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Tiempos de autoobservación



Por Ángel Martínez

La humanidad ha avanzado, lenta pero progresivamente, hacia una ampliación de su consciencia.

En este caminar se han producido logros, que han sido indicadores de que el proceso de avance no ha cesado, a pesar de que ha sido a través de un camino más o menos doloroso.

En la actualidad, ese proceso se ha acelerado de forma sorprendentemente vertiginosa.

Las tradiciones y los seres de consciencia de distintos pueblos, ya nos indicaron que asistiríamos a situaciones y cambios sorprendentes en estos momentos tan excepcionales. Señalaron que en el tramo final de este recorrido, la vibración sutil se elevaría intensamente a nivel individual y planetario.

Más allá de estas afirmaciones, es interesante observar lo que sucede a nuestro alrededor, a nivel cotidiano, de forma individual y planetaria.

El mundo político vive crisis cada vez mas agudizadas, y el desencanto que produce es cada vez mayor. La participación política del ciudadano de a pie, se limita a emitir un voto, tras campañas vacías en las que los grupos o personas que supuestamente serán nuestros representantes, dedican gran parte de su energía a argumentar y luchar por mantenerse en el poder. Sus palabras han perdido el sentido de la verdad. Sus actuaciones, cuando llegan al poder, nos van llevando en muchas ocasiones a situaciones desastrosas y a una desilusión progresiva, que nos empuja a anhelar con más intensidad una justicia y un equilibrio que alcance a todos. El ansia de control burdamente enmascarado y la danza del poder se vuelven tan descaradas que son evidentes y ofensivas hasta para las mentes más sencillas. Sus protagonistas no se percatan de que corren hacia el final de su danza, ya que toda esta situación no es sino el trampolín que permite el aceleramiento y la amplificación de una toma de consciencia colectiva, que rechaza dicha situación. La observación de este espectáculo se convierte, por otra parte, en un proceso de transformación personal ya que nos refleja el juego de poder en nuestros actos cotidianos de la vida, que como granos de arena van colaborando en la creación de lo que criticamos y rechazamos. Y así, el espectáculo político apoya la velocidad de basculación hacia una humanidad cada vez más consciente y sensible.

En el aspecto religioso es curioso ver la amplificación de una consciencia trascendente, ante tantas situaciones de incomprensión y malestar que genera el dogmatismo amordazante de las grandes tradiciones. La entrega ciega de muchos ha dado lugar a un gran poder en unos pocos, generando una vergonzosa manipulación, en el papel de intermediarios, del ser humano que busca su esencia o ser. El camino interno hacia uno mismo, es un derecho y una necesidad personal e intransferible. La usurpación de ese derecho mediante dogmas, imposiciones, manipulaciones, ceremonias alienantes, deformaciones de hechos históricos, engaños..., es la gran traición al anhelo innato más profundo e íntimo de todo ser. Al igual que en la política, la vivencia y observación de todos estos hechos, nos refleja nuestros propios juegos de poder; nuestro personal intento de dominio en lo sutil, en lo familiar, con nuestras amistades, en lo profesional, en la vida cotidiana, y así nos ayuda a comprender nuestra personal forma de hacer. Esa toma de conciencia nos permite dar pasos hacia un despertar más amplio, que nos haga bascular hacia un mayor autoconocimiento individual y grupal, así como una trascendencia más elevada.

Al contemplar el actual enfoque de la economía observamos un ansia incontenible de acumular más y más, por parte de unas pocas manos, aun a costa del inmenso sufrimiento de muchos. Vemos frías decisiones que hunden países, o que son indiferentes a la muerte de millones de seres. Decisiones que atan de por vida a multitud de familias mediante préstamos despiadados. Y acumulan y acumulan. Al contemplar las consecuencias de tanta ambición, igualmente podemos ver el reflejo de nuestra propia ambición. Esta comprensión nos permite avanzar en el entendimiento de que nuestra ambición personal está presente en muchos de nuestros actos cotidianos, que gota a gota van incrementando ese mar de codicia que censuramos. Así, lentamente, se afina nuestra sensibilidad y se incrementa nuestra conciencia, permitiéndonos avanzar hacia el rechazo cada vez más masivo de esa situación.

La guerra es un impresionante imperio económico, instrumento desalmado para reforzar el poder de quien ya lo tiene, aun a costa de tanto dolor. La observación equilibrada de ese terrible desgarro humano, puede ayudarnos a observar el reflejo de nuestras propias guerras personales, en lo interno, en lo familiar, en lo cotidiano... que nos empeñamos en alimentar a pesar del sufrimiento que nos producen, y que ineludiblemente está engrosando las causas de esa gran tragedia externa.

Los fármacos antivida, ese inmenso imperio económico, que se sustenta en gran parte sobre enorme sufrimiento, dificultan caminos más armoniosos y alternativos de curación en armonía con la naturaleza y con la propia vida. En lo profundo nos refleja nuestra irresponsabilidad al pretender solucionar de forma rápida e inconsciente las consecuencias de una forma de vivir de desarmonía mediante alimentaciones inadecuadas, excesos, falta de actividad física, desequilibrios emocionales, la carencia de una medicina preventiva, las tensiones y la velocidad cotidiana.

La degradación progresiva de nuestro entorno, con el envenenamiento de nuestra madre tierra y el sufrimiento de tantas especies, incluida la humana. Criticamos a las grandes industrias, determinadas decisiones públicas, las contaminaciones desmedidas, las deforestaciones.... ¿y nuestros pequeños actos de irresponsabilidad contaminadora cotidiana, que desde el inconsciente acto individual apoya el social?



La comunicación al servicio del poder con una información que no es ni veraz, ni útil, ni completa. Una información convertida, en casi todas las ocasiones, en excelente instrumento de manipulación.

Una forma de hacer que nos refleja nuestra propia forma de jugar con los datos que tenemos usándolos para nuestro interés.

La ciencia, que ha mirado hacia lo externo alejando al humano de su esencia y que en tantas ocasiones se ha puesto al lado de los egos de la guerra, del poder o la economía, felizmente ahora empieza a converger con los místicos. Una forma de hacer que nos muestra cómo miramos hacia fuera alejándonos de la visión interna, de nuestro anhelo de comprender una realidad más profunda y trascendente.

La enseñanza ha creado personas útiles al sistema mediante la especialización, en vez de educar hacia la amplia visión permitiendo que cada persona manifieste lo que es y no lo que se quiere que sea. Una educación que nos refleja cómo nuestros actos unidireccionales nos impiden tener una visión global.

El ocio, embrutecedor y adormecedor junto con el deporte, como espectáculo de torpe atontamiento es una forma de divertirnos que nos refleja nuestra torpeza personal al dejarnos llevar inconscientemente a pesar de la insatisfacción que nos produce, en vez de expandirnos de forma más enriquecedora.

El propio sistema está encarnado en cada uno de nosotros y que reproducimos en cada uno de nuestros actos como un perfecto holograma. El mismo sistema nos ha inoculado la persecución del sueño de “ser como los poderosos”. El mismo que nos empuja a delegar nuestras responsabilidades en el plácido abandono de “que los demás hagan por mí” permitiendo así que unos pocos se “encarguen”. El mismo sistema que todos hemos creados juntos, y que ahora somos.

La observación de cuanto acontece a nuestro alrededor puede reflejarnos cantidad de aspectos personales que tanto criticamos fuera de nosotros. Cada cual puede escuchar el eco de sus actos que rebota en los demás según lo que su proceso personal de evolución necesita. El juego es tan variado y sorprendente que permite multitud de observaciones y comprensiones. Es la “gran Escuela” que en estos intensos momentos hace repaso global antes del paso de curso.

Éste es el punto en el que nos encontramos.

Un punto límite, en el que los dos caminos: el de conciencia y el de sufrimiento, se muestran como únicas vías para ayudarnos a la elevación de nivel, vibración, dimensión o como quiera llamársele.

Consciencia que aumenta nuestro campo de percepción, sensibilidad, comprensión... y nos permite entre otros objetivos apoyar la consecución de la felicidad de todos los seres.

Sufrimiento que permitirá aumentar igualmente la conciencia mediante el dolor; o bien, si no conseguimos elevarla, volver a repetir un nuevo ciclo de este juego de ilusión en el que estamos sumergidos.

Gran parte de la humanidad dará el salto, elevando su vibración de una u otra forma; otra, repetirá curso en esta confusión de dualidad que vivimos.

En todo caso, he aquí, que nos encontramos jugando, los momentos finales de una gran partida, en la que aquello que nos parece tan doloroso, incomprensible, punible, pudiera ser el gran trampolín hacia el cambio, hacia la elevación de consciencia.

Bajo esta perspectiva, ¿quién puede juzgar a esta persona cuyos actos me parecen dictatoriales, prepotentes o injustos? Quizás, eso que no entendemos, no es sino el perfecto instrumento para la basculación, al llevar las situaciones hacia extremos insostenibles. Quizás sea el sistema más adecuado, frente a la dureza y el empecinamiento del humano, que se niega a dar el paso del poder al amor, para permitirle así, por hastío, “saltar” a un nivel superior.

¿Quién puede enjuiciar a nadie, cuando desconocemos sus razones e igualmente desconocemos el plan global más allá de nuestra compresión?

Este rápido vistazo hacia lo que pasa a nuestro alrededor no pretende en modo alguno la indiferencia ante tanto enrevesamiento y desaguisado; sino contrariamente, la implicación plena en este fascinante momento de cambio.

Vivimos momentos excepcionales en los que grandes contradicciones y pequeñas comprensiones se multiplican como los fuegos de artificio en su apoteosis final.

Esas intensas vivencias nos llevan, ineludiblemente a convulsiones que, por consciencia o por sufrimiento, harán despertar a millones de seres.

La escuela planetaria “Tierra” eleva su vibración separando cada vez con más rotundidad la cizaña del trigo.

Los abismos entre la luz y la oscuridad día a día son más gigantescos.

Los aztecas decían que: éste es el tiempo del no tiempo, en el que los contrastes serán más y más acusados; donde la elevación de vibración será más fuerte diferenciando más las dos polaridades; donde el intenso sol, hará en lo individual y en lo colectivo más acusadas las sombras. Igualmente decían que pasaríamos por el gran salón de los espejos, en el que los demás nos permitirían ver el reflejo de lo que necesitamos pulir y mejorar en nuestro interior.

Son momentos en los que el pequeño brillo de cada corazón, exteriorizado, puede ayudar a muchos. Puede ayudar a ver que hay luz en todos los corazones y esto nos animará a buscar y mostrar nuestros propios brillos. Cuantos más seamos en este intento, más fácil será este preludio de salto hacia un nivel más pleno.

Es el momento de mostrar con orgullo nuestra luz. Muchos necesitan verla. Esa luz está en todos anhelante por exteriorizarse, pero hay dudas y miedo.

El pequeño gesto; esa ayuda a otro; esa justa reivindicación; ese momento de silencio meditativo; ese no-enjuiciamiento; ese intento de comprensión; ese mirar hacia dentro intentando ver mis responsabilidades; ese intento de conciencia profundizando más en mi mundo interno, descubriendo las maravillas que duermen en mi interior; ese silencio... esa flexibilidad... sólo eso nos permitirá bascular como humanidad hacia un estado distinto.

Tiempos de dar el paso hacia el superhombre, hacia el hijo del hombre, hacia un nivel superior.

Tiempos de intensidad acelerada, donde las grandes estructuras y sistemas generales entran en crisis, donde la esperanza está en la juventud de nuestros corazones y en la de una generación que viene, con una mente mucho más abierta y capaz de plantear alternativas totalmente inesperadas y sorprendentes que basculen esta realidad en otra, y que no pare de realizar transformaciones hasta lograr que ni un solo ser sufra.

Gran oportunidad de vivir nuestras pequeñas iluminaciones y nuestros fracasos, fundiéndose armoniosamente en un proceso de avance hacia la disolución de la dualidad, de la división, del juicio, del amor-odio,… para finalmente comprender que somos unidad; que todos, cada uno, somos tanto a nivel individual como grupal, uno.


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