualquier falso
complejo memético poniéndolo a prueba, demandando verificación
o diseñando un experimento.
El zen también hace esto, aunque los métodos son completamente
diferentes. En el entrenamiento zen cada concepto es sometido a escrutinio,
nada permanece sin investigar, incluso el yo que realiza la investigación
es expuesto a la luz y cuestionado. ¿Quién eres
tú?.
Después de 15 años de práctica zen, y mientras
leía Los tres pilares del zen, de Philip Kapleau, comencé
a trabajar con el koan ¿Quién
?. La experiencia
fue muy interesante y puedo compararla perfectamente con el acto de
observar un meme desmontando otros memes. Todo pensamiento que surgió
durante la meditación fue enfrentado con ¿Quién
está pensando eso? o ¿Quién está
viendo esto? o ¿Quién está sintiendo
eso?, o simplemente ¿Quién
?. Ver
al falso yo como un vasto complejo memético me pareció
útil, ya que es mucho más fácil abandonar a los
memes transitorios que desprenderse de un yo real, sólido y permanente.
Es más fácil permitir que el triturador de memes haga
su trabajo si comprendes que lo que está haciendo es desmantelar
memes.
Otro koan mío cayó ante los memes. Pregunta: ¿Quién
te dirige?. Respuesta: Los memes, por supuesto. Esta
no es simplemente una respuesta intelectual, sino un modo de verte a
ti mismo como una construcción temporalmente pasajera. La pregunta
se disuelve cuando tanto el yo como el que dirige son considerados memes.
He tenido que dar muchas vueltas para responder a mis propias preguntas,
pero espero que ahora puedan comprender mis respuestas. ¿De
qué debemos despertar?: Del sueño del meme,
claro. ¿Y cómo?: Viendo que es
un sueño memético.
¿Quién permite que el desmantelador de memes siga su curso?
¿Quién se despierta cuando el sueño memético
queda completamente desmantelado? Ah, esa sí que es una buena
pregunta.
Referencias
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Evolution: A quantitative approach. Princeton NJ, Princeton University
Press.
Churchland, P.S. y Sejnowski, T.J. (1992) The Computational Brain. Cambridge,
Mass. MIT Press.
Crook, J.H. (1980) The Evolution of Human Consciousness. Oxford, Clarendon
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Crook, J.H. (1995) Psychological processes in cultural and genetic coevolution.
En Survival and Religion: Biological Evolution and Cultural Change.
Ed. E. Jones y V. Reynolds. Londres, Wiley, 45-110.
Darwin, C. (1859) On the Origin of Species by Means of Natural Selection.
London, Murray.
Dawkins, R. (1976) The Selfish Gene, Oxford University Press.
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Ed. B. Dahlbom, Oxford, Blackwell. 13-27.
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Dean, G., Mather, A. y Kelly, I.W. (1996) Astrology. In The Encyclopedia
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Dennett, D.C. (1991) Consciousness Explained. Londres, Little, Brown
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Dennett, D. (1995) Darwins Dangerous Idea, Londres, Penguin.
Durham, W.H. (1991) Coevolution: Genes, culture and human diversity.
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Humphrey, N. (1986) The Inner Eye London, Faber and Faber.
Kapleau, P. (1965) The Three Pillars of Zen. John Weatherhill (y Doubleday,
1989).
Lumsden, C.T. y Wilson, E.O. (1981) Genes, Mind and Culture: The Co-evolutionary
Process. Cambridge, Mass., Harvard University Press.
Más info: http://www.susanblackmore.co.uk
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