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Alimentos:
Nuestros mejores aliados
en el camino espiritual

Por Mª Rosa Casal

Según la Ley de la Recapitulación, durante los nueve meses de vida intrauterina, el ser humano atraviesa los 2.800 millones de años de vida del planeta Tierra, integrando todas las formas de vida que han aparecido en él y le han precedido para llegar, en un auténtico maratón evolutivo a la condición humana.

De la Conciencia Mineral: Extrae lo necesario para formar sus huesos, uñas, dientes y todas sus estructuras duras.

De la Conciencia Vegetal: Las vellosidades intestinales, el pelo y el vello que cubre y protege su piel.

De la Conciencia Animal: Los microorganismos y bacterias que en el aparato digestivo hacen posible ese laboratorio dónde los alimentos se transforman en sangre, músculos, huesos…

De estos tres niveles de conciencia básica para nosotros, vamos a dedicar especial atención al primer nivel. El que aprovechamos para formar nuestra estructura ósea.

Pertenece al tipo de tejido más sólido, y forma –dentro del vientre de la madre– el bastidor de base, donde la vida irá ordenando todas las células, tejidos, órganos y glándulas hasta poder manifestarse a sí misma en la condición humana.

Se podría decir que los huesos representan esa “primera intención” de venir a encarnarnos a esta dimensión. En ellos guardamos las memorias de todo lo vivido, incluso desde antes de nacer, en el vientre materno.

En la visión de la medicina energética, la herencia recibida de nuestros antepasados es guardada por el elemento agua, y custodiada por los riñones y los huesos.

Ellos representan nuestras raíces y son el hilo que nos une con nuestros antepasados, no sólo con los familiares, sino con todos los antepasados hasta llegar a esos minerales concentrados en el mar primigenio, gracias a los cuales, pudo surgir la vida tal y como la conocemos, en las distintas formas vegetales, animales…

Este tipo de energía agua, que reside principalmente en los riñones y en los huesos, es también importante en un camino espiritual, en el que vamos profundizando en la verdadera naturaleza.

El elemento agua es ese “hilo” que nos conecta con nuestra raíz y nos une con todo cuanto existe.

Según la tradición taoísta, cuando el yin y el yang se separan y pierden su unidad original, comienzan a manifestarse en todos y cada uno de los fenómenos. Y cuando estas dos energías primordiales se proyectan en el cuerpo físico, aparecen los órganos vitales, de la mano de los cinco elementos, fruto de la relación entre el yin y el yang.

Estos cinco órganos vitales que son: corazón, bazo-páncreas, pulmones, riñones e hígado, además de realizar las funciones orgánicas necesarias para el cuerpo, influyen en las emociones y en el psiquismo.



Los riñones junto con los huesos, son un punto clave en el camino, si están fuertes permiten “enderezar” fácilmente la columna y la vida. Nos facilitan de alguna manera, sentir la presencia y el apoyo de la madre, de la dimensión femenina y conectar con el inconsciente con suavidad y fluidez, dos cualidades esenciales del elemento agua.

De igual modo la energía del corazón, el fuego de la vida, la dimensión del padre, la luz que ilumina la conciencia, es fundamental en este proceso. Recordemos que todos los maestros espirituales de todos los tiempos han insistido tanto en el amor y la compasión, cualidades del corazón, como los frutos más evidentes de una “buena cosecha espiritual”.

Nuestros huesos poseen una estructura cristalina que los convierte en verdaderas antenas que absorben y canalizan las energías del Cielo –la dimensión de la luz y de la autoconciencia– y las energías de la Tierra – que nutren y regeneran el cuerpo-.

Son auténticos conductores que transportan la esencia de la vida, el Chi o el Prana o como cada uno lo quiera llamar. Es importante recordar que en la médula ósea es dónde fabricamos las células madre de la sangre.

El niño está alineado perfectamente, desde el punto de vista estructural, con una postura vertical, que permite que todos sus huesos realicen su función de antenas, tanto celestes como terrestres, conectando el Cielo y la Tierra.



Esta condición le ayuda a consolidar un cuerpo fuerte y sano y a crecer con la energía ascendente de la madre Tierra, que absorbe a través de la planta de los pies y el hueso sacro. Y que implica también a los riñones.

Una vez desarrollado el cuerpo, la conciencia sigue necesitando todas estas estructuras para seguir “creciendo” hasta descubrir su verdadero ser.

Cuando los riñones están debilitados energéticamente, además de aparecer cantidad de síntomas en el plano físico, dan lugar a un estado emocional muy pobre, de miedo, que a su vez nutrirá otras emociones igual de densas, con predisposición a estancarse y quedarse para siempre con nosotros.

A esta persona le falta fluidez, desapego, cualidades propias de los riñones.

Habrá más dificultad para moverse con serenidad y paz. Y sobre todo, por la influencia que tienen los riñones sobre el corazón, éste se sentirá agitado y tenso, y la mente será pensada por multitud de pensamientos incesantes, gastando enormes cantidades de oxígeno, produciendo un gran cansancio e impidiendo nuestra “escucha silenciosa” que es desde donde nos habla nuestro verdadero ser.

Para poder escucharle, hemos de disponernos al silencio.

Esta disponibilidad va acompañada de un alto nivel de frecuencia vibratoria. El silencio crea espacio interior (Akasha), y la persona, así, puede empezar a saborear algo de su verdadera naturaleza.

Porque nuestros órganos vitales influyen tanto en nuestros pensamientos, percepciones y emociones es por lo que debemos ocuparnos de ellos lo suficiente como para facilitar nuestro regreso al verdadero hogar.

Además de nuestra práctica diaria –e intensiva a veces– es conveniente repasar nuestras costumbres de vida y ensayar hábitos que ayuden, de forma especial, a los riñones y al corazón.



Nos interesa evitar o disminuir la ingesta de:
Alcohol.
Bebidas industriales y frías.
Café y todos los estimulantes.
Azúcar rápido.
Leche y todos los productos lácteos.
Exceso de proteína animal.

Nos interesa consumir más cantidad de:
Cereales integrales en grano y biológicos.
Legumbres (en pequeñas cantidades, pero casi a diario)
Verduras y frutas de estación, cocinadas de diferentes formas.
Semillas y frutos secos.
Algas marinas (en pequeñas cantidades)
Sopas o cremas (a diario)

A continuación veremos un menú ideal para fortalecer el elemento agua y la energía de los riñones, al igual que la energía fuego y el corazón:

Sopa de miso
Alcaliniza la sangre, lo que nos da un alto nivel de frecuencia vibratoria y espacio interior.

Judías azuki con calabaza
Potencia los riñones y da vitalidad serena y relaja la agitación del corazón.

Arroz integral con gomashio o semillas tostadas
Aporta una potente energía y nos concentra con nuestro “centro”. Recoge toda la atención hacia el interior.

Compota de manzana con kuzú
Da dulzura de buena calidad, y con el kuzú se refuerzan los intestinos y con ellos el hara, que es nuestro centro de gravedad.

Para terminar un recordatorio útil: La palabra viene del corazón, el silencio de los riñones.

Necesitamos mucho su ayuda, porque “solo cuando el ser humano calla habla de Dios”.

Que tengamos un buen viaje en nuestro camino.

Mª Rosa Casal
Instructora Taoísta de la escuela
“I Ching Dao”
Directora y Profesora de Escuela de Vida
Escuela de Nutrición y Cocina Macrobiótica

www.escueladevida.es


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