revista dharma

Arte y (r)evolución

Por Florence Cats



“Es necesario que la pequeña vendedora de cerillas busque en primer lugar el calor, pero no es el caso en el cuento. Ella prueba en lugar de vender sus cerillas su fuente de calor”.1Una tensión nos divide, tenaz, desgarra una angustia que se desata sobre el hilo. Y el funámbulo se equilibra en la inestabilidad del movimiento. Porque si la sangre no circula, nos consumimos a fuego frío.

Más allá de los modelos, que al posar se descomponen, resulta que el plan evoluciona según los avatares de la trayectoria personal marcada de encuentros. Porque es el intercambio el que abre un espacio de paso para el espíritu nómada.

El alma nómada descubre, explora, se aventura en las profundidades de las capas que se absorben, se trasvasan, se interpenetran…

Y mientras que el espíritu curioso planifica por estratos el paisaje de sus experiencias, el estudiante toma a menudo esta cartografía, y sin cavar su propio surco, vuela sobre las líneas, eficaz movilidad que conduce hasta las salidas del mercado.

Y, si busca apropiarse una porción de territorio, selecciona un perímetro y cava, cava, cava… para extraer una muestra: parcela de tierra a cultivar en el interior de la cual se vuelve sedentario para, un día, reivindicar su derecho a la propiedad.
Mientras tanto, el agua fluye más allá de los afluentes de la búsqueda… y los viajeros están sedientos.

“El edificio del saber no corresponde a una pirámide elaborada por maestros y eruditos, sino a un caldo de cosmos donde las partículas se enriquecen de sus fricciones”.2

El errar de los médiums favorece un cierto nomadismo porque ninguna pretensión limita el viaje a la hipotética destinación de su maestría. En este caso, el “artista” es nómada y el “artesano” sedentario. Y si la “artista” de la “libertad de expresión” siente cuatro palabras como cuatro muros que la circunscriben, ¡rechazará las fronteras antes de tener que pagar las tasas!

Tabicar las disciplinas limita sus campos de aplicación a los desvíos de sus definiciones. “Artista” o “crítico” o “intelectual”. Rechacemos estas etiquetas y no pongamos el trabajo requerido. “Un” artista y “un” crítico y “un” intelectual; con el “y” todo es relativo; y el “un” no pertenece a nadie, sólo sirve de referencia para aquellos que necesitan ver, porque ya no saben mirar.

Sin embargo, toda definición es portadora tanto de apoyo como de palanca: a los artesanos, los sedentarios, de encontrar una base tangible sobre la cual descansar; a los futuros3 artistas, los nómadas, de apoyarse para tomar impulso.

“Las palabras de hoy no son las de antes. Yo creo en la herencia del pensamiento como un fondo biológico propio a la especie humana. Evolución”.4


… y Revolución
¿Arte?


Arte-borescencia: raíces, tronco, ramajes.

Naturaleza del lenguaje: etimología, definición, concepto.

Concepto vehículo de una Historia. Historia de un pensamiento que brota. De brotes que echan a volar, deponen y se exponen: representaciones… después se descomponen pasada la temporada: reciclajes.5

El arte es Creación. Y Crear viene del latín creare, que significa “dar existencia, dar vida, realizar (algo que todavía no existe) ”. O sea, una propiedad de lo vivo.

Vivo: suma de seres dotados de transformaciones, de la bacteria al hombre, conjunto enredado en un nudo de relaciones estrechas o distendidas, liada cada parte al todo dentro de una dinámica siempre renovada.

Lo vivo es ese ritmo eterno de una creación que se crea y se recrea.

Todo, como vivir y morir, respira la transformación, crear y recrear se dirige hacia la evolución en un proceso de metamorfosis; se nutre de los desechos para deslizarse en el devenir que se imagina, el arte renueva todavía y siempre su dinámica. Toda tentativa de definición es por lo tanto inestable, incluso absurda, porque el arte se disuelve en el Todo-y-cambia.


Las certezas abortan los posibles

Es a través de un filtro (a cada civilización su filtro) que la existencia se percibe como la realidad (a cada civilización su realidad). Y es sobre la base de esta realidad que se concibe la verdad sobre la cual se fundará todo sistema de creencias (a cada civilización su sistema de creencias).

“Todo modo de gestión depende de los fundamentos sobre los cuales están instaladas nuestras creencias. Toda una política se desprende de este modo de gestión”. 6

Cada civilización se construye sobre una manera de pensar, una estructura que, como marco de vida, elabora un arte de vivir, un modo de exploración, una brújula, una guía de viaje para visitar la morada del arquetipo para el cual edificará una estructura.

Tradición de las estructuras: la tradición fecunda la relación del individuo con la existencia.

Pero, muy a menudo, en el curso del tiempo, el porqué del cómo se pierde y la confusión se instala. Inestabilidad. Vértigo. El extraviado busca así indicaciones a las cuales pueda agarrarse, un marco tranquilizador y apretado del cual fiarse “para dormir en paz con su alma”.

Ilusión de serenidad. Insomnios, de-presiones (de las presiones).

La vida se repliega, el amor pierde confianza, la confusión ahueca.

La arquitectura se endurece. La percepción se tabica. El filtro se opaca.


Entonces, si el arte tiene esa propiedad de salir de un marco teórico para tocar al observador en los fundamentos de sus automatismos tradicionales, en estas tierras salvajes sin arquitectura donde vive (todavía y siempre) el arquetipo, en ese caso, el arte nos arrastra por el fallo del muro.

La estructura del pensamiento occidental se construye a partir de antagonismos. Puede explicarse biológicamente por la desincronización de los dos hemisferios cerebrales, lo mismo que ocurre con nuestro concepto de la dualidad. Y, mientras que las culturas que practican lo que nosotros llamamos “trance”, es decir, la sincronización de los dos hemisferios cerebrales, evolucionan en sí en la idea de una totalidad cosmológica, la cultura occidental, con su razonamiento racional, erige esquemas.

La manera en que concebimos el mundo tiene una consecuencia directa sobre la manera en que lo cuidamos.

Al erigir el esquema Cultura/ Naturaleza, la cultura occidental se disocia de la naturaleza, se desnaturaliza. (¡Vía internet se conecta hasta el otro lado del planeta del cual se desconecta!). ¿No entramos en crisis con la armonía del ecosistema, desarraigados, desligados de la tradición de lo vivo, fuera de su ciclo natural?

“El sentimiento de pertenencia al mundo no podría coincidir con el deseo de dominarlo”.7

Esta disociación separa, desune, secciona, delimita fronteras en lugar de promover el conjunto que nos une. Y este conjunto vacío de separaciones forma un Todo que se obtiene en el intercambio. Porque cada elemento constituye un eslabón de la cadena, para el funcionamento del sistema, un relevo de pasaje.

Así, sectarizar las diversas actividades de un conjunto vuelve a descomponerlo y desemboca en el aislamiento de cada elemento, de modo que la diversidad que compone el conjunto pierde el lazo que le da la razón de ser (tumor y/o tú mueres).
Ese Todo (poco importa el contorno que lo rodea) es lo esencial: esencia que interpela los caminos (las intenciones) para relacionarse. A través de la creatividad, los sentidos (los caminos) pueden encarnar ese potencial de Todo en cada uno. Es una posibilidad para el individuo de explorar la energía que le une al conjunto del que forma parte.

Y, si el soporte institucional somete al individuo para concentrar el conjunto en beneficio de un emblema, en lugar de canalizarlo, ¿no debería animarlo a ser un catalizador?

Hoy el valor monetario se emparienta con la energía del cuerpo social: el dinero motoriza a cada empresa y a cada individuo en el seno del órgano que lo moviliza. Ganar dinero = adquirir energía. Trabajar = invertir energía para ganar dinero (como medio, el fin siendo relativo a cada uno). En ese ecosistema («eco» de economía) donde la vida se alimenta a través de un regulador común: el dinero, el hombre occidental vive dependiente de él para sobrevivir y mantenerse conectado al circuito: así contribuye a la circulación del cuerpo social y por el dinero se le une de nuevo. De modo que es el dinero, garante de la circulación entre los diversos elementos, el que mide el valor de los componentes para regular la composición del conjunto.


“(…) la localización, la comprensión de los mecanismos que relacionan a los seres entre sí, pero ¿también la explotación de todos o parte de sus componentes puede considerarse un medio para salvar la diversidad?”.8

La economía es el nuevo “Todo” que solidariza a los seres atomizados. Regula socialmente el “arte de vivir”, estructurando el cuerpo social a imagen del espacio público que lo encarna. El poder económico del capital es meramente representativo, la mercancía es el espectáculo, se trivializa, hace de nuestras vidas una apuesta espectacular que busca un provecho subyacente. Com-prar para reembolsar lo que invierten, consumir lo que producen, hacer funcionar la máquina en un provecho que se alimenta del beneficio. Y el arte en provecho del mercado sirve de emblema; la publicidad publica en la ciudad su proposición de un arte de vivir: comprar su vida en lugar de inventarla, consumirla en lugar de crearla. Ingerirla sin cocer nada a fuego lento, ¡ es la receta del mercado !

Un mercado parsimoniosamente regulador de la diversidad, ¿la protege o la amenaza? El espacio público es asediado por eslóganes comerciales y marcas de fábrica que imponen un modelo estandarizado hasta infiltrar el espacio privado con los medios masivos. Espacios visuales y espacios sonoros están saturados. Firmados: multinacionales. A partir de ahí, el espacio público no pertenece ni a todos ni a nadie, porque hoy la libertad de expresión tiene un precio.

Frente a la política del control, el arte debe rechazar sin cesar los límites, velar por mantener abierto el espacio de lo posible –y el espacio de su propia condición debe movilizar todo el espacio vital. Porque cerradas demasiado tiempo, de forma duradera, las puertas de la libertad corren el peligro de confundirse con muros, y de que las llaves pertenezcan a los guardianes del orden. Sin embargo, lejos de poner orden en el caos, intentar devolver caos al orden, a la estructura establecida, la que cuaja, congela, satura… Entonces el arte, como ejemplo de una presión que agrieta, cavaría la brecha por donde pasaría el soplo, soplo vital, aeración, circulación, renovación.

Como proyecto significante, el arte en cada uno, para cada uno y por cada uno, podría volver a dar sentido a la vida de todos. Y si el trabajo da sentido a la vida, entonces creemos cada uno nuestro trabajo para inventar nuestras vidas.

“El mundo no se contentaba con ser fabuloso: se organizaba (…) Cada especie abría su propio camino (…) Cada uno inventaba su vida”.9

¿Acaso no es una facultad propia del arte, de la creatividad, “abrir caminos”? El creador participa así en el devenir de su medio ambiente. Pertenece al mundo.

¿Y si el arte entrara en nuestras vidas con el fin de que el nuevo arte de vivir fuese el de crear su propia vida?

NOTAS:
1. Women who run with wolves, Clarissa Pinkola Estés.
2. La Sagesse du Jardinier (La sabiduría del jardinero),
Gilles Clément (p. 86).
3. Por hallarse en el movimiento de una transformación.
4. Ibid (p. 87).
5. ... y las memorias fermentan bajo tierra, y las abejas liban,
y el polen se propaga, y…
6. La Sagesse du Jardinier, Gilles Clément (p. 63-64).
7. Ibid (p. 64).
8. Ibid (p. 78).
9. Ibid (p. 27).








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