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Alimentos terapéuticos



Por Loli Curto

LA IMPORTANCIA DE LA DIETA EQUILIBRADA
¿Qué pretendemos al proponer una dieta mejor, más energética y equilibrada? Bien sencillo: disfrutar de una vida más larga y llena de experiencias creativas en la que las adversidades se conviertan en situaciones estimulantes para nuestro desarrollo personal ayudándonos a despertar nuestra conciencia sin alterar nuestro equilibrio. Actualmente se habla de "estar en forma" y se pretende conseguirlo atacando de manera exterior el problema, recurriendo a la cirugía, al ejercicio físico agotador, que sobrecarga los músculos, o bien a las monodietas pobres de sustancias imprescindibles o las dietas con grandes carencias, que pueden hacer adelgazar mientras se repriman las necesidades pero enseguida se vuelve a engordar, etc.

Así, castigando duramente el cuerpo se pretende conseguir un estado de felicidad duradero. Es como pretender que el coche se ponga en marcha empujándolo sin poner gasolina. Por el momento, en Occidente aún no se relacionan los alimentos con las emociones o los pensamientos (estado de ánimo en general).

Tampoco con las enfermedades. No es extraño oír casos de gente con problemas de vesícula (incluso habiéndosela extirpado) que dice: "Yo puedo comer de todo, el médico no me ha prohibido nada". Y dicha persona sufre constantes estados de malestar, sin que se relacione la causa con el síntoma. Nadie puede comer de todo. No existe especie animal alguna que ingiera alimentos que no pertenezcan a su cadena alimenticia. Debemos hablar de unos hábitos alimenticios adecuados para cada especie, incluida la humana. Sin embargo, con tanta variedad de ideas, ponemos nuestra salud en manos de la industria alimenticia, cuyo objetivo es vender productos masivamente basándose en frases publicitarias absurdas sin tener en cuenta los efectos. Se oyen atrocidades dietéticas y nutricionales en la publicidad (toma esto para estar en forma, lo otro para estar sano...).

Cualquier anuncio nos estimula a comprar sin conocimiento del tema, y no nos ponemos de acuerdo en cuáles son los alimentos que ejercen efectos beneficiosos sobre nuestra mente y nuestro organismo. Damos por hecho que los anuncios se basan en las recomendaciones de un profesional de la medicina, y en realidad se fundamentan en criterios de marketing, que son los que marcan las pautas de alimentación que seguimos ciegamente. La selección alimenticia no solo debe tener en cuenta nuestro cuerpo físico, sino también el etérico (cuerpo energético), que, en definitiva, es el encargado de activar y vitalizar el cuerpo físico. El etérico, formado por campos electromagnéticos, reacciona ante las energías que nos llegan del cosmos en forma de radiaciones y partículas, así como las de la propia tierra. Estos campos recargan o reparan nuestra energía. Sus irregularidades y alteraciones son la primera causa de nuestras enfermedades.

LA ALQUIMIA DE LOS ALIMENTOS
Tratar de curar solo el cuerpo físico, tal y como pretenden algunas disciplinas modernas, es pretender que las hojas de un árbol vivan sin el tronco ni las raíces. Debemos alimentar el cuerpo, el alma y el espíritu a la vez y, evidentemente, no consumen el mismo tipo de sustancias ni energías. El cuerpo físico consume elementos químicos de procedencia orgánica, por el contrario el alma se alimenta de energía electromagnética y el espíritu de vibraciones cósmicas.

Los alimentos deberían cubrir todas nuestras necesidades físicas y espirituales, para ello es necesario que contengan los tres niveles en sí mismos. Y, además, que sepamos manipularlos transformándolos correctamente para facilitar la absorción de las sustancias y de las energías sin cansar nuestro organismo. En este espacio de Dharma presentamos los alimentos como seres vivos que interactúan con nosotros y nuestro organismo, moviéndose dinámicamente en todas direcciones (hacia arriba, hacia abajo, hacia el interior, exterior, hacia el centro, en la periferia, en el interior de un órgano...

Si tenemos en cuenta que las sustancias recorren los diferentes circuitos internos (a través de los órganos) y la periferia de nuestro cuerpo (a través de los meridianos), podemos comprender cómo con los alimentos podemos transformar nuestra energía en positivo (curación) y en negativo (enfermedad), cambiando nuestras cadenas alimenticias, el Ph de nuestra sangre y, por consiguiente, nuestra energía vital. Los alimentos provocan sensaciones y reacciones que sin ser conscientes nos obligan a manifestarlas y exteriorizarlas, aunque desconozcamos su origen y procedencia. Nuestra percepción de lo que nos rodea cambia con cualquier clase de adicción.

Reaccionamos a los alimentos inmediatamente: positiva o negativamente, aunque sea un acto mecánico e inconsciente. Igual que no nos hacemos conscientes de los procesos digestivos que reparten sustancias hacia el hígado, páncreas, vesícula... ni del proceso de absorción a través del intestino, ni de las sustancias que arrastra nuestra sangre y un largo etcétera, tampoco nos hacemos conscientes de la renovación celular, de la respiración, del movimiento de contracción del corazón, de los sonidos de baja frecuencia que nuestro oído capta... Y no por ello dejan de existir, siguen su curso de forma automática sin que nuestra mente consciente intervenga. Los alimentos que comemos se encuentran cargados magnéticamente de la energía de la tierra del lugar donde han crecido.

Es el caso de los vegetales. Y de la vibración cósmica que impregna ese lugar. Actualmente cuando compramos un alimento nos regimos por su aspecto, color, tamaño y textura, pero no percibimos su energía. La mayoría de veces los alimentos nos llegan muy manipulados y procesados con sustancias adulterantes (colorantes, conservantes, potenciadores del sabor...). Esto repercute directamente en la energía vital, tan necesaria para nutrir nuestro cuerpo energético. Hasta tal punto que muchos alimentos que adquirimos en el mercado, por hallarse congelados, en conserva, recogidos mucho antes de su maduración y troceados hasta perder su savia, en el caso de los vegetales, han perdido prácticamente toda su energía.

LA INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS ENERGETIZANTES
Paralelamente a esta desvirtualización de los alimentos se ha creado una macroindustria que intenta vendernos todo aquello que en los procesos de manipulación se le ha restado a los alimentos, por un lado se refinan y se empobrecen y por otro lado nos venden sustancias químicas que intentan compensar esas carencias. La mayoría compramos complejos vitamínicos que refuerzan nuestros estados de agotamiento, sustancias para estimular nuestro estado de ánimo y métodos que intentan ponernos en forma mediante ejercicios, algunas veces extenuantes.

Si tenemos en cuenta el gran valor energético de los alimentos, y cómo los transformaremos en pura energía en nuestro cuerpo, buscaremos alimentos de primera mano sin manipulación, lo cual no significa que no consumamos alimentos preparados correctamente. Para conseguir eficazmente este incremento de energía en nuestra vida a través de los alimentos debemos dedicar una parte de nuestro tiempo a la preparación de los mismos. Esta parte es la que menos nos gusta, pero nos recompensa infinitamente, ya que si sabemos preparar los alimentos de la forma más energética y adecuada para nuestra salud nos mantendremos sanos y cuando no sea así nos resultará fácil volver a restablecernos sin necesidad de aportaciones extras ni de sustancias químicas.

La cocina es el segundo laboratorio donde sabiamente prepararemos los alimentos que nos ayudarán a sentirnos sanos y felices. El primero es la boca junto con el estómago. No tiene sentido comprar o adquirir alimentos de gran calidad y engullirlos sin más sin tener en cuenta el campo electromagnético que se forma en la boca, junto con la saliva, en la masticación. Es el primer estadio de la digestión. Podemos conseguir que un alimento pobre y desvirtualizado se convierta en rico y energetizante si el proceso lo realizamos adecuadamente. Así el mínimo de veces que debemos masticar para transformar y mezclar las sustancias en la boca es de 60 veces por bocado. Se puede masticar hasta 400. Recordemos la célebre frase: "Bebe los sólidos y mastica los líquidos".


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