

Muchas de las tradiciones espirituales hablan de la existencia de una energía universal, de una energía vital, que constituye la fuente de toda vida y que fluye por todas las formas y materias, sean animadas o inanimadas. La tradición china la denomina Chi, la cábala de la tradición judía la denomina Luz astral, la tradición de la India Prana, y en occidente la llamamos Campo Energético Universal. El aura es la parte del campo energético universal relacionada con el cuerpo humano. Está formada por diferentes capas que rodean el cuerpo físico y lo penetran, cada una vibrando a una frecuencia más alta a medida que se alejan del cuerpo. La tradición espiritual de la India nos enseña cómo se comunica el prana universal con nuestro cuerpo aural y con nuestro cuerpo físico a través de unos centros energéticos a los que denomina chakras.
Chakra, en sánscrito, significa rueda, círculo, movimiento Se reconoce la existencia de siete chakras mayores o principales, veintiún chakras menores y otros más pequeños que podrían corresponder a los puntos de acupuntura; aunque en los textos antiguos se menciona un número muy elevado de chakras, lo que nos induce a pensar que cada célula de nuestro cuerpo es capaz de recibir, transformar y transmitir la energía universal o sutil. Los siete chakras mayores se sitúan a lo largo de la columna vertebral, conectados desde su raíz al nadi principal, llamado sushumna, y luego se abren en forma de embudo hacia todas las capas del aura. Nadi, en sánscrito, significa canal, vena, y el conjunto de los nadis forma una red energética que permite la circulación de la energía por el cuerpo. Los chakras tienen forma de torbellinos que giran absorbiendo la energía universal. Su misión es procesar esa energía y transmitirla a las diferentes capas del aura y a la red de nadis. Desde aquí, la información pasará al sistema nervioso, a las glándulas del sistema endocrino y, por último, a la sangre para nutrir el cuerpo.
Además, los chakras nos permiten desarrollar diferentes aspectos de la autoconciencia, ya que cada uno está relacionado con unas funciones psicológicas. Simbólicamente, la tradición los representa como flores de loto, con un número de pétalos concreto y un color determinado. El número de pétalos significa las diferentes frecuencias básicas de energía que puede procesar ese chakra, y su color viene determinado por la frecuencia de giro de los torbellinos. Y cada uno lleva asociada una deidad específica, un sonido o mantra (bija) y un elemento de la naturaleza representado mediante una figura geométrica (yantra). Por último, cada chakra está relacionado con una glándula endocrina, unas zonas del cuerpo, unos órganos y un sentido...
CHAKRA ANAHATA (imagen)
Anahata significa El no golpeado (el que no puede ser dañado) Situado a la altura del corazón, hacia la cuarta vértebra dorsal, está representado por doce pétalos de color verde. Se asocia al elemento aire, y toma forma de dos triángulos superpuestos, uno dirigido hacia arriba y otro hacia abajo, formando una estrella de seis puntas de color gris verdoso. Está asociado además con el sentido del tacto, el mantra YAM, y piedras como la esmeralda, la turmalina, el jade y el cuarzo rosa. La glándula endocrina con la que se relaciona es el timo; y las partes del cuerpo: los pulmones, el corazón, los brazos y las manos. Este chakra nos permite tomar conciencia del amor incondicional, la compasión y el contacto. Nos enseña que ese amor empieza por uno mismo, a través de la aceptación y el respeto de lo que se es en este momento, para seguir avanzando en nuestro crecimiento personal. Nos permite entender que unido al amor está la libertad para que cada persona decida cómo llevar adelante su crecimiento personal. Nos muestra que la necesidad y el apego no es amor y que los celos sólo son una manifestación de nuestra propia inseguridad. Nos invita a comprobar que el contacto, desde este espacio del corazón, siempre es sanador. El equilibrio de este chakra nos proporciona alegría, generosidad, paz, armonía, equilibrio, ternura y afecto. Responsabilizarnos de nuestra vida en este chakra nos conducirá a desarrollar el amante que llevamos dentro, a querernos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea desde la alegría, incluso en los tiempos más difíciles, rompiendo las barreras y muros que edificamos para no sentirnos vulnerables ante el dolor de antiguas heridas.
Extracto del artículo publicado en Dharma 4.
